¿La inflación va rumbo a 25%?

Una suba del IPC entre 2% y 2,5% para marzo arrojaría para el 1T una inflación promedio mensual entre 2,1% y 2,2%, superior a la del cuarto trimestre del año pasado (2%), a la del tercero (1,7%) y a la del segundo (1,8%)

BCRA lebac vencimiento

 

Por Héctor Rubini Instituto de Investigación en Ciencias Económicas de la USAL

 

Hoy por la tarde, el Indec dará a conocer la inflación de marzo. Las expectativas generales son de una suba entre 2% y 2,5%. Bajo esta hipótesis, en el primer trimestre de este año el IPC Nacional cerrará con un aumento acumulado entre 6,3% y 6,8%. Abril acusaría el impacto de la suba de gas natural, combustibles, peajes y transportes, y la inflación será igual o mayor a la de marzo, y en apenas 4 meses se habrá superado la mitad de la meta de inflación oficial para todo el año.

 

¿Está desacelerándose la inflación? En la realidad no se observa evidencia convincente al respecto. La suba del IPC Nacional entre 2% y 2,5% para marzo arrojaría para el primer trimestre del año una inflación promedio mensual entre 2,1% y 2,2%, superior a la del cuarto trimestre del año pasado (2%), a la del tercero (1,7%) y a la del segundo (1,8%).

 

Las perspectivas para el futuro obligarán al Gobierno a reconsiderar algunos aspectos de la estrategia seguida respecto de esta dinámica. Si el punto de referencia es la meta de 15% anunciada el pasado 28 de diciembre, la misma luce poco factible. Si en marzo la inflación cerrara en 2%, alcanzar dicha meta exigirá para los 9 meses restantes del año el IPC aumente 0,875% por mes. Si el incremento en marzo fuera de 2,5%, la inflación mensual máxima mensual coherente con la meta de 15% no debería superar el 0,82%. Cifras nada factibles para el resto del 2018 Si la inflación de abril resultara ser (siendo optimistas) 2%, en los ocho meses restantes la inflación promedio mensual no debería superar al 0,65%-0,74% mensual.

 

Las citadas hipótesis no parecen ser nada factibles. En junio podría registrarse una nueva suba de combustibles y costos de transporte, y el segundo semestre del año el horizonte no va a ser tan calmo. Dada la suba de precios y costos del primer semestre, es inevitable una nueva ronda de subas en medicina prepaga, televisión por cable, celulares, alimentos frescos, cuotas de colegios privados, peajes, fletes y alquileres, entre otros. Aun suponiendo un dólar relativamente quieto, será inevitable una nueva ronda de subas de tarifas públicas para electricidad, gas y agua. Ergo, el segundo semestre asoma con una inflación mensual promedio difícilmente por debajo del 1,84% promedio mensual del segundo semestre de 2017.

 

Supongamos otro ejercicio de imaginación voluntarista: una inflación mensual de 2% en marzo y en abril, con 1,8% mensual para el período mayo-julio. Esto conduce a una inflación acumulada de 14,4% para los primeros siete meses del año. La meta oficial para todo el año se superaría en agosto con una inflación de apenas 0,5%. Por consiguiente, tampoco se podría esperar una inflación a 15% en los primeros 8 meses del año. El ajuste salarial compensatorio de la mayoría de los convenios laborales se efectivizará en el último trimestre de 2017, sumando una nueva fuerza que alejará a la inflación de la meta oficial. Un cálculo adicional, además muestra la fragilidad de los fundamentos de cierto optimismo naive que trasunta en estos días: si la inflación de marzo y de abril cerraran exactamente a 2% mensual, y desde mayo hasta diciembre, fuera de 1,8% mensual, y sin desvío alguno, la inflación acumulada para todo el año será de… 25,1%.

 

El BCRA, como era de esperar, mantiene sin cambios el centro del corredor de pases a 7 días en 27,25% desde fines de enero pasado, y la venta de divisas para mantener el dólar semifijo entre $20 y $21, condujo a una reducción de la base monetaria por $ 5.640 millones en todo el primer trimestre de este año ($7.446 millones en marzo). Sin embargo, el nivel de la base monetaria (saldo promedio) de marzo superó en 29,3% al de igual mes del año pasado. Esto es, la mayor variación interanual registrada desde junio del año pasado, superando en 4,9 puntos porcentuales a la de febrero.

 

En todo el período además se mantiene un sesgo “estructural”, si se quiere, de permanente exceso de demanda agregada de bienes, impulsado por el desequilibrio fiscal. Esto también se refleja en los números del BCRA: en el primer trimestre de este año emitió $ 191.440 millones con destino al Sector Público No Financiero (SPNF) vía adelantos transitorios y compra de dólares captados por el Tesoro vía deuda, mientras que por operatoria de pases y colocación de Lebac y LELIQ absorbió $ 125.542 millones del sistema financiero. La base monetaria bajó claramente vía venta de dólares y otros conceptos. Es claro que si se desea reducir el combustible monetario de este proceso inflacionario hay que reducir la emisión monetaria para financiar al Tesoro, y tener presente que el sistema financiero no pareciera tener el mismo apetito por pasivos remunerados del BCRA que en 2016 y 2017.

 

En otras palabras, si con tasas interbancarias firmes que no bajan, no se corrige el exceso de demanda impulsado por el desequilibrio fiscal, bien puede empezar a debilitarse de manera permanente la demanda de pasivos del BCRA en pesos. En ese caso el Tesoro debería dejar de vender dólares al BCRA a cambio de moneda local y cumplir el anuncio de endeudarse sólo en el país al menos hasta el año próximo. Ahora bien, ¿se mantendrían las tasas de interés constantes, o ajustarían a la suba? Y en caso afirmativo, ¿habría otra alternativa para evitar el peligro de una dolarización de carteras de inversores locales?

 

Son preguntas incómodas, pero inevitables. Esquivar el ajuste de las cuentas fiscales, y endeudarse sin límite en el exterior parecía la estrategia más cómoda para maximizar votos, pero parece acercarse a sus últimos límites. Fundamentalmente el de cambio en el comportamiento de las expectativas luego de los anuncios del pasado 28 de diciembre. Si algo se observa inequívocamente es que el “control” de expectativas sin ajuste fiscal ni monetario carece de efectividad alguna para bajar la inflación. Ergo, si la opción a seguir es la de no cambiar, lo más probable es que en lo que resta del año la inflación medida por el IPC Nacional cierre en torno del 25%, y no de la meta oficial del 15%.

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