Tras las críticas, el BCRA vuelve a la carga contra la inflación

La autoridad monetaria mantuvo la tasa de interés de referencia en 27,25% en una señal de que se refocalizará hacia la inflación

El BCRA eliminaría el piso de 60% para la tasa de las Leliq

 

Por Juan Manuel Antonietta

 

Hay situaciones en las que no hacer nada también es una decisión. Actualmente, el BCRA no está nada cómodo y se encuentra, como dice Ecolatina, entre la espada y la pared. De un lado sufre una presión política de parte de Jefatura de Gabinete que pide por una baja de tasas y, del otro, un mercado que pide a gritos bajar la inflación. La decisión fue, finalmente no hacer nada y mantener el centro del corredor de pases a 7 días en 27,25%.

 

No obstante, algunos especialistas señalan que mantener la tasa puede ser leído como una inclinación más hacia la batalla contra la inflación, dado que la tasa de interés real, si se la compara con las expectativas de inflación, ya está en los dos dígitos y es tres veces mayor que las del resto de los países de la región.

 

En simultáneo, ayer la tasa de interés del bono del Tesoro de EE.UU. a diez años subió de 2,83% a 2,91%, que perjudica a Argentina por vía de un endurecimiento crediticio y, además, otro factor a tener en cuenta por el BCRA.

 

El diagnóstico

 

Matias Rajnerman (Ecolatina) señaló en diálogo con El Economista: “Si bien había argumentos en todos los sentidos, como un REM que arroja una inflación 5% por encima de la meta para 2018 o una actividad que mostró algunas señales de desaceleración hacia el cierre del año pasado, mantener la tasa, en este contexto de incertidumbre internacional, era lo más razonable. Si hubiera subido, habría mostrado una política errática por parte del BCRA. Dejarla inalterada era la mejor opción”.

 

Para Martín Alfie (Radar), el BCRA decidió tomarse una pausa en la baja de tasas frente a las reacciones de las expectativas de inflación, el impacto internacional en el mercado local y los movimientos en el tipo de cambio. “La decisión política de relajar la contracción monetaria se está realizando con cierta cautela. Persisten los conflictos entre una Jefatura de Gabinete que quiere bajar la tasa y el BCRA que intenta mantener cierta autonomía, aunque su capacidad de coordinación de expectativas quedó muy dañada. En esta puja, la política monetaria queda en un híbrido en el medio de esta tensión”, señaló el economista en jefe de Radar.

 

La tasa de interés real, si se la compara con las expectativas de inflación, ya está en los dos dígitos y es tres veces mayor que las del resto de los países de la región

 

Hernán Hirsch (FyEConsult) indicó que “en este objetivo nuevo dual de política monetaria (una tasa que mira tanto la actividad como la inflación) no se sabía bien cuánto iba a importar la inflación”, y agregó que “la señal que dio el BCRA es que la inflación sigue importando”.

 

El cambio de metas, que significó la inclusión de la actividad como determinante de la tasa, había dejado abiertos interrogantes sobre cómo se ponderarían los factores y generado un reacomodamiento del tipo de cambio. Para Hirsch, “el Gobierno está diciendo que con este dólar no se siente tan incómodo y se puede pensar que vamos hacia una relación tasa dólar como la de hoy”.

 

Las proyecciones

 

Para Alfie, en un contexto en el cual se empiezan a cerrar las paritarias más importantes y el objetivo es reducir nominalidad (cerrar paritarias en un nivel más bajo), una baja de la tasa habría generado que el dólar subiera. “Recalentar el dólar en un contexto de discusión paritaria no era políticamente muy viable. El BCRA está intentando poner cierto gradualismo en un contexto internacional difícil”, dijo Alfie.

 

El analista de Radar señaló también que en los comunicados de política monetaria reflejan cierta inconsistencia entre los argumentos de uno a otro. “Se puede observar que el BCRA todavía no puede comunicar bien sus decisiones de política”, expresó.

 

Hirsch señaló que “a futuro vamos a tener una tasa de interés real descendente, con mira a dos objetivos: inflación y actividad”, y agregó que la relación será parecida a la actual.

 

Para Rajnerman, el nuevo equilibrio buscado con el cambio de metas de inflación de dólar más caro y tasa más barata se ajusta mejor a la nueva realidad económica. “Las turbulencias internacionales golpearon un poco al nuevo panorama: la incertidumbre global se tradujo en nuevas presiones sobre la divisa que alertaron al Gobierno y de ahí las dos intervenciones en el mercado cambiario del Banco Nación. Un nuevo recorte alentaría nuevas presiones sobre el dólar, a la par que incrementarla dejaría ver una política errática (de marchas y contramarcha) por parte del BCRA. Concretamente, en momentos de incertidumbre, actuar contracíclicamente suele ser lo más acertado para brindar tranquilidad al mercado”, explicó el experto de Ecolatina.

 

Alfie concluyó que el BCRA viene dañado en su reputación. “En un esquema de metas de inflación donde la credibilidad es uno de los principales objetivos es muy perjudicial esta falta de previsibilidad. En el corto plazo es entendible esta decisión de mantener la tasa. Mirando tres meses atrás, el BCRA hubiera subido la tasa ante estas mismas circunstancias (como lo hizo después de las elecciones). Está muy desprolija la política monetaria”, señaló. Precisó a futuro que, sin cambios importantes en la Fed, continuará bajando la tasa el BCRA porque, como señaló Federico Sturzenegger en el último Informe de Política Monetaria (IPoM), hay margen para hacerlo.

 

De esta manera, la decisión del BCRA fue acertada, pero todavía quedan serios problemas de comunicación y establecimientos de objetivos claros. La disputa entre inflación y actividad (objetivos contrapuestos entre sí, muchas veces) no termina de dilucidar un rumbo claro para la política monetaria en un contexto de expectativas inflacionarias por encima de las metas propuestas.

 

 

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