El crecimiento no entusiasma

La grieta entre el optimista discurso oficial, cimentado en los mejores datos económicos y las percepciones de la calle sigue latente (y amenaza con seguir hasta 2019)

Por Juan Manuel Antonietta 

 

La recuperación sigue y suma trimestres, pero no entusiasma y, como dice Miguel Kiguel en su último informe, “no se reflejan en la sensación térmica en la calle”. ¿Qué pasa?

 

En diálogo con El Economista, funcionarios del Gobierno están convencidos de que los números de la economía son muy buenos. No obstante, reconocen una asincronía entre lo que la gente percibe y los datos positivos motivado por “una sociedad que está acostumbrada al fracaso económico”.

 

La consultora Kantar TNS explicó ayer que las expectativas repuntaron 10% con respecto a febrero de 2017, el mes más bajo de los dos años de Cambiemos, luego de un 2017 de crecimiento. No obstante, sigue cerca de 20 puntos por debajo de las expectativas que había cuando Mauricio Macri ganó las elecciones.

 

El Centro de Estudios del Trabajo y el Desarrollo (CETyD) señaló en su informe mensual, también publicado, ayer que las percepciones del mercado de trabajo siguen siendo muy malas: 47,4% de los consultados cree que tiene bajas posibilidades de conseguir un buen empleo y 20,3% ninguna. Además, 40,8% cree que aumentará el desempleo y, sobre el poder adquisitivo, 67,1% opina que disminuyó su capacidad de compra. Claramente, la calle no percibe el despegue de la economía, que ve el Gobierno.

 

Los números

 

Saliendo de la versión del Gobierno, y analizando los números con detalle, se observa que no son tan alentadores. Matías Rajnerman (Ecolatina), en diálogo con El Economista, señaló que los números que muestra el Gobierno son buenos por la “liviana herencia” del 2016. “El Gobierno estableció una baja base de comparación que impulsó ciertas variaciones y hasta incluso puede hablarse de que gran parte del año pasado fue más un rebote estadístico que un crecimiento genuino”, opinó el economista de Ecolatina. No obstante, aclara que ya hacia el cuarto trimestre de 2017, la economía comenzó a superar los picos previos.

 

Rajnerman señaló que el cambio del patrón de crecimiento (que viró desde el consumo hacia la inversión) genera un crecimiento más sostenible de cara al mediano plazo, aunque a tasas menores.

 

Así, el PIB per capita, una variable ineludible del crecimiento genuino, no logra superar el pico de 2011, ni lo hará cuando termine el 2018 y desde ACM indicaron que sería todavía 3% inferior. Rajnerman señaló: “Conforme a nuestras estimaciones, habrá que esperar recién hasta 2020 para superar el pico de 2011”.

 

Agustín D’Attellis dijo a este diario que el Gobierno realiza una lectura sesgada de los datos. “Por ejemplo, hablar de un crecimiento del poder adquisitivo en 2017 es cierto, pero si se observa el acumulando en los últimos dos años se ve una caída”, ejemplificó y agregó que “en la comparación con los últimos años, la situación es palpablemente peor y se siente en la calle”. Para el economista de la UBA, no es lo mismo la inflación que mide el Indec que el impacto real en el bolsillo de las personas.

 

Desde una visión más positiva, Matías Carugati (Management & Fit) señaló que los números son positivos, pero no lo suficientemente buenos como para que se perciba en la calle. El economista jefe de Managment & Fit dijo que “hay aumentos como los de las tarifas que la población no estaba acostumbrada e impactan de lleno en el bolsillo”.

 

Las preocupaciones

 

La disociación entre lo que cree el Gobierno y la gente se centra en las preocupaciones de cada uno. Mientras desde Hacienda se observa la evolución de las variables macro, las demandas de la población no pasan por el déficit fiscal. Carugati señaló que en las encuestas las principales preocupaciones son la desocupación, la inflación, la suba de tarifas y la pobreza, todas cuestiones ligadas al día a día de las familias. “La gente toma la parte media vacía del vaso”, opinó.

 

El juego del Gobierno es buscar y alentar expectativas buenas que le permitan potenciar las decisiones de inversión y consumo. No obstante, para D’Attellis, “eso no se condicen con la realidad”.

 

El problema de las sobreestimaciones (o subestimaciones, como en el caso reiterado del IPC) es que pueden llevar a pérdidas de credibilidad. Aun así, Rajnerman señaló que “una pauta no cumplida, pero con un diagnóstico acertado expost y que corrija los errores que provocaron la desviación, es tan importante como una meta acertada”, para darle credibilidad al Gobierno.

 

2018, ¿sincronización?

 

La pregunta que surge es si luego de otro año de crecimiento, tal como se estima para 2018, la población comenzará a ver las mejoras de la economía, algo central de cara a las elecciones presidenciales de 2019.

 

Carugati indicó: “El gradualismo a corto plazo no arroja grandes resultados pero a medida que se continúen acumulando estas pequeñas mejoras se logrará una transformación. Cuando la gente mire atrás podrá observar todo lo que avanzó la economía”.

 

La clave para que el crecimiento se sienta en la calle está en qué sectores o variables impulsan a la actividad económica. Rajnerman señaló que desde Ecolatina proyectan que el consumo masivo continuará estancado en la primera parte del año debido a salarios nominales que no le ganarán a la inflación, un dólar que creció por encima de los precios y la sustitución del gasto en bienes livianos por productos durables.

 

Una actividad dinamizada por la construcción y ciertos servicios no parece ser la más rentable para el gran público. Si bien encadenar el segundo año consecutivo de caída de la inflación y crecimiento de la actividad, mejorará el humor social y económico, el Gobierno debería tomar nota de los reclamos sociales y no darlos por cumplidos.

Te puede interesar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *