La trampa del corto plazo

Sin una visión y políticas de largo plazo, no hay posibilidad de construir un futuro social y económico sustentable

 

Por Fernando Amador Agra Director de la Licenciatura en Economía (UCES)

 

La tasa de inflación no cede al ritmo que sería deseable. La política monetaria no coordina las expectativas inflacionarias. El crecimiento del PIB no impresiona suficiente para recuperar el PIB per capita. El ajuste fiscal no se implementa a la velocidad necesaria. Si bien se redujo la pobreza, esta volverá a subir. Y podría seguir nombrando más cuestionamientos que a diario se leen y escuchan en medios de información. Todos tienen una parte de verdad y otro tanto de polémica. Las proporciones varían de acuerdo al ojo del observador.

 

Como suele expresar el profesor Juan Carlos de Pablo, la política económica no se implementa en el vacío: es contexto dependiente. El escenario político, social y las condiciones iniciales establecen restricciones al hacedor de política económica. No es nuevo, cualquier estudiante de economía que esté promediando la carrera será consciente de estas limitaciones. En paralelo, corren las ansiedades sociales y los justos reclamos de la población a la espera de que las condiciones individuales y colectivas mejoren.

 

Por otro lado, nos enfrentamos con el natural aprendizaje a gobernar, ya no desde la teoría, sino en el resbaladizo terreno de la vida real. Se aprende haciendo: con errores y aciertos; con avances y retrocesos. A la suma de los factores comentados, se agrega el hecho, no menor, que la sociedad y economía argentinas padecen de enormes déficits sociales y sufrieron diversas frustraciones a través del tiempo. La ansiedad de concretar el catch up en forma inmediata conspira contra el objetivo de alcanzarlo.

 

Estamos atrapados en la trampa del corto plazo. Bajo esta ansiedad social resulta difícil esperar el largo plazo. No siempre lo deseado o necesario se puede implementar inmediatamente sin correr el riesgo de que las restricciones sociales y políticas que estén operativas, terminen generando resultados no esperados, negativos y dificultando aún más el logro de un objetivo.

 

La velocidad de implementación de una política o una reforma necesaria, no resulta ser exógena sino que más bien es endógena y el adecuado timing de su concreción es uno de los desafíos que enfrenta el hacedor de política. Es el difícil equilibrio entre el corto y el largo plazo: administrar las carencias inmediatas sin perder de vista un horizonte más extenso.

 

Sin una visión y políticas de largo plazo, no hay posibilidad de construir un futuro social y económico sustentable.

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