La mujer rural, por primera vez en el G20

El bajo nivel de otorgamiento de créditos y los escasos estándares de seguridad laboral son las principales barreras

 

Las mujeres que residen en ámbitos rurales tienen menos acceso que los hombres a los recursos productivos, a los servicios y las oportunidades. Sin embargo, la problemática de la mujer rural es la primera vez que llega a la agenda del G20. “Aunque se han tratado temas ligados con la producción de alimentos, la condición de las mujeres rurales no ha sido tenida en cuenta en otras reuniones, lo cual llama la atención si se entiende que ellas son las responsables del 40% de la producción de alimentos del mundo”, señaló Victoria Marenssi, directora de Asuntos Institucionales del Women 20 (W20), en diálogo con El Economista.

 

Según comentó, este año, bajo la presidencia argentina, país con una raíz muy fuerte en las actividades rurales, y en total sintonía con las agendas internacionales, se decidió incorporar el eje desarrollo rural y demostrar como los otros tres ejes que aborda el W20 (inclusión digital, inclusión financiera, inclusión laboral) impactan de manera positiva sobre la población rural y multiplican las posibilidades de desarrollo. “Si las cifras sobre la posibilidad de desarrollo de las mujeres urbanas son bajas y preocupan, cuando miramos hacia las mujeres alejadas de la urbe las estadísticas se desploman, y la problemática, se profundiza”, advirtió Marenssi.

 

El debate

 

La discusión sobre las mujeres rurales en el W20, se da principalmente alrededor del derecho de acceso a la tierra, a la tecnología, a medios de capacitación, a infraestructura y a financiación, entre otros. “Actualmente se calcula que existen 1.600.000 millones de mujeres campesinas en el mundo, pero sólo el 2% de la tierra es propiedad de ellas y reciben únicamente el 1% de todo el crédito para la agricultura”, así lo manifestó Marenssi al momento de describir la situación. En este contexto, la tierra se convierte en uno de los principales activos de la población, ya que es la que proporciona alimento para el hogar, para el ganado, y para su venta. La tierra es el principal elemento usado como colateral al pedir un préstamo bancario, y no poseer tierra supone una gran desventaja. Según Marenssi, en esta situación se encuentran multitudes de mujeres, que, por leyes escritas o costumbres populares, se les prohíbe poseer y heredar tierras. Al respecto, explicó: “Las mujeres rurales son en algún punto la suma de múltiples exclusiones, y es por eso que trabajar sobre las barreras para el desarrollo y sobre generación de propuestas para promocionar su crecimiento, supone un trabajo de visibilización de una población que no está siendo atendida”.

 

La apuesta del W20

 

De acuerdo a lo informado por Marenssi, los países del G20 presentan realidades muy diferentes tanto en lo que se refiere a sus problemáticas de género como rurales, por lo cual, el equipo del W20 se ha enfocado en algunas barreras que son denominador común, como el bajo nivel de otorgamiento de créditos a las mujeres rurales y los bajos estándares de seguridad que rodean el trabajo de las mujeres en la ruralidad. Sobre el primer punto, Marenssi destacó que las propuestas son integrales y requieren de trabajo previo ligado a la condición de formalidad del trabajo realizado por las mujeres. La segunda barrera, se pretende abordar con la promoción de ámbitos de trabajo seguros y legales, para asegurar que las mujeres rurales, quienes en su generalidad realizan trabajos fuera del sistema formal, pueda acceder a los beneficios del trabajo formal y no aumenten su marginalidad. Las propuestas se presentarán formalmente en octubre.

 

Agroempresarias

 

A principios de mes, Marianne, la asociación de mujeres francoargentinas junto con el W20 organizó el evento denominado “Mejor con Ellas. La Mujer en el agro hoy y hacia adelante”, durante el cual se reveló que apenas el 5% de las mujeres llega a puestos jerárquicos en el sector agroindustrial. Otro de los datos relevantes que se dieron a conocer en el encuentro, es que las dos principales barreras que impiden el acceso a los puestos de decisión en la cadena agroindustrial son: priorizar la familia y la maternidad, seguidos por la falta de movilidad y de formación. En sentido, Marenssi, comentó que el tema de la mujer en los puestos de decisión en el sector agroindustrial se trabaja mucho a nivel local junto con Marianne, pero en el ámbito del G20, aclaró que es un temática que queda perdida, porque la problemática de la mujer rural no está ligada a los puestos de decisión, sino a la falencia de estructura y a la exclusión en término financieros. “Con el resto de los países trabajamos las problemáticas de las mujeres en puestos de decisión en empresas a nivel general, en otros países las mujeres ni siquiera llegan disputarse un puesto de decisión en el agro”, resaltó.

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