El BCE sólo ajustó un poco el discurso

El Banco Central Europeo (BCE) dejó todo como estaba, pero su presidente, Mario Draghi, siguió sumando quejas contra los norteamericanos

 

En su reunión de ayer, el Banco Central Europeo (BCE) dejó todo como estaba, pero su presidente, Mario Draghi, siguió sumando quejas contra los norteamericanos. Poco tiempo atrás había cuestionado las declaraciones de Steve Mnuchin sobre el valor del dólar porque a su juicio se rompía el compromiso de los funcionarios de los países ricos de  no referirse a  los mercados cambiarios. Ayer cargó contra la decisión de Donald Trump de imponer aranceles al acero y al aluminio y afirmó que “si se ponen tarifas contra los aliados, uno se pregunta quiénes son los enemigos”. Además, Draghi cuestionó que Estados Unidos quiera dejar sin efecto muchas de las regulaciones financieras que se implementaron luego de la crisis de 2008.

 

Pero además de declaraciones picantes,  Draghi dio precisiones sobre la política monetaria del BCE. Como se preveía, no habrá cambios en las tasas de interés y se ratificó que seguirá comprando deuda por 30.000 millones de euros por mes hasta fines de septiembre o  “hasta una fecha posterior si fuera necesario”. Pero se retiró la mención que había en el comunicado anterior de la entidad a un posible aumento en las compras si la situación económica se deteriora. Los analistas interpretan esta modificación en el mensaje del BCE como una señal inequívoca de que, paulatinamente, irán despareciendo los estímulos monetarios.

 

Según el BCE,  el crecimiento económico de la zona euro será de 2,4% en 2018 mientras que la inflación sigue baja y el mes pasado la tasa anualizada alcanzó a 1,2%, lejos todavía de la meta definida como “cercana pero inferior al 2%”.

 

En este contexto, Draghi sigue teniendo margen para mantener su estrategia monetaria que es cuestionada por el establishment económico de Alemania que entiende que ya es hora de retirar los estímulos porque ya cumplieron su función y la economía ya no los necesita.

 

La respuesta de los mercados a la decisión del BCE y de la conferencia posterior de Draghi fue una baja del euro del 0,8%.

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