Sobre el programa nuclear de Irán

A casi tres años del acuerdo por el Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC), ¿cómo continúa el tema y qué rol debe desempeñar Argentina?

 

Por Atilio Molteni Embajador

 

Las irreales ambiciones nucleares de Irán generan uno de los problemas más actuales y sensibles que enfrenta la comunidad internacional. Después de años de negociaciones, el 14 de julio de 2015 los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, Alemania y la UE llegaron a un arreglo con ese país en el marco del denominado Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC). Lejos de ser un tratado o un acuerdo ejecutivo, se estableció un conjunto de entendimientos políticos que limitan el aludido programa nuclear, sin que ello incida sobre otras acciones de Irán que puedan afectar la paz y el equilibrio regional.

 

Tanto los defensores como los detractores del arreglo consideran que fue un acontecimiento histórico. El ex presidente Barack Obama sostuvo que ese era el más importante de sus legados internacionales, pues no se basa en la confianza sino en la verificación. El creía que tal arreglo era preferible a un Irán poseedor de armas nucleares porque tal opción haría que otros países caigan en la tentación de imitar el modelo. Concretamente, eliminó la posibilidad cierta de un enfrentamiento con Israel, una derivación que hubiera arrastrado a Estados Unidos.

 

El problema más serio del arreglo es que tiene plazos de aplicación definidos. Por ese motivo, Irán va a recuperar la posibilidad de volver a su programa de enriquecimiento de uranio ya que, al terminar la  vigencia del arreglo en diez a trece años, de los que ya transcurrieron más de dos, no tendrá otras limitaciones que las surgidas de los efectos del Tratado de No Proliferación (TNP). Además, a Teherán estos hechos le quitan amenazas inmediatas y permiten concentrarse tanto en el desarrollo de su economía como en una mayor integración al mundo.

 

Los oponentes al arreglo entienden que Irán logró quedar legitimado como un país en el umbral nuclear, al tener el know-how y la capacidad de adquirir armas nucleares en el futuro, aunque durante años va a estar sujeto a un sistema de salvaguardias muy intensas. Para ellos, la capacidad de enriquecimiento resulta muy amplia, los plazos muy cortos, el sistema de verificación tiene escapes, el mecanismo de aplicación es dudoso y no resuelve los problemas regionales. Las alternativas consistirían en negociar un acuerdo mejor, perfeccionar su implementación, extender su vigencia y concretar acciones para subir los costos políticos de las actividades regionales iraníes.

 

El arreglo comenzó a ser aplicado el 16 de enero de 2016, después de que Teherán cumplió con las condiciones previstas en el texto. Conforme con la  Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) hasta el presente, y de conformidad con lo dispuesto en la resolución 2231 del Consejo de Seguridad, Irán cumplió con lo pactado y no se detectaron violaciones materiales, ya que desmanteló miles de centrífugas, inutilizó el reactor de plutonio de Arak, cerró su planta de agua pesada, y entregó su material nuclear, mientras los inspectores internacionales tienen la posibilidad de inspeccionar sus instalaciones (aunque se presume que explota ciertas lagunas y ambigüedades del texto).

 

Durante su campaña electoral, Donald Trump cuestionó el proceso sin ambigüedades, pues lo consideró defectuoso y una capitulación frente a Irán. Luego alegó que su gobierno no cumplía ni respetaba su espíritu. El 19 de septiembre de 2017 calificó a Irán, ante la Asamblea General de la ONU, como una dictadura corrupta oculta bajo una falsa democracia. Estas declaraciones significaron el total menoscabo del enfoque promovido por Obama. La crítica central a su predecesor, se basó en que hizo foco en la cuestión nuclear y no tuvo en cuenta otras actividades peligrosas que permitían consolidar la influencia regional de Teherán.

 

En mayo de 2017, al realizar su primer viaje internacional como presidente, Trump intentó mejorar sus relaciones con Arabia Saudita, país sunnita y principal rival regional de Irán. Inclusive, algunas de sus declaraciones en Rihad hicieron suponer que existió un acuerdo sobre las medidas de contención y aislamiento contra Irán, incluyendo lo que ocurre en Yemen. Washington también le aplicó nuevas sanciones, dejando atrás la conciliación y el diálogo. Ese es la criterio que alienta el primer ministro de Israel Benjamín Netanyahu, quien siempre cuestionó las negociaciones con Irán e interpretó la elección de Trump como un momento propicio para aumentar la presión colectiva sobre Teherán, a la que considera como la mayor amenaza de seguridad nacional.

 

El 13 de octubre de 2017, el presidente Trump no homologó la conducta de Irán en los términos exigidos por la ley Corker-Cardin, afirmando que Teherán no cumple con el espíritu del PAIC. Sin denunciar el arreglo, trasladó la cuestión al Congreso. Le solicitó que elabore un proyecto de ley para remediar “muchos defectos” y asegurarse que Irán no pueda amenazar con armas nucleares y otras acciones. Luego fijó un plazo que vence el 12 de mayo próximo para retirarse del PAIC

 

Los líderes de Francia, Alemania y Gran Bretaña advirtieron a Trump que el PAIC debía preservarse, al ser un paso muy importante para asegurar que el programa nuclear iraní no se oriente hacia fines militares, subrayando que había sido endosado unánimemente por el Consejo de Seguridad. Recordaron que imponer nuevas condiciones a la conducta iraní excede lo convenido en el PAIC que es, exclusivamente, un Arreglo de desnuclearización para detener el programa antes que alcance un arma nuclear. Por otro lado, el intento de reimponer sanciones internacionales depende de la voluntad de los demás miembros del Arreglo, incluidos Rusia y China, objetivo difícil de lograr en las presentes circunstancias, lo que resentiría la posibilidad de actuar colectivamente y permitiría a Irán reiniciar sus actividades nucleares.

 

Este tema va a ser discutido este mes en conversaciones transatlánticas, donde los europeos analizan presentar algunas posiciones básicas: para negociar con Irán límites a sus pruebas con misiles de gran porte, seguridades de que los inspectores del OIEA tendrán acceso irrestricto a las bases militares iraníes, y la postergación de las fechas fijadas en el PAIC para que Irán pueda reiniciar la producción de combustibles nucleares (las restricciones actuales expiran en 2030).

 

Dada su importancia estratégica global, Argentina debería evaluar seriamente cómo tratar esa problemática en su programa de inserción inteligente en el mundo, en tanto la preservación de la paz es una obvia prioridad de política exterior.

Te puede interesar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *