La inflación de abril sería 2,5%

Si se confirma el dato del mes en curso, la inflación acumularía 9,3% en los primeros cuatro meses del 2018, consumiendo alrededor del 60% de la “nueva” meta de inflación de 15%

 

Por Martín Vauthier Eco Go Consultores y Maestría en Finanzas de UTDT

 

Con el aumento de 2,3% en marzo y un estimado de 2,5% para abril, la inflación acumularía 9,3% en los primeros cuatro meses del año, consumiendo alrededor del 60% de la “nueva” meta de inflación de 15% implementada sobre el cierre de 2017. Asimismo, si entre mayo y diciembre la inflación mensual excluyendo precios regulados promediara el 1,5% y se incorporaran los aumentos ya anunciados en electricidad, gas, agua y transporte para lo que resta del año, la variación del índice de precios a diciembre se ubicaría en 24,8%, el mismo porcentaje que se registró el año pasado. En este sentido, una inflación mensual en 1,5% sería muy similar a la inflación núcleo mensual en 2017, cuando el tipo de cambio registró un fuerte atraso (hasta mediados de diciembre el dólar aumentó apenas 0,9% mensual y el tipo de cambio real bilateral con el dólar cayó 8,3%) y la tasa de interés real ex ante de las Lebac promedió 6,6% anualizada, sosteniendo la demanda de pesos en un contexto de gran atractivo del carry trade.

 

Ante este panorama, el BCRA enfrenta un desafío complejo. Si bien es esperable que la inflación (general y núcleo) reduzca su ritmo a partir de mayo dado el menor impacto esperado de regulados, la magnitud de desaceleración requerida no ya para cumplir la meta de 15%, sino para mostrar alguna desinflación respecto a 2017 no resulta sencilla de alcanzar sin suponer o bien que el ancla cambiaria vuelva a operar, o bien que el BCRA recupere margen para ajustar la tasa de interés en función de la construcción de credibilidad.

 

El recurso directo al atraso cambiario a partir de mayo no probable, teniendo en cuenta que uno de los principales objetivos de la política económica en diciembre fue intentar dar algo de aire a los sectores transables y moderar el aumento en el déficit de cuenta corriente (4,8% del PIB en 2017 y un estimado de 5,5% este año) y la demanda de divisas para atesoramiento (un bruto de US$47.932 millones el año pasado), aunque el financiaciamiento de la brecha de pesos del Tesoro y las provincias mediante colocaciones de deuda que pueden suscribirse en moneda extranjera brindará margen a la política económica para intervenir ante situaciones puntuales. Por otro lado, tampoco resulta esperable un salto significativo en el sesgo contractivo de la política monetaria, con una tasa real ex ante anualizada tomando la Lebac más larga y las expectativas en el REM a doce meses que se ubica hoy en torno a 6,7%. Vale recordar que una suba de tasas, aunque sería consistente con la construcción de credibilidad del BCRA en un contexto en el cual la inflación en el margen y las expectativas se ubican lejos de las consistentes con el cumplimiento de las metas, chocaría justamente con los objetivos buscados por la política económica en la conferencia del 28 de diciembre (mejorar el tipo de cambio real e incentivar la rotación gradual de los pesos estacionados en Lebac hacia bonos en pesos del Tesoro apuntando a reducir la dependencia del financiamiento en moneda extranjera).

 

Las perspectivas

 

En resumen, la divergencia en las expectativas de inflación resulta otro “síntoma” de las dificultades para alcanzar los objetivos contrapuestos de lograr un crecimiento en la economía que permita sostener el capital político de la gestión, al tiempo que se busca corregir precios relativos (inflacionario y con impacto contractivo sobre el consumo), bajar el déficit fiscal y mantener el sendero de desinflación cuidando al mismo tiempo que el déficit de cuenta corriente “no se escape” desde los elevados niveles actuales. Si bien la ventana de financiamiento global continúa estando disponible para sostener el enfoque gradualista, la coordinación entre las distintas agendas de la política económica vuelve a resultar fundamental para alcanzar el objetivo último de corregir las distorsiones macro y microeconómicas y aumentar la tasa de crecimiento potencial de la economía para comenzar a transitar, de una vez por todas, el camino al desarrollo.

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