A diez años de la 125, el conflicto que marcó la política argentina

Lo que comenzó como una rebelión fiscal y parecía circunscripto al campo, terminó siendo un hecho de enorme influencia política con múltiples repercusiones

 

Por Eliana Esnaola 

 

Por estos días, en el sector agropecuario se vive un clima de recuerdo. El domingo 11 se cumplen diez años del comienzo del conflicto por la resolución 125. Aquel paro que duró más de tres meses, y marcó un antes y un después en la política argentina, y fue para muchos, el comienzo de la grieta. En este sentido, El Economista dialogó con algunos dirigentes rurales que protagonizaron la defensa de los reclamos del sector. Distintas entidades que habían realizado pocas actividades en común y que tenían diferencias históricas, integraron en ese entonces la Mesa de Enlace que tuvo mucho protagonismo.

 

Ni olvido, ni perdón

 

Alfredo De Angeli, actualmente es senador y presidente de la Comisión de Agricultura en el Senado. Durante el conflicto, era dirigente ruralista de la Federación Agraria Argentina de la provincia de Entre Ríos. En diálogo con este medio, relató: “El primer piquete que encontré fue en la ciudad de Basavilbaso, después otro en Diamante y así sucesivamente. Al principio había mucha confusión y desconfianza entre nosotros porque había muchos productores que no estaban organizados en ninguna entidad”. Gradualmente se fueron organizando y las distintas entidades del sector empezaron a tomar contacto entre sí. “Llegamos a cien días de conflicto por falta de diálogo y por ausencia de un Gobierno que escuchara más los productores. Para nosotros fue un atropello al sector agropecuario”, enfatizó.

 

Para Mario Llambías, quién presidía en aquella época Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), aquel hecho significó una gran preocupación. “Sabíamos que estaba en juego mucho más que un resultado económico, sino la posibilidad clara del país de seguir produciendo. Esto nos llevó a movilizarnos y posteriormente se fue viendo que había una decisión del Gobierno de no hablar, de no aceptar sugerencias y de imponerle al Poder Legislativo el proyecto a libro cerrado”, manifestó.

 

La 125 fue una resolución propuesta por el ministro de Economía, Martín Lousteau, durante la presidencia de Cristina Kirchner, que establecía un sistema móvil para las retenciones impositivas a la soja, el trigo y el maíz. El Gobierno primero lo hizo mediante  una resolución porque no necesitaba hacerlo por ley. Pero, dado el conflicto político que se  generó y el fracaso de algunas negociaciones que se intentaron, el Gobierno decidió llevar el tema al Congreso. Logró la aprobación en Diputados, pero luego,  el 17 de julio,  se dio una situación de empate en el Senado y tuvo que desempatar el vicepresidente, Julio Cobos con la famosa declaración: “Mi voto no es positivo”.

 

Venía todo mal, habían cerraron las exportaciones de carne vacuna, los pequeños y medianos productores estaban endeudados con el Banco Nación. De Angeli, fue claro y contundente: “La 125 fue la gota que rebasó el vaso, era como una confiscación a la producción. Lo único que andaba más o menos era la soja, el maíz y el trigo con las retenciones no se podía sembrar. Era una expropiación a la producción”.

 

Según De Angeli, gracias a los medios de comunicación mucha gente que no tenía nada que ver con el campo, se dio cuenta de la confiscación que le iban hacer a los productores. “Empezaron a ver que se iban a empobrecer los pueblos del interior porque ese dinero que tenía que quedar en las localidades iba a ir a un Gobierno centralista, por eso encontramos tanta simpatía de la gente. Con esas retenciones, si el productor perdía igual le cobraban, era como un saqueo”, subrayó.

 

En tanto, Llambías recordó que “había un sentimiento de preguntarnos por qué no entendían o no querían cambiar las cosas y también tristeza por las oportunidades que se ha perdido el país en desarrollar una economía interesante, donde el campo podría ser el punto de inicio con un crecimiento parejo”.

 

La balanza

 

Al referirse a lo positivo y negativo que dejó el conflicto, De Angeli señaló que fue una lección cívica y ayudó a que muchos productores entendieran la necesidad e importancia de estar agremiados. Por su parte, Llambías rescató como positivo la unidad del campo y el acompañamiento a los productores. “La mayoría de la gente de la ciudad se dió cuenta que había un reclamo justo y que estaba siendo en beneficio de todos”, reflexionó.

