Ciclos reales y ciclos financieros

El ciclo, mal que le pese a varios, está vivito y coleando, y sigue abatiendo los sueños y esperanzas de gozar de una vez por todas de un “crecimiento sostenido”

 

Por Pablo Mira Docente e investigador de la UBA

 

El ciclo es uno de los fenómenos mejor documentados empíricamente y, en las últimas décadas, uno de los más olvidados por la teoría macroeconómica. La idea simple de que la economía tiene vaivenes más o menos inevitables parece ser poco aceptable para la forma humana de ver las cosas, que considera que un camino de crecimiento suave es mejor que uno basado en fluctuaciones. Pero esto es confundir nuestros deseos con la realidad o, como dicen los epistemólogos, el “es” con el “debe ser”. Esta confusión llevó a muchos académicos a ignorar durante mucho tiempo la importancia del ciclo y, lo que es peor, a muchos pronosticadores oportunistas a declarar su muerte.

 

El ciclo, mal que les pese, está vivito y coleando (nunca más preciso este último adjetivo), y sigue abatiendo los sueños y esperanzas de gozar de una vez por todas de un “crecimiento sostenido”. Las teorías del ciclo han culpado por las fluctuaciones por igual a empresarios, banqueros, gobernantes y economistas, y sus efectos nunca han dejado de afectarnos. No es mi intención, por tanto, acusar a los analistas de coyuntura de elaborar malos diagnósticos y falsas soluciones, porque el desafío del ciclo es mayúsculo. Lo que sí me parece apresurado es confiarse demasiado en que estas perturbaciones han sido vencidas para siempre. Y la razón es que, justamente, una de las posibles causas de los ciclos es el sobreoptimismo que surge de pensar que se lo ha sometido definitivamente.

 

No vamos aquí a dilucidar todas las causas de los ciclos económicos, porque no las conocemos con precisión. Pero para introducir el tema sirve comentar que las fluctuaciones se dividen en dos. Una de ellas son los ciclos que experimenta la economía real bajo la forma de subas y bajas onduladas, que no son otra cosa que las oscilaciones del PIB. En Argentina, desde 2011 estas fluctuaciones son mucho más frecuentes, y operan en un lapso de tiempo muy corto (apenas dos años), pero normalmente el ciclo dura de pico a pico entre 10 y 12 años (obviando caídas y recuperaciones de un solo año). Por ejemplo, el pico máximo anterior a 2011 fue el de1998, y el anterior a ese había sido en 1987. Estos ciclos están relacionados con distintas perturbaciones que sufre la economía, que en el caso argentino incluyen la caída de los términos de intercambio, los cambios bruscos de dirección en los flujos de capitales, y las fuertes devaluaciones del tipo de cambio asociadas a ambos.

 

El otro tipo de ciclo es el financiero, que tiene propiedades diferentes. Por un lado, su acción depende mucho de las condiciones de liberalización del capital y la desregulación financiera. Los ciclos financieros prácticamente no existieron durante los 25 años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, pero se activaron fuertemente desde los años ‘70. Por el otro, la duración de los ciclos financieros es mucho mayor a la de los ciclos tradicionales del PIB. Por ejemplo, en Estados Unidos el primer ciclo amplio comenzó a “inflarse” a mediados de los ‘80, con un pico a fines de esa misma década. Estos máximos suelen asociarse con crisis financieras sistémicas, que dan lugar a una actividad financiera más moderada. El mínimo de este ciclo se alcanzó a mediados de los ‘90, cuando las finanzas empezaron a activarse nuevamente con fuerza. El nuevo máximo, como todos saben, se produjo con la crisis de 2007, y desde entonces el ciclo vuelve a perder fuerza.

 

Naturalmente, ambos ciclos están relacionados. Normalmente las oscilaciones financieras culminan en grandes crisis que afectan mucho más decididamente la actividad económica. Se ha estimado que las caídas del PIB luego de una crisis financiera son 50% superiores a las que provienen de otro tipo de shock. Los ciclos de la economía real no han conseguido ser compensados completamente por la política económica, pero cuando no están relacionados con crisis financieras, sus costos no son demasiado preocupantes. En cambio, debemos tener mucho más cuidado con las burbujas y sus efectos, que generalmente impactan muy fuerte sobre el PIB, la desigualdad y la pobreza.

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