Buenas noticias para el gradualismo

El mundo vuelve a jugar a favor de lo que Argentina necesita: crece, comercia y presta (por el momento, cuanto menos)

 

Por Ramiro Albrieu CEDES y UBA

 

Desde el punto de vista de Argentina, el panorama de la economía global que presentó el FMI en la reunión de primavera es, sin dudas, positivo. De acuerdo a las proyecciones del organismo, el mundo crecerá en 2018 a una tasa cercana a 4%. Ese crecimiento, a su vez, viene acompañado de un fuerte crecimiento del comercio internacional, una recuperación en los precios de las commodities y condiciones financieras bastante favorables para el mundo emergente. Si a esto le sumamos la recuperación de Brasil (crecería 2,3% en 2018), es difícil que el mundo pueda ofrecer un mejor complemento a la principal política macroeconómica de este Gobierno: el gradualismo fiscal.

 

Una mirada rápida al mundo apoya la hipótesis optimista: lo que ocurre es en buena medida un regreso a la escena internacional precrisis subprime. Estados Unidos creciendo con déficit externo (2,9% y 3%, respectivamente); Asia emergente creciendo con superávit externo (6,5% y 6%) y los países ricos en recursos naturales aprovechando la ventana de oportunidad que ofrece una economía global en expansión.

 

Sin embargo, una mirada detallada devuelve un panorama con posibles complicaciones, tanto en el corto plazo, como más allá de 2018. Por un lado, la persistencia de los desbalances globales nos obliga a poner el foco en los problemas estructurales de las economías avanzadas. En Estados Unidos las políticas de “cebar la bomba” de la economía a través de políticas de demanda encuentra a la oferta restringida por bajos niveles de productividad, bajas tasas de participación y una sociedad que va envejeciendo. El resultado es un empeoramiento del frente externo y –esto habrá que verlo– una aceleración de la inflación. De cualquier manera, se trata de expansiones difíciles de mantener.

 

El mundo vuelve a jugar a favor de lo que Argentina necesita: crece, comercia y presta (por el momento, cuanto menos)

 

Por otro lado, el crecimiento en Asia emergente es alto en comparación con otros países, pero es sensiblemente menor al que registraba en los primeros años del Siglo XXI. Detrás de esta desaceleración está el rebalanceo de la economía china –de las exportaciones y la inversión al consumo, y de las manufacturas a los servicios– y, por lo tanto, podemos esperar que se trate de un fenómenos tendencial antes que coyuntural.

 

¿Cómo cambia el panorama para la economía de Argentina si tenemos en cuenta estas dinámicas? Primero, Estados Unidos puede ser una fuente de volatilidad de corto plazo, tanto para el comercio si continúa la escalada de la guerra comercial con China como para las finanzas frente a cualquier cambio repentino de política interna (o una sorpresa inflacionaria). Este riesgo es muy relevante: para Argentina, reducir el déficit y estabilizar la deuda requiere tasas de interés razonables por al menos dos años. Segundo, la desaceleración de Asia emergente nos dice que la ventana de oportunidad para nuestros principales productos de exportación es esta vez más pequeña. Dependeremos un poco más, entonces, de nuestro vecino Brasil. Allí la economía se recupera pero la política puede volver a meter la cola –más aun en un año eleccionario–.

 

En suma, el mundo vuelve a jugar a favor de lo que Argentina necesita: crece, comercia y presta. Pero la incertidumbre, de corto y de largo, no es menor. Esperemos que ninguno de los riesgos se materialicen. El gradualismo lo necesita.

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