 

“Lo negativo fue la división de la sociedad, porque la expresidenta nos trataba de oligarcas, terratenientes, piquete de la abundancia y eso hizo que se abriera una grieta, lo malo fue la división que hizo de los argentinos”, expresó De Angeli. Para Llambías, a posteriori estuvo muy mal reflejada toda esta acción porque en lugar de corregirse las medidas, se fue castigando cada vez más al sector productivo y nos llevó entre otras cosas a una liquidación de vacunos, a una complicada producción de trigo y sin duda a un monocultivo. “Confío en que el campo le puede seguir aportando mucho a la economía del  país, que puede contribuir aún más al crecimiento. El campo es la solución y no el problema de todos los conflictos”, aseguró.

 

La grieta

 

Lo que comenzó como una rebelión fiscal que parecía un problema circunscripto al campo, terminó siendo un enorme hecho de influencia política. Fue la primera derrota política del kirchnerismo que había ganado las elecciones 2003, 2005 y 2007. Cuando ocurre la 125 Cristina Kirchner recién estaba en sus primeros tres meses de gobierno y condicionarían los restantes. Se inició una etapa de grandes movilizaciones porque inicialmente los actos contra la 125 empezaron siendo del sector, pero después se sumaron las fuerzas políticas y también desde el Gobierno realizaron grandes actos en respaldo a la iniciativa. Por eso hay quienes afirman que fue el comienzo de la grieta porque todos aquellos sectores políticos que acompañaron al reclamo del campo quedaron definitivamente en el terreno opositor, muchos de ellos habían competido entre sí en las elecciones de 2007, pero a partir de ese momento se pusieron todos en la vereda de en frente del Gobierno. Se polarizó mucho la vida política argentina a partir de ese hecho, entre los que cuestionaron la 125 y el Gobierno.

 

También cambió la estrategia del oficialismo, en 2006 Néstor Kirchner había impulsado la Concertación Plural, una alianza que consistía en juntar al kirchnerismo con el radicalismo K. Al votar Cobos en contra de la 125, se rompió la alianza estratégica y el kirchnerismo se recostó más en el peronismo, se hizo más ortodoxo, se cerró sobre su propia estructura y no apuntó a ser un movimiento que cortara transversalmente a las fuerzas políticas como ocurrió en los primeros años de su gestión.

 

A raíz de la cobertura periodística que se realizó sobre el conflicto, comenzó un distanciamiento muy grande del kirchnerismo con algunos medios con los cuales había tenido muy buena relación, sobre todo con Clarín.  Esa confrontación llegaría a su punto máximo cuando se trató la Ley de Medios.

 

En general había un movimiento muy grande en las provincias en contra de la 125, y por lo tanto, se rompieron acuerdos que tenía el kirchnerismo con algunas figuras del interior. Hubo cambios en el Gobierno, dado que Martín Losteau renunció, Alberto Fernández dejó la jefatura de Gabinete  y fue reemplazado por Sergio Massa. El Gobierno se vio obligado a oxigenarse.

 

Nuevas organizaciones

 

A raíz del conflicto, surgieron algunas organizaciones comprometidas con el sector agropecuario. Tan es así que en 2008 en el contexto del tratamiento de la resolución 125, nació la Fundación Barbechando. “Aprendimos que no alcanza con protestar, sino que también debemos dialogar y proponer”, señalan desde la Fundación. Por otro lado, durante los días de movilización, a un grupo de productores que estaban sobre la Ruta A005 (Río Cuarto, Córdoba), se les ocurrió crear la a Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina FADA. Hoy, es una institución sin fines de lucro que elabora y difunde proyectos de políticas públicas, con el fin de mejorar la calidad de vida de los argentinos con foco en la creación de empleo genuino y un desarrollo integral de Argentina.

 

De esta manera, las repercusiones que tuvo el hecho fueron múltiples. Un tema específico del campo, produjo cambios en el Gobierno, en la política de alianzas, hubo un realineamiento político general y la polarización fue en aumento. En las  elecciones legislativas siguientes, en 2009, como secuela de aquel conflicto, hubo muchos candidatos vinculados a las entidades del campo y se los conoció como agrodiputados. El oficialismo perdió en 2009, pero Cristina  Kirchner ganó ampliamente las elecciones de 2011, entre otros motivos, curiosamente, por la mejora de los precios de los productos agropecuarios que permitieron una expansión de la economía.

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