Derechos y oportunidades

La escasa participación femenina en la economía le quita empuje al crecimiento

 

Por Florencia Barreiro

 

El dato es clave para empujar el cambio: si las mujeres participaran de la economía de la misma manera que los varones, el PIB mundial crecería 20% para el 2025, según datos de McKinsey. Decidir no aumentar su participación en el mercado laboral se equipara a perder la posibilidad de inyectar talento y habilidades para el desarrollo de los países.

 

“Aumentar la participación de la mujer no es sólo una cuestión de derechos, es una oportunidad”, asegura con mucho ímpetu Andrea Grobocopatel, co-chair de W20, la red transnacional que reúne a mujeres líderes que apuestan a marcar la agenda de los grupos de toma de decisión del G20. “Incorporar a las mujeres en los lugares de decisión y en la economía nos conviene como sociedad y como país”.

 

Grobocopatel, también presidente de la Fundación Flor, asegura que ahora es el momento de “articular esfuerzos para sumar logros  y, sobre todo, para cambiar las estadísticas y la foto”. Está convencida  deque una de las tareas más importante es sensibilizar y contagiar el entusiasmo por el cambio, pero destaca que si esto no es acompañado por políticas públicas, la transformación tardará mucho más. “Las políticas públicas acompañan, colaboran y crean un impacto más inmediato”, afirma.

 

La foto actual es realmente una postal de desequilibrios que ponen a la mujer en una situación de desigualdad frente a los hombres. La inserción de la mujer en el mercado de trabajo es todavía muy débil y, según varios estudios, se estancó en los últimos años, con una brecha de 27% a favor de los hombres. En la región, la tasa de participación laboral femenina se mantiene desde hace un tiempo en torno al 53%, según la Cepal.

 

Además, las mujeres tienen más probabilidades de estar desempleadas que los hombres. Y pobreza, desigualdad económica, desempleo y desigualdad de género se tocan. En el primer quintil, cerca de 15% de las mujeres se encontraban desempleadas, frente al 10,5% de los hombres. En el tercer quintil, el desempleo femenino correspondía al 7% y el masculino al 4,9%, mientras que en el quintil de mayores ingresos estos porcentajes disminuyen a 3% y 2,5%, respectivamente.

 

A esta débil participación en el mercado laboral se suma la falta de calidad de los trabajos y una participación muy alta en tareas de tiempo parcial. Cerca de 57% de los empleados a tiempo parcial son mujeres.

 

“Una de las barreras que enfrentan las mujeres para su desarrollo es que todavía dedican más del triple de tiempo que los hombres al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado”, expresa Cecilia Inés Giordano, CEO de Mercer y co-chair de Argentina de la Iniciativa de Paridad de Género – Público – Privada.” Esto impacta negativamente en las oportunidades de las mujeres —ya sea de educación, empleo, participación política o descanso y ocio— y es un obstáculo tanto para el empoderamiento económico como para el disfrute de sus derechos en igualdad de condiciones con los hombres”, señaló.

 

Un estudio de la Universidad Siglo XXI asegura, asimismo, que las mujeres presentan un mayor nivel de demanda y exigencia familiar y laboral. El 33% de las mujeres se encuentra agotado después de una jornada laboral, mientras que sólo el 26% de los hombres se siente así.

 

Muchas veces, las desigualdades incluso se arrastran desde el nivel educativo. La bioingeniera Paula Celoria –primera persona en graduarse de esta carrera en el ITBA–explica que una de las mayores dificultades que tuvo que afrontar fue la de decidir avanzar en una carrera que parecía reservada para los hombres. “Para mí es lógico pensar que hay una barrera al intentar compaginar familia y trabajo, nos pasa a todos. Pero, ¿es una razón para que busque otro tipo de educación y no pueda perseguir lo que me gusta?”, reflexiona.

 

Jésica Salvini,  ingeniera de pista en el equipo Martos Competición de la categoría automovilística Turismo Nacional,  aconseja que “trabajar en equipo y demostrar desde un principio que se puede trabajar de igual a igual, sin importar el género, es lo que lleva a ocupar un lugar en el cual se respeten las opiniones profesionales de una mujer tanto como las de un hombre”

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