Realpolitik en la góndola

¿Qué dificulta la llegada directa de productos -aún reconocidos- a las góndolas de los supermercados en mercados relevantes?

Inflación 2018

Por Eduardo R. Ablin Embajador (*)

 

Cada ciclo de reforma económica en nuestro país reflota intentos reiterativos para promover la exportación de “producciones regionales” cuyo consumo doméstico es estructuralmente marginal (5%), tal vez presumiendo que los empresarios fueron poco emprendedores para descubrir las potencialidades disponibles, así como el aparato estatal carente de eficiencia para fomentarlas.

 

Hoy se observa una renovado impulso para alentar la venta de miel envasada al por menor, aspirando a agregar valor respecto de la tradicional exportación en tambores a distribuidores mayoristas. La expectativa apunta asimismo a que los consumidores finales asocien el producto con Argentina, incrementando su prestigio. Lograr una simbiosis entre consumidor y producto por origen requiere de una imagen icónica, alcanzada históricamente en nuestro país sólo por la carne vacuna en el Siglo XX -paradójicamente hoy aspirante a reintegrarse al lote de los 10 principales exportadores mundiales-. Otro caso puede corresponder a manzanas y peras en mercados como Alemania y los países nórdicos. En años recientes, los vinos Malbec. No muchos más.

 

En general cabe contemplar dos instrumentos que dificultan la llegada directa de productos -aún reconocidos- a las góndolas de los supermercados en mercados relevantes. El primero y más difícil de salvar es el denominado “escalonamiento ” arancelario, por el cual los países gravan diferencialmente a los productos elaborados, en particular para la venta al por menor, de forma de proteger su manufactura doméstica. Ejemplo clásico es la cadena aceitera, ya que las habas o porotos de soja (posición arancelaria 12.01), así como las semillas de girasol (posición 12.06), ingresan en la Unión Europea  (UE) libres de arancel.  En ambos casos el aceite refinado -a granel- tributa 9,6%, y presentado en “envases inmediatos de contenido neto inferior o igual a 1 kg”, 12,8%. Siendo nuestro país el primer exportador mundial de aceite de soja y el tercero de girasol, no cabría atribuir ineficiencia a la producción doméstica, aunque la “protección efectiva” que el arancel europeo otorga al procesamiento local resulta descomunal. Si se divide aritméticamente el arancel aplicado a los  aceites a granel mencionados por 0 -que tributan sus materias primas- resulta de facto una protección cuasi infinita,  agravada para aquellos envasados al por menor.

 

Al margen de esta habitual barrera se presentan en la UE casos de productos  como la miel (posición arancelaria 04.09 con arancel 17,3%) o el té (posición 09.02, exenta) que no discriminan entre sus formas de presentación. Aún así, sus vías de comercialización tornan muy dificultoso para tales bienes -envasados en origen- llegar a la góndola, ya que ambos son tradicionalmente combinados con otros homólogos para lograr un “blend” adaptado al gusto de los consumidores locales, inclusive distinto para cada mercado, sin perder una razonable relación precio-calidad. Al margen del aprovechamiento impropio del proceso de “mezcla” en años recientes para adulterar la miel con la incorporación de suplementos ajenos o componentes de inferior calidad, cabe reconocer que la mezcla se ha ejercido desde siempre para lograr propiedades organolépticas singulares que modifiquen las características exclusivas de una variedad o región  en lo que hace a su color, aroma -fuente floral única o múltiple-, finura, tendencia a la cristalización, etc.

 

Así, los grandes importadores en la UE -localizados en Hamburgo y Bremerhaven, desde donde reexportan buena parte del producto procesado al mercado comunitario y extra-UE- no desean identificar la miel por su origen sino lograr que los “blends” resultantes satisfagan el paladar de cada uno de sus destinos a través de combinaciones distintivas. Para ello el producto procesado para venta al por menor permite combinaciones sustitutivas que lo protegen de una ocasional mala campaña en un origen determinado, o de oscilaciones de precios.  Los “blends” varían según los grandes destinos de consumo (Alemania y Austria 1,1 kg anual per cápita, Grecia 1,7 kg y EE.UU. 0,7 kg.) ya que los mismos presentan claras diferencias.

 

Ello no significa que nuestra condición de tercer productor y segundo/tercer exportador mundial según los años impida colocar miel envasada en góndola promocionando su origen, aunque siempre se tratará de volúmenes limitados canalizados por vías de expendio de productos de alta calidad o de carácter “orgánico”, con precios muy superiores a los habituales. Estudios alemanes señalan que la miel en grandes supermercados populares cuesta la mitad que aquella proveniente directamente del apicultor, y aún en sociedades prósperas los consumidores medios atienden a las señales de precios. Así, las grandes cadenas prefieren no importar miel en forma directa, sino abastecerse de sus mayoristas, quienes les garantizan la continuidad del “blend” que venderán bajo marca propia, ahorrándoles cualquier controversia con los proveedores de ultramar.

 

Similar es la comercialización de té, icónico producto “inglés”, aún cuando provenga de India, Sri Lanka, China, Kenia y hasta Argentina, donde el más importante exportador fue adquirido en 2014 por Finlays, empresa británica establecida en 1750, líder mundial en el comercio sectorial. La compra de su proveedor parece confirmar la hipótesis de que todo “blend”  inglés contiene una proporción de té argentino, por sus virtudes para reforzar el tono negro frente a la coloración clara de las variedades orientales.

 

Sri Lanka ha desarrollado reiteradas campañas de promoción de té al por menor, asociándolo a su denominación tradicional “Ceylon Tea” como marca país. Las mismas han sido criticadas en el Parlamento de Colombo por su costo y limitada eficacia, considerando que de todas formas su producto integra per se una proporción relativamente elevada de todo “blend” inglés. La experiencia de Ceilán amerita reflexionar acerca de la capacidad para alterar sustantivamente la operativa de venta de miel intentando acceder a la góndola en mercados de elevado consumo. Cabe evitar el voluntarismo cuando esta exploración, encontrándome destinado en Alemania,  se condujo ya en los años 80 sin éxitos palpables.

 

(*) Las opiniones vertidas son de exclusiva responsabilidad del autor y no comprometen a la institución en la cual se desempeña.

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