“El crecimiento será más elevado a partir de 2019”

El Economista dialogó con Walter Ramírez (Gerente de Research de Supervielle)

 

Entrevista a Walter Ramírez Gerente de Research de Supervielle Por Alejandro Radonjic

 

En una entrevista a fondo, Walter Ramírez, gerente de Research de Supervielle, ofrece su visión sobre cómo seguirá el crecimiento de la economía, la lenta marcha de la desinflación, el delicado equilibrio externo, el empuje del crédito privado y la posibilidad de ascender a “mercado emergente” en 2018.

 

Comencemos hablando sobre crecimiento. En nuestra última entrevista, hace casi doce meses usted dijo que Argentina crecería varios años y a tasas de 4%. ¿Sigue siendo tan “bullish”? Digo “bullish” porque el mercado es un poco menos optimista…

Sigo siendo muy optimista con Argentina. Este país ha crecido durante décadas por debajo de su potencial y peor aún es el hecho de que ha ido reduciendo su tasa de crecimiento de largo plazo. Esto puede cambiarse y creo que estamos en eso. El año pasado, la tasa de crecimiento habría sido del 2,8% y para 2018 se espera una tasa similar de expansión. Lo cierto es que no está tan mal para una economía que cambió el sesgo de su política monetaria y fiscal hacia uno más contractivo y que está haciendo un fenomenal ajuste de precios regulados, como la suba de tarifas, que desplaza capacidad de consumo. En 2017, el World Economic Forum ubicó a nuestro país en el puesto 92 de 137 en términos de competitividad. Este resultado no es nada para enorgullecerse aún, sin embargo, en 2016 estábamos en el puesto 104 y en 2015 en el 106. Esta es la principal tarea que tiene por delante nuestro país: mejorar nuestra competitividad, nuestra eficiencia y sentar, así, las bases para incrementar el potencial de crecimiento de largo plazo, dejando que los factores externos determinen si se crecerá un poco más o un poco menos. Confío en que la calidad de los economistas del BCRA y del Gobierno y la sabiduría conjunta de los actores políticos nos permitirán superar exitosamente el período de transición hacia una situación más sustentable y, por ende, menos vulnerable. Para 2019 en adelante espero tasas de crecimiento más elevadas que las de 2017 y 2018, lo que nos permitirá ir corrigiendo los desequilibrios fiscal y externo de una manera más llevadera para el ciudadano común.

 

Pasemos ahora a la inflación, que amerita visiones extremas. Por un lado, la negativa, es que sigue siendo alta y mayor que la prevista por las autoridades en sus metas y, por el otro, la positiva, es que está bajando y seguiría haciéndolo. ¿Con qué visión prefiere quedarse?

Con las dos. Es malo que, a dos años desde el cambio de Gobierno, aún estemos cómodamente arriba del 20% interanual. Sin embargo, no podemos ignorar que ese resultado se dio en el marco de un ajuste de precios relativos. Por ejemplo, en la ciudad de Buenos Aires se dio, entre noviembre de 2015 y enero de 2018, un aumento de 171% en precios regulados que estaban atrasados y una devaluación del tipo de cambio real multilateral del orden del 25%, también con respecto a los valores de noviembre de 2015. Creo que debemos ser pacientes con el tema de la inflación y velar porque el BCRA, juntamente con el Ministerio de Hacienda, continúe sin pausa trabajando en el proceso de desinflación de nuestra economía.

 

¿Preocupan las cuentas externas y el rojo de cuenta corriente en 5% del PIB o es parte de la integración al mundo y el abandono de la autarquía comercial y financiera del anterior Gobierno?

No considero que el rojo de la cuenta corriente, en las condiciones actuales, sea necesariamente un correlato de la integración al mundo ni del abandono de la autarquía. Es la consecuencia de que el país, como un todo, está consumiendo por encima de sus posibilidades. Un déficit fiscal en torno al 6% valida esta aseveración y una reducción de este, al final de cuentas, no es otra cosa que la administración de una reducción en el consumo agregado. Debido al financiamiento del déficit fiscal ingresan divisas que se utilizan para financiar el déficit de la cuenta corriente. Es necesario reducir el déficit fiscal lo más rápido posible teniendo cuidado de no ahogar el crecimiento en el proceso. La reducción del déficit fiscal va a generar una depreciación de nuestro tipo de cambio real al que se equilibra el mercado de cambios debido a la reducción de la oferta de dólares provenientes del endeudamiento del sector público al tiempo que se reduce el déficit de cuenta corriente. El final no necesariamente tiene que ser menor consumo para los argentinos, medido en forma agregada, si en el proceso crecemos más y generamos el consumo adicional que hoy proviene del ahorro externo.

 

En 2017 generó una amplia expectativa la posibilidad del posible upgrade de “mercado de frontera” a “mercado emergente” que, como sabemos, no se dio. ¿Qué expectativa hay para 2018 y qué efectos puede tener la promoción?

Nuestro mercado de capitales sigue siendo muy pequeño, al igual que nuestro sistema financiero. Es importante que ambos crezcan para que las empresas se encuentren con el ahorro de las personas y así poder financiar sus proyectos que, en última instancia, determinan el crecimiento del país y el empleo. Desconozco si saldremos o no de mercado de frontera ya que eso depende de muchos factores que realmente no manejamos. Independientemente de que se de ese suceso o no, las autoridades deben seguir trabajando en profundizar nuestro mercado de capitales.

 

¿Qué se puede esperar para el crédito privado en 2018? En 2017 fue clave en el crecimiento…

Esperamos que siga creciendo. El año pasado realicé un análisis con datos del Banco Mundial con 30 países y 47 datos de tiempo (años) sobre los variables préstamos al sector privado otorgados por bancos e inflación. La idea fue testear la hipótesis de que cuando la inflación es baja los préstamos sobre el PIB son más altos. Los resultados fueron contundentes: los países que tenían inflación en torno al 25% promedio (para esos 47 años de tiempo) tuvieron una relación de préstamos sobre PIB entre 12% y 15% en promedio, valores similares a los que tiene Argentina hoy. A medida que iba concentrándome en otros grupos de países con tasas de inflación más bajas, los préstamos sobre el PIB aumentaban. Por ejemplo, para países con inflación promedio del 20% la relación préstamos al sector privado sobre PIB ascendía a 20-22% y con una inflación del 15%, a 28-29%. Estas son relaciones promedio para todo el período de tiempo y no necesariamente deberían alcanzarse rápidamente en un proceso de desinflación. Podemos complementar el estudio estático anterior, con algunas trayectorias dinámicas históricas en las que se observa un incremento entre 1 y 2 puntos porcentuales por año de la relación préstamos sobre PIB cuando se producen procesos de baja de inflación. En este contexto, esperamos un incremento en términos reales para los préstamos que se verá acompañado por un incremento también en términos reales, aunque un poco menor, en los depósitos, motorizados estos últimos por tasas de interés que lucen más atractivas al compararlas con la inflación.

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