Interpretando las buenas noticias económicas

En el segundo semestre de 2017 los datos macroeconómicos mostraron un avance, pero sobre las base de factores distintos a los que pretendía el Gobierno

 

Por Pablo Mira Docente e investigador de la UBA

 

En el segundo semestre de 2017 varios datos macroeconómicos mostraron una mejora. La economía creció a un ritmo de casi 4% anual, con el consumo interno expandiéndose a tasas algo superiores. El componente de la demanda agregada más activo fue la inversión, que aumentó en promedio en el semestre 17% anual. Si bien la base de comparación es relativamente baja, las dos variables superaron, en términos desestacionalizados, los máximos previos.

 

En cambio, la contribución del comercio exterior al crecimiento fue negativa. La expansión del ingreso tuvo un impacto desmesurado sobre las importaciones, que en el segundo semestre saltaron casi el 20% anual, lo que implica una “elasticidad-ingreso” de las compras externas de 5, un valor que por definición no puede sostenerse demasiado en el tiempo. Las exportaciones, mientras tanto, subieron en promedio algo menos de 1,5% anual en el mismo período, mostrando un preocupante desacople respecto de las importaciones. Se ha argumentado por allí que las mayores importaciones estimulan las exportaciones, pero esto es cierto solo bajo circunstancias muy especiales, y no parece seguro descansar en ese efecto de cara al futuro. Otro dato de la balanza de pagos que todavía no despega es la Inversión Extranjera Directa, que en 2017 representó el 1,5% del PIB, una proporción no demasiado diferente dela que se observaba en los años en los que supuestamente no era del todo bienvenida.

 

Lo curioso de todos estos datos es que las buenas noticias no parecen provenir de las fuentes de crecimiento asociadas a la estrategia oficial. En primer lugar, se suponía que el consumo no debía aumentar demasiado para dar lugar a una mayor acumulación de capital. En la práctica la inversión creció, pero el espacio fue creado por el ahorro externo (el endeudamiento), y no por el ahorro local. La reacción del consumo tiene que ver con la estrategia gradualista del frente fiscal, el sostenimiento de algunas políticas sociales, la generación de empleo (en buena parte informal) y la mejora del salario real.

 

En segundo término, la estrategia de estimular las exportaciones tampoco termina de brindar los resultados que se esperaban. Por un lado, en el corto plazo la respuesta de las exportaciones agropecuarias depende de factores mucho más determinantes que las retenciones, como las condiciones climáticas y los precios internacionales. Por el otro, las manufacturas de origen industrial crecieron en el semestre a una buena tasa de 11% anual, pero las agropecuarias cayeron 3,5%. Ambas, además, se encuentran muy por debajo de sus máximos de 2011. El nivel del tipo de cambio tampoco parece constituir una señal competitiva suficiente para una estrategia de desarrollo “hacia afuera”.

 

Tercero, pese a la buena recuperación de la acumulación de capital y de su participación del PIB es difícil asignar este desempeño a la “lluvia de inversiones”, siendo que la inversión directa del exterior se eleva con timidez, y lo que realmente se distingue respecto del período previo es la inversión de cartera. La inversión observada parece originarse en la demanda interna, y se expande gracias a la buena recuperación de la construcción y la importación de maquinaria y equipo.

 

De este modo, Argentina parece estar experimentando una recuperación típica basada en el gasto interno, financiado con ahorro externo.Esto no es perjudicial de por sí, pero debe tenerse en cuenta que este tipo de expansiones suele estar amenazado por fluctuaciones potenciales no siempre sencillas de manejar, especialmente teniendo en cuenta la limitada capacidad actual de responder con políticas activas.

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