¿Cómo sigue la tendencia?

29 de marzo, 2018

Por Leopoldo Tornarolli CEDLAS-UNLP

 

Aunque el seguimiento y análisis de la evolución de las tasas de indigencia y pobreza constituyen elementos indispensables para evaluar el funcionamiento y mejorar el diseño de las políticas públicas, durante muchos años Argentina no contó con esa información. A esa situación se llegó debido a los conocidos “desmanejos” en el Indec en el período 2007-2015: entre 2007 y 2013 las tasas de indigencia y pobreza no fueron confiables debido a la sistemática subestimación de la tasa de inflación (y con ello de los valores monetarios de las líneas de indigencia y pobreza), mientras que en 2014 y 2015 directamente no se publicaron estimaciones.

 

En 2016, la nueva conducción de Indec retomó la publicación de las estimaciones oficiales de indigencia y pobreza. En estas estimaciones el organismo utilizó una metodología que contiene algunas actualizaciones (los valores de las líneas de indigencia y, principalmente, pobreza aumentan al calcularse con patrones de consumos más actualizados que en la metodología anterior) y modificaciones (cambió la metodología usada para corregir la no respuesta de ingresos en la EPH, la encuesta con la que se realizan las estimaciones) respecto a la metodología empleada hasta 2013. Por esas razones, las nuevas estimaciones no son directamente comparables a las obtenidas con la metodología anterior, aun si dicha metodología fuera aplicada con las líneas de indigencia y pobreza que surgen al usar datos de inflación “correctos”.

 

Desafortunadamente, Indec decidió no reestimar las series de indigencia y pobreza con la nueva metodología para el período anterior a 2016, lo que dificulta evaluar en un contexto más amplio las estimaciones obtenidas a partir de 2016. Para llenar ese vacío, y construir series comparables de indigencia y pobreza para el período 2003-2017, es necesario resolver al menos tres problemas importantes: la definición de líneas de indigencia y pobreza comparables en términos reales para todo el período, la utilización de una metodología común para corregir la no respuesta de ingresos y la corrección de potenciales “ruidos” en las estimaciones producto de ciertos cambios en la estructura de ponderadores que únicamente afecta al período 2013-2015.

 

La figura a continuación muestra los resultados de un ejercicio que propone una solución a los problemas mencionados en el párrafo anterior y construye una serie comparable de indigencia para 2003-2017. En gran parte, los resultados sobre la evolución de la tasa de indigencia son conocidos: luego de la fuerte crisis de 2001/2002, la indigencia se ubicó en niveles muy altos en la segunda mitad de 2003, alcanzando al 21,3% de la población. La recuperación que siguió a la crisis permitió bajar la tasa de indigencia rápidamente, hasta un nivel de 9.0% en la primera mitad de 2007. La caída continuó, aunque a una velocidad menor, hasta la segunda mitad de 2011, cuando la tasa indigencia fue 5,9%. A partir de entonces, y hasta la primera mitad de 2015, se observó una tendencia al estancamiento, con algunos semestres donde la tasa subió y otros donde bajó, siendo el mínimo 5,5% en la primer mitad de 2013.

 

Las estimaciones de 2016 indican que la tasa de indigencia mostró un leve crecimiento respecto a 2015, de magnitud similar al observado entre 2014 y 2015. Hasta la primera mitad de 2017 no se observaron mejoras en la tasa indigencia, pero las estimaciones para el segundo semestre de 2017 muestran una caída significativa: la tasa de indigencia fue de 4,8% en ese período, alcanzando el mínimo valor para la serie 2003-2017.

 

 

Por su parte, la evolución de la pobreza mostró hasta 2013 un patrón bastante similar al que se describió en el caso de la indigencia: a) un período inicial, hasta 2007, donde la tasa de pobreza cayó rápidamente desde un valor muy elevado (58,2%) en 2003; b) un período subsecuente, hasta 2011, donde siguió la caída en la tasa de pobreza, pero a una menor velocidad y c) una meseta hasta finales de 2013, donde se llegó a un mínimo de 27,4%.

 

Desde 2014 la evolución de la pobreza siguió un patrón algo distinto al de la indigencia: tuvo un fuerte aumento de 5 puntos porcentuales en 2014, mostró una recuperación parcial en la primera mitad de 2015, y los primero datos para 2016 indicaron que hubo un incremento estadísticamente significativo respecto a 2015. Desde entonces, la tasa de pobreza exhibió semestre a semestre una tendencia a la baja, afirmación que se reafirma con el dato del segundo semestre de 2017, donde se alcanzó el mínimo para la serie 2003-2017: 25,7%.

 

 

Posiblemente el resultado que invita a una interpretación más optimista, y que seguramente va a dominar las discusiones en los próximos días, sea el que se obtuvo en la estimación correspondiente al segundo semestre de 2017. El optimismo se relaciona con la importante reducción en la incidencia de la indigencia y la pobreza que mostró esa estimación, y que permitió llegar a valores mínimos de las series. En menor o mayor medida es un resultado esperable partiendo de la situación de 2016: las estadísticas más recientes de mercado laboral muestran una importante mejora entre 2016 y 2017; la tasa de inflación disminuyó significativamente entre los mismos años y las políticas sociales destinadas a proveer ingresos a los sectores más desfavorecidos se mantuvieron sin mayores cambio en dicho período.

 

Pero hay otro resultado muy importante que proveen las series comparables y que explica en igual o mayor medida los mínimos de las series: si bien las medidas de “normalización” de la economía que se implementaron entre finales de 2015 y comienzos de 2016 tuvieron un esperado efecto negativo de corto plazo en las tasas de indigencia y pobreza, la magnitud de dicho efecto no fue demasiado grande, lo que permitió que una vez que se retomó la senda de recuperación de la actividad económica se partiera de un punto no muy alejado del anterior a la aplicación de esas medidas.

 

A futuro la evolución de la indigencia y la pobreza va a estar, como lo hizo en los últimos semestres, atada a la evolución de la actividad económica y a la capacidad de reducir la inflación que tenga el Gobierno. Dado que en ambos frentes se esperan mejoras graduales en el corto plazo, debería esperarse lo mismo en relación a las tasas de indigencia y pobreza en los semestres venideros. Incluso, y dado que las expectativas de inflación no muestran una mejora tan fuerte en 2017-2018 como la que mostraron en 2016-2017, es probable que los resultados de las próximas mediciones muestren una mejora más lenta que la que ha mostrado la estimación presentada por Indec.

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