“En el trabajo femenino no pago se apoyan todas las relaciones productivas”

El Economista dialogó con Magalí Brosio, economista e integrante de Economía Femini(s)ta

 

Entrevista a Magalí Brosio Economista e integrante de Economía Femini(s)ta Por Juan Strasnoy Peyre

 

Por segundo año consecutivo, el movimiento feminista convierte el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, en un paro de mujeres en más de 50 países. Así, junto a las tradicionales consignas contra las violencias y por el aborto legal, seguro y gratuito, pone en el centro de la escena el lugar que ocupa la mujer en la estructura productiva y las desigualdades existentes en el mundo del trabajo. Sin ir más lejos, en Argentina la brecha salarial alcanza, según el Indec, el 27% entre los varones y mujeres con trabajos registrados y se estira al 40% en el sector informal.

 

El Economista dialogó con Magalí Brosio, economista e integrante de Economía Femini(s)ta, sobre el peso del trabajo no remunerado femenino en la economía, el significado de la huelga de hoy y las iniciativas anunciadas por Mauricio Macri en el Congreso. Además, habló del proyecto de ley de “jubilación para el ama de casa” que presentó ayer su colectivo, con el que buscan modificar la ley de jubilaciones 24.241 para crear un régimen que alcance a “todas aquellas personas que han realizado, a lo largo de su vida, el trabajo invisible que sostiene al mundo”.

 

¿Qué significa que el 8M se haya transformado en un paro?

Creo que el cambio de modalidad está motivado por visibilizar el rol que cumple la mujer en la economía. Por un lado, tenemos las reivindicaciones que pueden enmarcarse dentro del “mercado laboral”: las mujeres llevamos décadas ingresando masivamente pero aún seguimos enfrentando muchos más obstáculos que nuestros pares varones (desempleo, informalidad, dificultad de acceder a puestos de decisión, brechas salariales, etcétera), y este tipo de reclamos muchas veces son postergados dentro de los reclamos sindicales, a pesar de que para muchas mujeres sean cuestiones urgentes, por lo que vale la pena usar esta fecha para levantar estas banderas. Por otro lado, el 8M también es una oportunidad única para visibilizar el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, que se hace dentro del hogar. Un trabajo fundamental para la reproducción del sistema, porque es sobre ese trabajo no pago, fundamentalmente femenino, sobre el que se apoyan todas las relaciones productivas.

 

¿Cómo incide ese trabajo no remunerado en el problema más general de la desigualdad laboral de género?

La asimétrica distribución del trabajo de cuidados no remunerado se encuentra en el núcleo mismo de la desigualdad de género en el mercado laboral. No existe posibilidad alguna de que las mujeres y los varones puedan destinar la misma cantidad de tiempo al empleo remunerado mientras caigan sobre las primeras todas las responsabilidades hogareñas. Sin embargo, cuando se habla de redistribuir no hablamos únicamente de redistribuir entre varones y mujeres sino entre actores involucrados. Hoy por hoy la provisión de cuidado debe resolverse casi únicamente dentro del hogar: para los hogares de mayores ingresos, la solución que se encuentra es la mercantilización de las tareas de cuidado: contratar a alguien para que se encargue de ese trabajo. Ese alguien es usualmente otra mujer, que muchas veces realizará sus tareas en condiciones laborales precarias y por un salario muy bajo. Estas mujeres pertenecen a un segundo tipo de hogar, en el que no existe la opción de contratar a otra persona para tomar estas tareas, por lo que estas mujeres tienen que encontrar la forma de “conciliar” ambas esferas de su vida, resultando en una doble jornada laboral. El desarrollo de un sistema público de provisión gratuita de cuidado es una herramienta central y urgente para igualar el terreno entre mujeres y varones, y también entre mujeres con distintas posibilidades.

 

Economía Femini(s)ta presentó su proyecto de ley de “jubilación para el ama de casa”. ¿Cómo contribuiría a resolver las inequidades?

La asimetría en las tareas de cuidado hace que las mujeres presenten a lo largo de sus trayectorias laborales más irregularidades que sus pares varones, por lo que encuentran más dificultades para poder alcanzar los años de aporte estipulados en la actual ley. Sin embargo, que las mujeres no hayan trabajado en el mercado no quiere decir que no hayan trabajado: el trabajo doméstico y de cuidados es trabajo, como bien señala la OIT, y como tal debe ser reconocido y valorado.

 

En la inauguración de sesiones ordinarias, Macri habló de brecha salarial, licencias por paternidad y dijo que el Gobierno presentará proyectos sobre estas problemáticas. ¿Cómo analiza el debate? ¿Qué políticas serían necesarias para empezar a revertir esa realidad?

Actualmente, a nivel nacional e internacional, la agenda de géneros está muy presente y eso es un logro del movimiento feminista. Pero del dicho al hecho hay un gran trecho: y las mujeres nos enfrentamos a problemas reales que con urgencia requieren políticas públicas. El cambio en la licencia por paternidad (que actualmente es de dos días) es una deuda de larga data, y sería importante que se avance en esto. Sin embargo, resulta esencial que la reforma no sea solamente un parche que la amplíe a 10 ó 15 días –lo que implicaría que sigue siendo muy distante a la licencia por maternidad–, sino que podamos aprovechar esta oportunidad para acercarnos un poco más hacia un esquema de licencias compartidas. En la misma línea, con respecto a la brecha salarial creo que la medida más urgente y necesaria, y probablemente más efectiva que se puede tomar, es el desarrollo de un sistema de provisión de cuidados público y gratuito, pero no veo que actualmente se esté yendo en esa dirección.

 

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