Lo que fácil viene, fácil se va….

Si este refrán tiene algo de cierto, es probable que la fiebre de las redes sociales también sea alcanzada por él: solo el tiempo lo dirá

Por Leandro Peres Lerea @pereslerea

 

En la Historia de los medios hemos visto nacer muchos soportes: diarios, radios, TV, Cable, Cine, Video, CD, DVD, Netdlix, etcétera. Pero hasta ahora ningún medio elimino a otro y cada uno fue readaptándose a las novedades. Por ejemplo, la radio dejo el teleteatro y así creció como un medio indiscutido en su tarea.

 

Llevo casi veinte años como usuario de Internet y desde entonces vi nacer, crecer, vivir y morir a miles de marcas como nunca antes. Mirc, ICQ, MSN, Fotolog, Blogspot, MySpace, Hi5 y, obviamente, Facebook, Twitter, Instagram y WhatsApp. Una breve historia con un cementerio lleno de grandes éxitos que iban a cambiar el mundo.

 

Lo que tenemos que determinar es cuantas de todas esas posibilidades tecnológicas pueden sernos útiles con el poco tiempo que disponemos. ¿Podemos hablar con nuestros amigos en las redes? ¿Cuánto tiempo tenemos para ello? ¿Usamos las infinitas funciones que cada red social ofrece? ¿Qué tan interesante puede ser el contenido de nuestros amigos? Si tenemos casi a los mismos contactos en cada red, ¿para qué queremos más de una? Un laberinto de preguntas que rara vez se hacen en esta vorágine informativa.

 

Quizás contrariamente a la opinión “interesada” de gurúes tecnológicos que dicen que la tecnología va a arrasar con todo es posible que esa premisa no sea tan absoluta.

 

Esa opinión que dice desde sus intereses que lo que sucede en las redes es un termómetro de la sociedad o que reflejan lo que a esta le interesa esta tan solo magnificando al punto de la parodia el rol de las mismas. Una opinión que de simplista peca de inocente.

 

No niego su impacto, y no soy quien para decir que va a suceder en el futuro, pues ello sería harto pretencioso, pero los últimos veinte años han sido de grandes cambios y grandes avances, pero también de muchos fracasos.

 

Lo que es inevitable de ver es que existe una “infoxicación” tal que no hay ser humano que pueda digerir tal cantidad de información y datos. Eso a la par de una cuantificación absoluta del uso de la web que lleva a concluir que quien tiene más fans es mejor.  ¿Importa el tamaño?

 

Cuantificación que dice que lo cualitativo no existe. Que lo que importa son clics, visitas, compras, me gusta y más clics. Todo muy permeable al accionar de algoritmos y robots. Sino pregunten a Mark Zuckerberg como la está pasando con el creciente escandalo que azota a Facebook.

 

Otras preguntas que quedan por responder. ¿Para qué queremos las redes sociales? ¿Las queremos para divertirnos? ¿Para educarnos? ¿Para vigilar al poder? ¿Chusmear a nuestros amigos? ¿Las queremos para vender? ¿Para consumir? Pequeña cuestión que aún no ha sido saldada.

 

Es probable que estemos en un proceso que no sepamos donde nos lleva y a donde termina…si es que termina. Pero “lo que no me mata me fortalece” dice el refrán que, quizás, el día de mañana digan los medios tradicionales cuando la espuma de las redes sociales baje y estos hayan podido adaptarse y mejorar ofreciendo al público un contenido mejor que el de antes.

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