El creciente poder de Erdogan

El presidente de Turquía decidió anticipar un año y medio la fecha prevista para las elecciones generales

 

Por Atilio Molteni Embajador

 

El presidente de Turquía, Recep Erdogan, decidió anticipar un año y medio la fecha prevista para las elecciones generales, las que ahora se realizarán el próximo 24 de junio. Al hacerlo sólo invocó dos hechos: la situación en Siria e Irak y el proceso de estabilidad económica de su propio país, una Nación que en el pasado debió lidiar con fuertes sacudones.

 

En 2015, Erdogan había obtenido el necesario respaldo legislativo como para organizar una reforma constitucional que le permitió acumular las atribuciones y poderes ejecutivos de Jefe de Gobierno y Jefe de Estado. El 16 de abril de 2017, un referéndum mostró una sociedad polarizada y dividida pues le otorgó un “sí” con el 51,4% de los votos, pero vio de cerca un “no” del 48,6%. En estos días ciertos analistas experimentados vaticinan que tiene elevadas chances de consolidar su poder con otro significativo triunfo electoral.

 

El Primer Mandatario turco llegó al poder en 2003, al triunfar su Partido Justicia y Desarrollo (AKP), fuerza que representa a las corrientes religiosas moderadas. Por once años fue sucesivamente Primer Ministro y Presidente de la República (en 2014). En ese período, Turquía tuvo un gran desarrollo económico (es una de las veinte economías más importantes del planeta y creció 7,4% en 2017). Aunque Erdogan se caracteriza por su pragmatismo y sus tendencias populistas, y también como el hombre que se animó a eliminar las seculares estructuras creadas por el general Ataturk, sus oponentes lo definen como una personalidad autoritaria y, en cierto modo, despótica.

 

Turquía es un país que pertenece al ala sunita del Islam sin ser una nación árabe y se caracteriza por albergar la mayor economía y el Ejército más poderoso de esa porción del planeta, lo que la convierte en una heterodoxa potencia regional. Entre sus antecedentes se cuenta la membrecía del Consejo de Europa (1949), la OCDE (1961), país aliado a la OTAN (1952), asociado a la Comunidad Económica Europea -hoy Unión Europea- (1963) y su calidad de integrante del G20. La población alcanza a unos 80 millones de habitantes (de los que el 18% son kurdos).

 

En la etapa inicial de su gestión, Erdogan trató de establecer relaciones amistosas con sus vecinos, pero al registrarse la Primavera Arabe en 2011 demandó a Bashar Al-Assad un diálogo político con los rebeldes sirios, apoyó a grupos sunnitas que buscaban derrocar a ese mandatario y desarrolló una política permisiva en su frontera con los jihadistas dispuestos a ser parte de tal lucha.

 

Esa posición experimentó un cambio copernicano cuando el secular enfrentamiento con los curdos y la presencia de tres millones refugiados sirios en territorio turco hicieron posible que se reclutara mano de obra para efectuar numerosos y atentados dentro de su propio país.

 

El 15 de julio de 2016, Erdogan logró sofocar un golpe de Estado que pretendía desalojarlo del poder. El fracaso de esta acción se debió tanto a la mala organización de los sediciosos, como a la resistencia de las fuerzas armadas leales, a la reacción de la sociedad turca y al rechazo de todos los partidos a la posibilidad de que los militares vuelvan a desempeñar una función política en la vida del país.

 

El Gobierno adjudicó el intento de asonada a los seguidores del clérigo Fetullah Gulen, radicado desde 1999 en Estados Unidos. La reacción de Erdogan consistió en una purga radical, sin distinguir entre quienes participaron y quienes sólo eran reconocidos como adherentes al movimiento de Gulen. Días después del alzamiento, se declaró el Estado de Emergencia, quedaron suspendidas las libertades civiles y políticas, ciclo que continúa hasta estos días, lo que permitió efectuar detenciones, juicios y cesantías masivas entre los militares, la burocracia, la justicia y la educación, en una onda que también llegó a opositores políticos y periodistas.

 

Recientemente Turquía actualizó el pedido de extradición de Gulen. El Gobierno de Ankara acusó a Washington de estar detrás del golpe militar, lo que no condice con la tradicional alianza de ambos países, una de las bases de la presencia turca en la OTAN. Esos nexos son los que permiten la existencia de las bases militares que Estados Unidos mantiene en ese territorio y las que, por su localización geográfica, son particularmente estratégicas.

 

Sin embargo, en el caso de Siria, la prioridad de Washington en derrotar al Estado Islámico (EI) lo llevó a cooperar con las Unidades de Protección del Pueblo (YPG), fuerzas kurdas del Partido de la Unión Democrática de Siria (a pesar de sus relaciones con el PKK turco), lo que agravó las diferencias entre ambas naciones. El enfrentamiento con los kurdos que buscan el reconocimiento de su identidad es uno de los problemas más serios de Turquía, cuya gravedad se acentúa debido al fortalecimiento de los kurdos en Siria, donde buscan consolidar una región autónoma sobre la frontera turca.

 

En otro plano, las negociaciones para la accesión de Turquía a la UE comenzaron en 2005 y nunca avanzaron. En el Viejo Continente existen seculares reservas y ansiedad sobre las convicciones democráticas y sobre la proyección a largo plazo de la economía turca. El 13 de septiembre de 2017, el Parlamento Europeo recomendó suspender tales negociaciones, como respuesta a lo que consideró una violación de las normas del derecho y las libertades civiles por parte de Turquía.

 

El 26 de marzo de 2018, una reunión en Varna (Bulgaria) entre Erdogan y los presidentes del Consejo y la Comisión Europea no pudo encontrar una solución a problemas relativos a asuntos harto sensibles, los que incluyen conflictos religiosos y el divergente planteo sobre refugiados que existe entre las partes.

 

En cambio, al producirse el golpe militar en Turquía, el inmediato apoyo que recibió Erdogan de la Federación Rusa e Irán le resultó muy oportuno pues les permitió superar las crisis que había en la relación con estos países y explorar entendimientos trilaterales con relación a Siria, a través de negociaciones que comenzaron en Astana y Sochi. De este modo Turquía procuró equilibrar el deterioro de sus vínculos con las naciones occidentales.

 

El 24 de agosto de 2016 Turquía invadió el norte de Siria, donde tuvo que enfrentar a fuerzas kurdas. La operación se extendió hasta marzo de 2017 y su desarrollo estuvo limitado por la presencia de efectivos norteamericanos y rusos. El 20 de enero de 2018, Turquía inició una nueva acción militar contra el enclave de Afrin. En marzo, tomó la ciudad del mismo nombre y desalojó de allí a los kurdos. Por su parte, Donald Trump anunció su interés de retirar sus tropas de Siria, lo que es un desarrollo desfavorable para el YPG. Un tiempo después, la acción militar occidental contra las armas químicas utilizadas en Douma fue apoyada calurosamente por el Gobierno turco en contra de la opinión de Moscú, lo que puede demostrar que Ankara intenta hacer un permanente equilibrio con todas las partes que intervienen militarmente en Siria.

Te puede interesar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *