“Se debe subordinar la política comercial a la industrial”

El Economista dialogó con Fernando Peirano (Consultor de la UIA, profesor de la UBA e investigador de la UNQui)

 

Entrevista Fernando Peirano UNQui-UBA Por Juan M.Antonietta

 

El Economista dialogó con Fernando Peirano, consultor de la UIA, profesor de la UBA e investigador de la UNQui, sobre los cambios en el comercio internacional, la revolución industrial 4.0 y la estrategia de inserción internacional de Argentina.

 

Nicolás Dujovne volvió a afirmar el jueves en la conferencia que brindó en la Universidad Torcuato Di Tella junto a Christine Lagarde que la apertura comercial será la clave para ganar eficiencia. ¿Es la liberalización de la economía el instrumento para desarrollarnos?

Mi discrepancia no es con el instrumento sino con el diagnóstico que está por debajo. El escenario está cambiando en la economía internacional, las inversiones no se moverán ya sólo por las oportunidades comerciales o la eficiencia que se gana por la integración del mercado. El eje se está moviendo hacia la industrialización y la transformación de los sistemas productivos. Lo que se está dando a llamar la industria 4.0. Este gran cambio está abriendo un espacio para mejorar la productividad y la eficiencia como hacía muchas décadas que no se veía y dando lugar a nuevas rentas. La discusión de como se configura este nuevo sistema productivo es lo que va a estar explicando las relaciones entre los países. Así como durante treinta años los procesos de integración fueron un “drive” para el desarrollo, hoy es mucho más interesante complementar o subordinar la política comercial a la política industrial ya que ésta volvió a ser un centro de acumulación y de generación de empleo y riqueza como hacía tiempo que no lo era. Este es el diagnóstico de base. El segundo elemento clave es que este cambio de escenario está reconfigurando la relación entre China y Estados Unidos. Argentina no es el eje ni el centro de gravedad de esa relación y tenemos que pensar nuestra política comercial y productiva a la luz de estos cambios. Si leemos bien el escenario y entendemos lo que está ocurriendo en el mundo, una vez que esta transición se complete, vamos a tener muchas más chances de tener oportunidades de crecimiento genuinas y de crear empleo. La apertura no es el fin sino es un instrumento. La preocupación es que desde el Gobierno no se cuente con un diagnóstico de lo que está ocurriendo a nivel internacional.

 

En este nuevo contexto de industria 4.0, ¿cuál debería ser la inserción económica de Argentina en el mundo?

Es un asunto difícil. En un proceso en constante cambio como en el que nos encontramos, hay un fuerte grado de incertidumbre. Argentina debería volver a leer cuales son las capacidades básicas que le deja su historia de industrialización, su historia productiva, el tamaño de su mercado interno, su tradición científica y tecnológica y con esos ingredientes pensar una receta acorde a este nuevo escenario. Hay buenas chances de constituir algo que le de sustentabilidad y capacidad dé crecimiento al país. La solución pasa más por una complementación e integración de lo que son recursos naturales, manufacturas, junto con la ciencia y técnica y un perfil diferenciado a esa producción, que permitan generar mucho valor agregado. El juego es más de combinación que de hacer una apuesta puntual a un sector o un mercado o país determinado. El desafío es combinar y reconstruir un Estado que brinde bienes públicos acordes a esta línea de avance. El problema es que estos bienes públicos a construir son muy sofisticados y complejos y no hay ninguna señal de que estén observando esto ni la dirigencia en general y ni el actual Gobierno. Falta una lectura necesaria, que no es simple, sobre cuáles son las capacidades y bases para poder participar satisfactoriamente de este nuevo escenario de industria 4.0.

 

En el escenario internacional, ¿cuál va a ser el impacto de las políticas arancelarias al acero y al aluminio impuestas por Donald Trump?

La relación entre Estados Unidos y China se está reconfigurando. Durante varias décadas la relación se construyó mediante una variable macroeconómica de endeudamiento. Estados Unidos consumía más de lo que producía y era financiado por China y Asia que producían más de lo que consumían. Esto se reflejaba en los flujos de bienes, inversiones, financieros y de la deuda. Se está produciendo una reconfiguración en un mundo donde Europa tiene un proteccionismo de buenos modales basado en normas técnicas donde, por ejemplo, está bloqueando inversiones que quiere hacer China, que salió a comprar en el Viejo Continente empresas claves en esta revolución 4.0 y en América Latina y Africa empresas clave en recursos naturales y de energía. Esta estrategia china está teniendo en Europa un frenó con distintos obstáculos a la inversión por considerarlas empresas estratégicas. Por su parte, Estados Unidos hoy presenta un proteccionismo brutal personalizado en la figura de Trump, un personaje que hace mucho ruido en todas sus decisiones. Mientras en Europa es más sistémico e institucional, Estados Unidos adoptó una dinámica más personalista. El objetivo es el mismo: disputarle a Asia quien se va a quedar con las nuevas rentas que surgen de esta reconfiguración del sistema productivo y de los hábitos de consumo.

 

Dani Rodrik dijo en una entrevista con Clarín que los países como Argentina y Brasil ya no llegan a reindustrializarse y deberían basar su desarrollo más en servicios. ¿Qué opina usted?

En este contexto de cambios vamos hacia la desaparición de las fronteras en lo que es servicios de alto valor agregado, manufactura, etcétera. La industria, que tiene mucho de servicios, vuelve a tener un protagonismo en crear empleos que puedan tener salarios altos. Por ejemplo, en la industria del calzado, la reindustrialización no pasa por querer recuperar las fábricas de los ‘80. Hoy la industria entiende que hay consumidores con gustos diferentes, que termina el calzado con una impresora 3D que hace la suela ajustada a problemas de columna y que posee más variedad. Está más cerca del consumidor y tener un mercado grande como el que puede tener América Latina es una ventaja porque puede conocer a este consumidor en sus necesidades y en sus capacidades de pago. Hay un espacio para una reindustrialización que también abarca a los servicios. En el nuevo sistema productivo va a haber empresas cada vez más grandes rodeadas por un conjunto de satélites que van a brindar todo tipo de apoyo y elementos a esas nuevas estructuras. Y ahí veo también una tradición y una empresarialidad argentina competente para jugar este rol. Ojala tengamos también las empresas grandes porque definirá donde quedan las rentas.

 

El Gobierno quiere cerrar en 2018 un acuerdo político de librecomercio Unión Europea (UE)- Mercosur. ¿Qué impacto puede tener en Argentina?

En un mundo en constante cambio también cambia lo que hay que mirar en un acuerdo de integración. El acuerdo UE-Mercosur lleva más de veinte años de negociaciones y en ese lapso cambió la agenda de lo que hay que negociar. Me preocupa que
creamos que la clave de hoy es acceso a mercado. La clave no puede ser cuántas toneladas de carne le vendemos a Europa y que hoy está parado porque los franceses no quieren abrir ese mercado. Si esa es la discusión, no estamos usando esto como un pilar para construir esa reindustrialización y ese nuevo sistema productivo que señalaba. Hay que fijarse mucho en las reglas de las compras públicas, en la propiedad intelectual y en los mercados como medicamentos, la biotecnología, satélites…

 

La letra chica…

Letra chica y no tanto porque los países potentes en el mundo, con proyectos, discuten esto. Los países que tienen proyectos que no piensan en una integración al mundo subordinada, si no que quieren ser protagonistas, discuten estos capítulos. En Argentina discutimos muy poco estos capítulos donde se discute la porción más grande de la torta de lo que viene y nos quedamos con las porciones más chicas. Preocupa mucho que las relaciones internacionales quedan subordinadas a necesidades de política nacional porque todo se hace mucho más cortoplacista. Si se necesita firmar algo para darle impulso a la imagen del Gobierno, el futuro se escapa por la ventana.

 

Además, en el corto plazo puede agravar el déficit comercial…

Sí, sin duda, hay que repensar el Mercosur, la integración en América Latina y repensar la relación con Europa, Estados Unidos y China. Estamos en una situación de cambio, transformaciones importantes y cuan buena o cuan mala sea la lectura de estas tendencias, lo que se conoce técnicamente como el policy space, va a dar el margen de maniobra que vamos a tener para desarrollar un proyecto económico que beneficie a las mayorías en Argentina

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