Crecimiento cuesta arriba

Comenzarán a sentirse los efectos de la sequía en los datos sobre el nivel de actividad

 

Por Eugenia Arioua Ecolatina

 

El segundo año de mandato de Cambiemos tuvo la lógica característica de un período electoral: impulsado por el crecimiento de las erogaciones corrientes y de capital en el primer semestre, el Estado dio impulso a la recuperación económica. Tres ramas de la producción de bienes (construcción, sector agropecuario e industria) y tres ramas de la producción de servicios (intermediación financiera, actividades inmobiliarias y empresariales y transporte y comunicaciones) impulsaron el crecimiento del nivel de actividad en 2017 (2,9% interanual), recuperando todo lo perdido un año atrás.

 

Los recientes datos de actividad (EMAE febrero 5,1% interanual) fueron anunciados por el equipo económico como un logro de la gestión. Sin embargo, pese a que la actividad avanzó en la comparación anual, la novedad fue la caída mensual en términos desestacionalizados (-0,2%).

 

Dado que el principal sector de la producción de bienes que contribuyó al crecimiento en los primeros dos meses del año fue la construcción, y que la industria y el sector agropecuario acompañan el avance, resulta interesante entender la lógica de sus trayectorias.

 

En primer lugar, al tomar la evolución reciente de la construcción y la industria, se destaca que la base de comparación de ambas resultaba todavía muy baja: la construcción había caído 1,0% interanual en el primer bimestre de 2016 y la industria 3,0% interanual. Por esta razón, la verdadera tendencia para el año se verá con los datos de marzo.

 

Si bien es cierto que el nivel de actividad continuará creciendo (en torno a 2% interanual) y se romperá la maldición de los años pares, el primer bimestre no es un fiel reflejo del ritmo de la expansión que tendrá este año

 

Por el lado de la construcción, siguiendo el objetivo de reducción del déficit fiscal, el Estado recortó de manera significativa los gastos de capital (-23% interanual nominal en el primer trimestre de este año), con la idea de que los Proyectos de Participación Público-Privado (PPP) reemplacen, al menos parcialmente, este gasto. No obstante, esta modalidad recién entró en una primera fase en los últimos días de abril, lo que implica que los efectos sobre la economía real se verían recién en el segundo semestre. Por el otro, en marzo, la producción de ciertas ramas industriales, principalmente ligadas a los insumos difundidos y la automotriz, comienzan a mostrar una ralentización de su crecimiento y hasta caídas en la medición mensual desestacionalizada. Sumando los datos de intercambio comercial de marzo, la caída de importaciones de autos y estancamiento de bienes de consumo, podrían estar mostrando los primeros síntomas de fatiga del modelo.

 

Asimismo, si bien el primer bimestre aún no lo refleja, el sector agropecuario se verá muy golpeado por los efectos generados por la sequía sobre la zona núcleo del país. Los principales efectos se sentirán a partir del segundo trimestre afectando principalmente los rindes de la cosecha gruesa (maíz y soja).

 

A esta situación sectorial se adiciona que la suba de precios estará lejos del objetivo oficial. En este sentido, los salarios no lograrán ganarle a la inflación, debido a que, a contramano de lo sucedido el año pasado serán usados como ancla para los precios.

 

Vale la pena entonces recordar el viejo dicho, “no todo lo que reluce es oro”. Si bien es cierto que el nivel de actividad continuará creciendo (en torno a 2% interanual) y se romperá la maldición de los años pares, el primer bimestre (4,7% interanual) no es un fiel reflejo del ritmo que tendrá la evolución de la actividad este año. Tasas más modestas se alinean con el objetivo sostener el crecimiento a largo plazo, pero implicarán al menos en los próximos años, un elevado endeudamiento externo.

 

El Gobierno se encuentra entonces en la encrucijada de cumplir por un lado con compromisos externos para conseguir financiamiento (implicando una exposición más elevada a los vaivenes del mercado financiero internacional), y por el otro interno (la necesidad de obtener buenos resultados económicos para construir capital político de cara a las elecciones de 2019). La forma en la que el Gobierno resuelva esta disyuntiva permitirá esclarecer su suerte en el último tramo del mandato.

 

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