La soja bajo estrés

La irrupción del “complejo sojero” entre el núcleo de los aranceles de China obliga a Argentina a observar este conflicto

 

Por Eduardo R. Ablin Embajador

 

El conflicto entre Estados Unidos y la República Popular China (RPC) amenaza convertirse en una “guerra comercial”. Al primer anticipo del Gobierno de Donald Trump de aranceles punitorios sobre productos de la RPC por hasta U$S 60.000 millones –a partir de alegaciones de robo de propiedad intelectual enmarcadas en una investigación bajo la Sección 301 de la Ley de Comercio– así como persiguiendo una reducción del déficit comercial bilateral de U$S 375.000 millones, siguió una reacción moderada por parte china. Respondía en rigor a aranceles previos de EE.UU. a la importación de acero y aluminio, invocando una salvaguardia sustentada en argumentos de “seguridad nacional”, e incluyó contramedidas sobre carne porcina, frutas y caños de acero –entre otros– por U$S 3.000 millones. A su vez, el Gobierno de Trump anticipaba restricciones a las inversiones chinas en empresas estadounidenses mientras las autoridades chinas no descartaban medidas de retorsión en el sector de servicios, superavitario para EE.UU.

 

La compilación por la Oficina del Representante del Comercio Exterior (USTR) de 1.300 productos (por U$S 50.000 millones) a ser objeto de aranceles del 25% impulsó a la RPC a ejercer una retaliación simétrica, registrando 106 productos entre las principales colocaciones de EE.UU. (aeronáutica, vehículos, productos farmacéuticos), especialmente focalizada en las habas (porotos o granos) de soja –principal producto de exportación a China, por valor de U$S 14.000 millones–, Dado que el proceso en EE.UU. prevé audiencias públicas y comentarios al listado que postergan las decisiones hasta concluir mayo, la RPC señaló que sus medidas seguirán el ritmo de la contraparte. En este contexto, el presidente Trump instruyó al USTR evaluar si las acciones de la RPC ameritan la aplicación de medidas punitivas adicionales por U$S 100.000 millones en el marco de la Sección 301 de la Ley de Comercio. Si ante tal eventualidad la RPC volviera a responder simétricamente, el total de importaciones desde EE.UU. (U$S 130.000 millones) quedaría comprometido. Ambos actores anticipan múltiples acciones ante la Organización Mundial del Comercio (OMC), aunque la incertidumbre del calendario de implementación de las medidas impide discernir si prevén negociar durante el mismo o si una “guerra comercial” se ha desatado.

 

La irrupción del “complejo sojero” entre el núcleo de las medidas chinas obliga inevitablemente a Argentina –por su carácter de gran actor internacional del sector– a observar este conflicto intensamente, requiriendo dilucidar si se limitará a la campaña 2018 o podría prolongarse en el tiempo. El boicot cerealero del presidente Jim Carter a la entonces Unión Soviética (URSS) por su intervención en Afganistán, al cual Argentina tuvo la lucidez de no adherir, brindó oportunamente sustantivos beneficios para el sector externo.

 

La campaña 2017/18 parece mantener a la RPC como principal importador de granos de soja –el 60% del total comercializado mundialmente– con 100 millones de toneladas (tons, en adelante) , demanda destinada a alimentar 50% del ganado porcino mundial (en torno 650 millones cabezas). La producción doméstica alcanza apenas 14 millones de tons, al continuar favoreciéndose el cultivo de maíz. Así, las importaciones de granos de soja se destinan en su totalidad a abastecer al sobredimensionado sector de molienda, promovido desde comienzos de siglo con el objeto de satisfacer el creciente consumo doméstico de carnes resultante del incremento de ingresos y las tendencias propias de la dieta urbana. El desarrollo altamente subsidiado de la industria procesadora –que importa 85-90% de su materia prima– permitió cumplir el objetivo de convertir localmente proteínas vegetales en animales, alcanzando la capacidad de molienda local 150 millones de tons anuales (contra 105 millones en EE.UU. y Argentina, respectivamente).

 

Un arancel del 25% sobre el principal proveedor de habas de soja –EE.UU., con 33 millones de tons o 34% de las importaciones chinas– dará lugar a transformaciones en todo el complejo sojero, ante la necesidad china de sustituir importaciones desde otros orígenes. Brasil y EE.UU. concentran 80% de la oferta mundial de habas de soja, valuada en torno de U$S 50.000 millones por lo que el principal beneficiado será Brasil, único país capaz por su enorme cosecha (114 millones de ton.) de cubrir parcialmente la mercancía estadounidense faltante. Ya provee 51 millones de tons o 53% de la demanda china, habiendo superado a EE.UU. en el mercado de la RPC desde 2012 sobre la base de una mejor relación precio-proteína de sus granos, hasta cubrir 70% de la molienda china, pudiendo ampliar sus colocaciones a 60 millones de ton. Argentina también podría tal vez contribuir a cerrar la brecha aportando cerca de 7 millones de tons. Sin embargo, la magra cosecha 2017/2018 -consecuencia de la gravísima sequía sufrida (estimada en 38 millones de tons, o 30% por debajo de la campaña precedente)- difícilmente pudiera incrementar su oferta sin desabastecer la molienda local de harinas y aceite, así como del biodiesel resultante de su posterior procesamiento, por lo que probablemente nuestro país prefiera inhibir la exportación de su stock.

 

Dado que el arancel no se aplicará a los subproductos, la demanda china de harinas –que creció 8-12% anualmente durante los últimos cinco años– ascendería en 2017/18 a 74 millones de tons, pudiendo presumirse que la cotización de las habas de soja tienda a descender en EE.UU. mientras la prima para las del Hemisferio Sur se incremente. Contrariamente, el margen de la molienda en EE.UU. y Argentina podría tender a crecer ante menores precios de la materia prima, mejorando eventualmente la situación de los procesadores de harinas proteicas en ambos países. En caso de persistir a mediano plazo el arancel chino cabría preguntarse si la RPC estaría dispuesta a reemplazar la soja faltante por la provisión de harinas y aceites de los cuales nuestro país es el primer exportador mundial. La harina de soja constituye el principal producto de exportación argentina y concentra un tercio de las exportaciones del complejo sojero, a su vez una tercera parte de las colocaciones externas totales. La incógnita es si la RPC aceptará reducir la actividad de su enorme sector procesador importando harina de soja, ante la carencia de suficientes granos disponibles a nivel mundial.

 

Las opiniones vertidas son de exclusiva responsabilidad del autor y no comprometen a la institución en la cual se desempeña

Te puede interesar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *