La térmica difiere de la temperatura

Si el país crece en 2018, tal como se espera, la percepción social mejorará sin necesidad de discursos grandilocuentes del Gobierno

 

Por Guido Lorenzo ACM

 

Los datos que surgieron de las Cuentas Nacionales arrojaron, finalmente, que la economía se aceleró durante el último trimestre del 2017, una situación muy distinta a la del EMAE, que mostraba que el año cerraba con un crecimiento del 0,2% trimestre versus trimestre. Finalmente, se tradujo en 1% , mostrando una actividad más dinámica que en los trimestres anteriores. Esto deja un arrastre estadístico de 1,2 punto para el año en curso.

 

Quizás la sensación térmica era peor que la temperatura y llevó al gabinete económico, dirigido por el Poder Ejecutivo, a tomar decisiones apresuradas en cuanto a la forma en comunicar el cambio de metas de inflación, algo que debería haberse hecho tiempo atrás como lo hemos resaltado varias veces distintos economistas desde principios de 2017. La cuestión de por qué la sensación térmica podía diferir de la temperatura es la percepción en materia de inflación. La misma se siente en forma continua mientras que la actividad y el empleo lo sufren con mucha más dureza y de manera mucho más dramática sólo una fracción de la población, inferior a la que tiene empleo.

 

Se podrá pensar que tampoco el nivel de actividad entusiasma, pero se vio una recuperación en 14 de los 15 sectores del EMAE de enero y la actividad sigue tocando nuevos máximos. Cabe preguntarse si estamos frente a un cambio de tendencia o a un simple rebote cíclico de la actividad. La tendencia de crecimiento en economía es un concepto no observable. Es una estimación y, de hecho, a principios de los 70’ algunos economistas prefirieron hablar de fluctuaciones económicas más que de ciclo y tendencia, concepto que le calza mejor a la macroeconomía argentina que no deja estimar una tendencia de crecimiento definida.

 

Más allá de estas discusiones (cambio de tendencia, fluctuaciones o rebote cíclico), lo que preocupa es cómo sigue la historia. Un dólar administrado pondrá un paño frío sobre la inflación de los próximos meses, o al menos le hará contrapeso a los aumentos de precios regulados. A medida que las negociaciones salariales se vayan pactando, el salario real se recompondrá y posiblemente se derrame sobre la demanda de bienes y servicios.

 

El problema aquí es si el dólar en un nivel aún bajo será perjudicial para que la demanda se oriente al mercado interno. Un tipo de cambio más alto termina repercutiendo en el salario en dólares y, vía pasaje a precios del tipo de cambio, en el salario real. Un peso apreciado termina conteniendo la inflación haciendo ganar poder de compra al salario pero el atraso se evidencia en el saldo negativo de la balanza comercial de bienes y servicios reales. Habrá que ver qué y quien toma esta decisión.

 

No obstante, además de la sequía, que en nuestra visión podría deteriorar la proyección de crecimiento en hasta 0,7 punto, dejando un saldo de crecimiento de 2,8% desde la proyección oficial del presupuesto de 3,5%, ese número no es nada despreciable. Las proyecciones acerca de la marcha de la economía brasileña siguen acrecentándose no sólo para este año sino también para 2019, y hoy ya se acercan al 3%. Superiores al consenso que había al momento en que se realizó el Presupuesto 2018. Por otro lado, las exportaciones de manufacturas de origen industrial empiezan a despegar y, si bien no tienen el dinamismo que al país le gustaría, será otro de los puntos a seguir en el crecimiento.

 

Por el lado de la oferta, la importación de bienes de capital y piezas y accesorios que se produjo durante 2017 debería empezar a generar mayor oferta doméstica, al menos para no generar excesos de demanda y cuellos de botella que no permitan mantener el dato de crecimiento con signo positivo.

 

No creemos que la economía vaya a crecer más allá del 2,8% con la información que se tiene hasta el momento. No obstante, un crecimiento de 2,8% nos dejaría en un nuevo máximo histórico, aunque la elevada tasa neta de natalidad sumada a la tasa neta de inmigración harán que el país aún no llegue a su nivel máximo de PIB per capita de 2011. Pasadas las paritarias el clima social puede recuperarse de la mano de salarios nuevos. Los datos de la recaudación acumulada a marzo y las mejoras en las proyecciones en términos de actividad por parte de privados auguran un primer trimestre con un ritmo de crecimiento que no se desacelera.

 

No es solo el contenido de lo que sucede en política y economía, sino la forma en que esta se expresa y se materializa, y en un sistema presidencialista donde el cabinet parece haber tomado un rol preponderante, quizás sea momento de ajustar la comunicación y tratar de mostrar que las aguas en este océano están calmas para el resto del año, lo que no implica dejar de trabajar, tampoco en transmitir mensajes hiperoptimistas sino, simplemente, dejar que la sociedad pueda hacer un diagnóstico de lo que le está sucediendo sin que le muestren números que no pueden contrastar fácilmente con su entorno. Si el país crece otro año, la percepción sin dudas mejorará y sin necesidad, incluso, de tener que hacer anuncios grandilocuentes. Así, el humor social se acercará a la realidad económica.

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