Los desafíos del cuarto gobierno de Merkel

La relación con Trump es compleja y Macron exige definiciones para avanzar en una reforma integral de la UE

 

Angela Merkel comenzó ayer su cuarto, y probablemente último, período como canciller de Alemania. El proceso previo fue complejo y prolongado dado que duró casi seis meses porque Merkel obtuvo menos votos de los esperados en las elecciones de septiembre y los socialdemócratas, sus socios en dos de sus tres mandatos anteriores, habían advertido que no querían formar parte otra vez del gobierno.

 

Por eso Merkel procuró lograr acuerdos con partidos menores pero fracasó en el intento por falta de coincidencias en las políticas a aplicar. En ese contexto volvió a escena el SPD para asegurar que haya gobierno y frenar el avance de la ultraderecha que obtuvo una buena cantidad de bancas en el Parlamento federal. EL SPD pidió cargos y exigió varias definiciones en materia de políticas  públicas, entre ellas las de inmigración, para hacer un acuerdo. De todas maneras, los dirigentes tuvieron que poner el acuerdo a consideración de las  bases socialistas. Recién con su aprobación se  puso en marcha por tercera vez la llamada Gran Coalición entre los rivales del sistema político de la posguerra: los democristianos y los socialdemócratas.  Pero este tercer capítulo aparece con más desafíos que los anteriores.

 

Uno de ellos proviene de la distante relación se ha planteado entre Estados Unidos y Alemania, que fueron grandes aliados en el mundo de la posguerra. Donald Trump acusa al gobierno alemán de no contribuir lo suficiente con los gastos que implica la defensa militar del continente. También sostiene  que Alemania tiene prácticas económicas desleales que la llevan a tener un enorme superávit en el intercambio comercial con Estados Unidos. Trump amenaza con establecer impuestos sobre los autos que son la joya del modelo exportador de Alemania. Pero en los últimos meses evitó todo tipo de confrontación con el presidente estadounidense. Pero los desafíos no provienen solo del otro lado del Atlántico porque también el presidente de Francia, Emmanuel Macron, impulsa una reforma profunda de la Unión Europea y quiere una definición clara de Alemania al respecto.

 

Merkel no quiere demorar la discusión del tema y por eso el viernes irá a París junto al ministro de Finanzas, Olaf Scholz uno de los funcionarios socialdemócratas que habrá en el Gobierno pero cuyas ideas económicas son ortodoxas y por lo tanto están en sintonía con las de Merkel. Para los analistas, resulta claro que Sccholz será el número dos del cuarto gobierno de Merkel.

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