¿Cuándo llegará el segundo semestre?

No hay una ruta cierta para salir del lugar en que nos encontramos como país porque no estamos ni bien ni mal sino estancados

 

Por Diego Falcone Head Portfolio Manager de Cohen

 

El mundo durante la Guerra Fría era simple: de un lado estaban los malos, que eran los rusos (y, por lo visto, después de los envenenados en Londres, no dejan de serlo) y, del otro, los estadounidenses, que eran los buenos (aunque hoy no sabemos si lo siguen siendo). Fue una época dorada para Ronald Reagan y los republicanos: gracias al superdólar (1985 alcanzaría una cotización récord frente al marco y el yen), las importaciones se abarataron (y eso que China todavía no aparecía en el radar) y junto a una política monetaria hiperrestrictiva implementada por Paul Volcker (presidente de la Fed entre 1979-1987), le permitió al Gobierno bajar la inflación y reducir agresivamente los impuestos a los más ricos: el resultado sería uno de los períodos de mayor estabilidad y crecimiento económico de la historia de Estados Unidos. pero a costa de un fuerte aumento en la desigualdad. Bienvenidos los ‘90.

 

En ese año se estrenaba “Rocky IV”, “Rambo II”, “Volver al futuro” (y el DeLorean) y “Mad Max” (con Tina Turner y Mel Gibson), y fue el avant premiére de la caída del muro de Berlín, del Pacto de Varsovia y de la Unión Soviética. El cambio de década también implico un cambio en el lenguaje: ya no se habló más del tercer mundo (salvo en los mítines del Partido Obrero en Palermo) y se pasó a hablar de emergentes. Nuestras economías ahora se abrían después de mucho tiempo al comercio global y a las inversiones extranjeras.

 

En Argentina, con la Convertibilidad, se aspiraba a ingresar al primer mundo. Para lograrlo había que abrirse comercialmente (lo hicimos a medias), privatizar (ahí sólo faltó vender el Perito Moreno) y desregular (todo menos la política y los sindicatos, no sea cosa que de verdad queramos ser un país avanzado). Pero un buen día, por razones que no vamos a profundizar, vino el 2001 y, luego, la década “ganada” y pasamos de calentar el asiento en el Real Madrid de Los Galácticos”a jugar contra Villa Dálmine por el Nacional B: es decir, de casi del primer mundo a “país frontera” sin escalas. Otros lo hicieron mejor (Brasil, México y Perú) pero los progresos en términos de crecimiento e inflación no se tradujeron en mayor institucionalidad y, al final, cada uno de los buenos alumnos terminaron en una parálisis política de magnitud. Quedó demostrado que la receta para los emergentes no era infalible pero el Plan B propuesto por el populismo después de la experiencia de Venezuela no luce muy atractivo, hasta el amigo Kim Jong-un pidió la escupidera. Veremos.

 

Todos tienen un plan, ¿o un flan?

 

No hay una ruta cierta para salir del lugar en que nos encontramos como país, ¿por qué? Porque no estamos ni bien ni mal, sino estancados, algo así como ir siempre al mismo bodegón y pedir una milanesa con fritas: es rico y la porción abundante (aunque el hígado sea de otra opinión),¿pero no podemos aspirar a algo mejor?

 

Para salir de esta “parálisis estructural”, el Gobierno decidió aplicar el gradualismo para encarar, al mismo tiempo, todos los desafíos que le plantea una economía estancada por años de malas políticas públicas (más de setenta para los más extremistas, yo diría que con cuarenta estamos bien). Pero para que tenga éxito es imprescindible que la economía crezca (este será la primera vez que crecemos dos años consecutivos desde 2011) sino no hay forma de bajar el déficit y reducir la pobreza al mismo tiempo. Es como querer calzarse un jean slim-fit después de un fin de semana largo: no queda otra que tirarse de espaldas sobre la cama y simular convulsiones.

 

El Gobierno tiene varias materias pendientes pero como inversor no se observan los variables que nos condenen a un nuevo 2001, más bien lo contrario pero, como en el poker, hay que pagar para ver.

 

Los populistas son los de afuera

 

La novedad en esta época es que el populismo se apoderó de los EE.UU. (Europa ya tuvo sus experiencias en el pasado, así que no sería novedad, salvo en Inglaterra). Para Cambiemos este ruido geopolítico (porque la economía global marcha bien) complica las variables financieras (tasa de interés) tan sensible al plan gradualista de Cambiemos: lamentablemente dependemos (y mucho) de que nos compren los bonos que emite Luis Caputo cada año. La volatilidad que generó la “guerra comercial” de Donald J. Trump no se van a disipar de un día para el otro pero no vamos a una caída del comercio mundial como la ocurrida post crisis del ‘30. Los legisladores republicanos y sus bases, apoyan con entusiasmo hasta los mayores disparates (para algunos de nosotros) de Trump. Pero a no equivocarse, así como el cepo en 2012 no eyectó a CFK del sillón presidencial, tampoco una derrota en las próximas elecciones le pondrá limites a Trump: el siempre huirá hacia adelante, como todos los populistas.

 

Cine nacional: bajón total

 

En 1985 el mundo y el cine se dividían entre buenos y malos. En 2018 las cosas no son tan distintas: los buenos son los super héroes como “Black Panther”, “DeadPool 2” o “The Incredibles 2” y los malos son las maquinas (o la automatización o robatizacion de nuestras vidas) como plantean las series “Black Mirror” o “Altered Carbon”. En el mundo real, el héroe es Donald J. Trump (para muchos americanos, al menos) y el enemigo es la tecnología que desarrollan y promueven Uber, Amazon, Tesla o Apple. En Argentina vamos por otro carril, lo nuestro es más de bajón: “Los Padecientes”, “Las Grietas de Jara” o “Los Olvidados”. Es curioso, los argentinos sabemos reír y disfrutar entre amigos o en familia, pero para el día a día, siempre nos regalamos la misma cara de amargados. Animó, todavía falta bastante para el Mundial, ya habrá tiempo para andar con cara de pocos amigos.

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