La península coreana: ¿conflicto bélico o diplomacia deportiva?

Las crecientes diferencias entre Corea del Sur y Estados Unidos incentivaron a Kim Jong-un a intentar un “acercamiento” al Sur

Por Eduardo R. Ablin Embajador (*)

 

El 2017 retrotrajo la península coreana a la Guerra Fría y el retorno a su retórica revivió el peligro –ante provocaciones de Corea del Norte– de una contienda no exenta de amenaza nuclear. Desde 2011 –cuando el líder Kim Jong–un heredó el poder- se aceleró el desarrollo del programa misilístico y nuclear. Se realizaron más de 80 lanzamientos –así como dos pruebas nucleares en 2016, seguidas de una sexta en septiembre de 2017– presuntamente una bomba de hidrógeno, seguida en julio por la prueba de un “misil balístico intercontinental”, con atribuida capacidad de amenazar la costa oeste de EE.UU. portando una ojiva nuclear. Kim Jongun profirió severas amenazas en agosto contra Guam –territorio estadounidense en el Pacífico con importantes instalaciones estratégicas aéreas y navales– y en septiembre un misil de mediano alcance sobrevoló Japón, en repudio a los ejercicios militares conjuntos Corea del Sur (CS)-EE. UU.- (70.000 efectivos).

 

Tal escalada llevó al presidente Donald Trump a advertir que EE.UU. “no descartaría ninguna opción” y mantendría “todas las alternativas sobre la mesa”, al mismo tiempo que rechazó una mediación de la República Popular China (RPC) sobre la cual había especulado. En un lenguaje inusual anticipó “furia y fuego” de persistir la agresividad de CN, y amenazó en la Asamblea General de la ONU con la eventual destrucción total del país. El Consejo de Seguridad adoptó sanciones dirigidas a recortar exportaciones de CN en U$S1.000 millones –un tercio de su comercio reconocido– aunque divisas por cerca de U$S2.000 millones ingresan por múltiples métodos delictivos dominados por norcorea (falsificación de dólares y yuanes, ataques informáticos sujetos a rescate, asaltos cibernéticos a bancos, manufactura de mercancías falsificadas y exportación de mano de obra cuyos ingresos por U$S 200 millones anuales retiene). Así, las sanciones no le impidieron continuar su programa nuclear y misilístico, al cual destinan U$S10.000 millones anuales -25% del PIB-.

 

El cese del programa nuclear de CN es la meta central de EE.UU., sin descartar para ello la alternativa militar, aunque las amenazas incumplidas debilitaron esta opción, inclinándose la Administración Trump por proseguir una política de presión global sobre CN. Se exploró el apoyo de la RPC, principal sostén norcoreano, que acompañó inclusive una ampliación de las sanciones, aunque tomando distancia de la política coercitiva. Aunque cada vez más crítica de sus acciones la RPC desea evitar la caída del régimen, ante el peligro de un colapso desordenado del país. Menos alentaría una potencial reunificación, especulando con que la crisis le permita desafiar la hegemonía marítima de EE.UU. en el Pacífico. De allí el abandono del presidente Trump de toda expectativa de contar con la RPC para doblegar a CN.

 

La opción de destrucción total de CN pareció desdibujarse, ya que CS teme una respuesta de la colosal artillería norcoreana, posicionada en el límite a sólo 55km de su capital Seúl. La réplica convencional a un ataque preventivo causaría cientos de miles de víctimas civiles y militares en CS aún sin el empleo del arsenal nuclear, poco probable por sus potenciales efectos sobre el territorio de la propia CN. Corea del Sur parecería así más propensa al diálogo, aproximándose a la posición china, y por ende objeto de crítica de Trump por su presunta política de “apaciguamiento”. Peor aún, el reclamo de EE.UU. (junio 2017) de renegociar el Tratado de Libre Comercio (2012), al que atribuye su creciente déficit bilateral (U$S 27.700 millones 2016), agravó el distanciamiento entre los aliados. Las sucesivas negociaciones continúan en 2018, tensionadas por la invocación de una “salvaguardia” por EE.UU. a la importación de paneles solares y lavarropas, que penaliza con elevados aranceles dichos productos coreanos. También las medidas sobre acero bajo argumentos de “seguridad nacional” (Sección 232 de la “Trade Expansion Act 1962) afectan duramente a CS, que provee 12% de tales importaciones.

 

La Administración Trump redujo el lenguaje áspero, intentando evitar que la inacción se interprete como aceptación de CN como país nuclear, el cual perseguiría disponer del arsenal atómico como instrumento disuasivo que asegure su supervivencia. Salvo militarmente, CN resulta insignificante. El PIB surcoreano ascendió en 2016 a U$S1,4 billones (superior a Rusia) –per capita U$S27.500.– (50% de EE.UU.). CS es una sociedad rica y poderosa, con una remarcable infraestructura y aparato industrial, cuya acumulación insumió medio siglo y no desea arriesgar.

 

Las crecientes diferencias estratégicas y comerciales entre CS y EE.UU. incentivaron a Kim Jongun a intentar un “acercamiento” al Sur, abriendo una grieta entre los aliados. Los Juegos Olímpicos de Invierno 2018 en CS le ofrecieron una singular oportunidad para intentar emular la “diplomacia deportiva” à la Nixon. Envió así a su hermana Pak Pong-ju como Representante Personal, quien trasladó al Presidente de CS Moon Jae-in la invitación del líder norcoreano para sostener una reunión cumbre. Los atletas de CN fueron recibidos en un marco de gran confraternidad, acordándose un desfile conjunto en la ceremonia inaugural, bajo una bandera con el perfil azul de la península sobre fondo blanco, saludada efusivamente por 35.000 espectadores y ante la satisfacción de las autoridades de ambos países. También se convino unificar el equipo femenino de hockey sobre hielo. Nada nuevo. Equipos únicos participaron en el Mundial de Fútbol Sub-20 y en el Mundial de Tenis de Mesa de 1991, cuyo triunfo dio lugar a una fiesta compartida en ambos países. Los medios han celebrado esta aproximación como prolegómeno de un acuerdo de convivencia pacífica, sino el inicio de un proceso de unificación, aunque la “diplomacia deportiva” no aportó en el pasado distensión a la península. Cabe preguntarse si esta reacción emotiva contiene sustento real, o CN ha logrado ganar tiempo mientras sus contrincantes libran disputas comerciales y diferendos estratégicos originados en la ansiedad de la Administración Trump, olvidándose por un tiempo de su enemigo del Norte.

 

(*) Las opiniones vertidas son de exclusiva responsabilidad del autor y no comprometen a la institución en la cual se desempeña.

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