El mercado avisa que seguirá “toreando” a un BCRA “pudoroso”

Que el dólar no tenga que subir más, en medio de las negociaciones paritarias y con un claro traslado a precios (el famoso pass-through), es una necesidad del Gobierno

Por Leandro Gabin

 

 

El BCRA pasó del gradualismo a la acción. Después de haber tenido tibias intervenciones en el mercado de cambios (el lunes vendió US$ 30 millones y el miércoles cuando soltó otros US$ 20 millones), tuvo que hacerse cargo de la situación. Hizo, en definitiva, lo que podría haber hecho días atrás: intervenir con firmeza. Pero lo costó. No sólo porque vendió un total de US$ 123 millones ayer sino porque tuvo que hacerlo por tramos cuando aparecía sin hacer mella en la suba de la divisa.

 

“Es difícil que el dólar baje mucho de estos niveles. La forma de intervenir del BCRA es poco clara y el mercado no le cree. Creo que lo van a seguir toreando hasta que pongan posturas fuertes. Pero no lo va hacer, a duras penas se anima a tirar poco más de US$ 100 millones y en distintos precios”, resaltaban desde la mesa de dinero de un banco líder. “Yo creo que van a tener que seguir vendiendo para contener el dólar”, aseguró el ejecutivo desde su torre en Puerto Madero. Tanto el mercado de futuros como el contado con liqui quedó “tomador” para el arranque de hoy, lo que presagia otra jornada de presiones alcistas del billete que Reconquista 266 tendrá que recortar a fuerza de reservas. “La demanda va a seguir firme. Alguien más va a tener que vender dólares para cubrir eso. O el sector privado o el Central. Pero alguien la tiene que poner”, resumieron desde otra mesa bancaria. Lo que se preguntan en la city porteña, después de la intervención oficial de ayer, no es menor. ¿Fue decisión de Sturzenegger salir a ponerle un freno al billete tocó máximos de $20,45? ¿O hubo presión del ala política?

 

Muchos creen que la orden “vino de arriba”, léase desde el Palacio de Hacienda y Jefatura de Gabinete. Que el dólar no tenga que subir más, en medio de las negociaciones paritarias y con un claro traslado a precios (el famoso passthrough) es una necesidad del Gobierno. Se notaba cierta incomodidad en Casa Rosada con la suba del dólar cuando, en reuniones informales, venían diciendo que ya estaba acomodado a un valor “correcto”. La especulación es que el alza adicional que se estuvo viendo, entonces, no fue del agrado de Jefatura de Gabinete que habría elevado las consultas acerca de por qué el BCRA no emitía una señal correctiva. El problema es el mismo de siempre: este Banco Central no cree en la intervención. Con pudor, actúa cuando no le queda otro remedio. Así fue el año pasado en el momento más álgido de las PASO cuando el mismo Mauricio Macri tuvo que darle la orden a Sturzenegger para que cortaran la suba del dólar. De ahí salió, como explicación oficial a la intervención, lo de “movimiento disruptivo”.

 

La suba del dólar, es cierto, mejora la competitividad cambiaria de la Argentina. Empezar a subsanar eso fue lo que estuvo detrás del cambio en las metas a fines de diciembre. En Hacienda buscaban una “actualización” del dólar para arrancar el año mejor y así sostener el ritmo de la economía (las exportaciones que vienen flojas). Pero, se sabe, devaluar no es como hacer magia. Y de hecho, todavía no se recuperó la competitividad perdida.  Según la consultora LCG (que fundara Martín Lousteau), retomar los niveles de competitividad pre cepo cambiario, cuando el tipo de cambio ya se consideraba atrasado, demandaría un dólar a $ 24,9. “Más allá del timing esperamos que el Gobierno apunte a reducir gradualmente el atraso cambiario de manera de dinamizar al sector externo y dar impulso a la inversión. Pero para ello será clave el poder de convencimiento del BCRA (y para nosotros, de todo el Gobierno como coordinador), logrando anclar las expectativas de inflación y reduciendo el traslado del ajuste del tipo de cambio a los precios; en última instancia ir hacia una mayor la flexibilidad de precios relativos”, señalan. Sin embargo, advierten que por lo pronto, una devaluación de 8% en sólo dos meses, “desafía enormemente la meta de inflación del 15% en todo el año”.

 

Y ahí está también la clave en Casa Rosada. El querer frenar la devaluación tiene que ver con que la economía ya no puede amortiguar un dólar más caro sin que se traslade a precios. La meta oficial es que la inflación sea menor que la del año pasado. Y firmarían con los ojos cerrados 20%. Pero, ese target también se ve desafiante si el dólar no empieza a correr a una velocidad crucero casi inadvertida para la sociedad.

 

En el mercado se preguntan cómo seguirá la “flotación confusa” del BCRA (frase que acuñó Martín Redrado). Es una incógnita. Está claro que con más de US$ 60.000 millones en reservas, artillería le sobra. La cuestión es la intervención culposa que no termina por amedrentar a la demanda ni, por el otro lado, potencia la oferta de dólares. “Si marcaran en serio que el dólar tiene un techo, no sólo se correrían los compradores sino que la oferta aparecería. Pero no hay nada de eso porque no mueven al mercado siendo tan tibios”, explicó otro banquero privado.

 

Que el dólar suba ya sin sentido tiene otro impacto el stock de deuda pública. Un interesante informe de Elypsis, una de las consultoras más escuchadas en despachos oficiales, señala que la importante participación de la deuda en moneda extranjera expone a los ratios de deuda ante variaciones del tipo de cambio. Así, el endeudamiento en moneda dura compone 77% de la deuda neta de cross-holdings (o bien 20% del PBI). Según sus proyección base (con un tipo de cambio promedio de $ 20), la deuda neta ascendería a 27,3% en 2018. Sin embargo, con un dólar promedio de $ 21, $ 22 o $ 23, la deuda alcanzaría 28,6%, 29,7% o 30,7%, respectivamente, en 2018.

 

La buena noticia es que la suba del dólar impacta menos en el resultado fiscal del Tesoro. Elypsis comenta que la posición neta financiera deficitaria expuesta al tipo de cambio se redujo en 2017, situándose en US$ 6.300 millones (-0,9% del PIB) frente al US$ 7.900 millones (-1,3%) en 2015. Como resultado, dicen, hay una posición neta de los flujos del Tesoro relacionados directamente a la variación del dólar por US$ 900 millones positiva o del 0,3% del PIB. Por su parte, el pago de intereses en moneda extranjera crece, pasando de US$ 5.000 millones a US$ 7.200 millones.

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