El debate sobre el gradualismo

El proceso de saneamiento macro tiene buenas chances de seguir avanzando y el deterioro del contexto externo no será tan severo

 Por Federico Muñoz (*)

 

En el inicio del 2018, ha vuelto a agitarse un debate respecto a la pertinencia de uno de los rasgos característicos de la estrategia económica macrista: su gradualismo.

 

¿Podría ir más rápido el BCRA en la lucha contra la inflación? Podría, pero –a tal efecto- debería ejecutar una política monetaria mucho más contractiva y desentenderse completamente de otros objetivos. Así, por caso, dejaría de comprar los dólares que le vende el Tesoro con lo que el tipo de cambio colapsaría; y la tasa de interés tendría que ser mucho más alta que la actual, lo que empujaría la economía a una segura recesión. Dados los grandes costos asociados, pocos avalarían este hipotético accionar del BCRA. En rigor, a finales del año pasado, Federico Sturzenegger soportó un embate de la Jefatura de Gabinete precisamente porque consideraba que la política monetaria era demasiado contractiva; en otros términos, que el BCRA estaba siendo menos gradualista que lo conveniente.

 

Más intenso todavía es el debate en el frente fiscal ¿Podría reducirse más rápido el déficit de las cuentas públicas? El Gobierno se propuso un recorte progresivo del rojo primario hasta un proyectado de 2,2% del PIB en 2019; una meta que varios colegas consideran muy poco ambiciosa. Sin embargo, analizada en perspectiva, esa meta dista de ser fácil de alcanzar. Hasta aquí, casi todo el ajuste recayó en el recorte de subsidios de la mano de los aumentos de tarifas; estrategia que generó no pocas quejas del grueso de la sociedad. Pero más de la mitad del gasto son prestaciones sociales actualizadas por una fórmula muy generosa. Era imperioso corregir esta fórmula para dotar de sustentabilidad a las cuentas públicas. El Gobierno aprovechó el envión del triunfo electoral para motorizar una reforma previsional que ampliara la base de sustentación del ajuste. La reforma (bastante light, pues –con suerte- sólo estabilizará el gasto en jubilaciones sobre el PIB) terminó aprobándose, pero el Gobierno dejó jirones de capital político en el proceso. De hecho, en la fase más álgida de la discusión, la propia estabilidad institucional parecía estar amenazada.

 

El enorme costo político que sufrió el gobierno tras la reforma previsional debía haber saldado el debate: la situación social y política sigue siendo muy delicada y el gobierno no está en condiciones de motorizar un ajuste monetario y fiscal draconiano como el que reclaman los colegas libertarios. El gradualismo es la única estrategia económica viable en este contexto. Pero así como el gradualismo es la única estrategia económica que resulta social y políticamente sostenible, debemos reconocer que tal curso de acción no tiene el éxito garantizado. El fracaso del programa económico macrista puede darse por complicaciones en el avance del proceso de saneamiento macroeconómico o, más probablemente, por un eventual deterioro ulterior del contexto internacional que complique el financiamiento de nuestros déficits.

 

Nosotros seguimos siendo cautamente optimistas. Creemos que el proceso de saneamiento macro tiene buenas chances de seguir avanzando y que el deterioro del contexto financiero externo no será tan severo como para vedarnos el acceso al financiamiento. Pero reconocemos que, tanto por factores exógenos como endógenos, no podemos descartar la posible ocurrencia de escenarios económicos bastante más pesimistas.

 

(*) La columna es la editorial del último informe semanal de la consultora.

Te puede interesar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *