La Fed presiona sobre el gradualismo (pero seguirá habiendo financiamiento)

“Argentina debe mostrar un sendero de previsibilidad que, lamentablemente, está ausente por el momento”, dicen desde LCG

 

Luego de la Gran Recesión de 2008-2009 y tras varios años de una recuperación sin prisa pero sin pausa, varios indicadores de Estados Unidos están mostrando una normalización de la actividad económica. “Los últimos datos revelaron que el desempleo está en un mí- nimo (4,1%), y que ya se empiezan a ver algunos indicios de aumentos de salarios y precios que se acercan a las metas impuestas por la Fed. El último dato de inflación (2,1% anual) estuvo por encima de las expectativas de mercado”, resumen un trabajo de LCG firmado por Melisa Sala y Javier Okseniuk.

 

Para evitar un desborde inflacionario (por sobre la meta del 2% anual), la Fed ha comenzado el año pasado con una serie de aumentos módicos en la tasa de interés de referencia (en esencia, una tasa interbancaria), y estos indicadores de vigor económico avizoran que dichos aumentos continuarán e incluso se acentuarán en 2018. En rigor, la hipótesis de cuatro subas durante el año en curso va ganando peso.

 

“Como el mercado (agentes que invierten en los mercados globales) vislumbra tasas más altas en el futuro, las tasas correspondientes a bonos más largos (por ejemplo, los Treasuries de diez años) que vienen a reflejar un promedio futuro de tasas de corto plazo, también aumentan. En efecto, en lo que va del año el rendimiento de los Treasuries de diez años aumentó 50 puntos básicos, ubicándose en 2,9% anual, el máximo nivel en casi tres años”, dicen Sala y Okseniuk.

 

Lecturas e impactos

 

Ahora bien, ¿esto es el síntoma de una liquidez internacional más acotada? “No parecería el caso”, dicen desde LCG. Si bien la Fed ya no participa activamente del mercado de bonos, sino que más bien anunció que comenzaría gradualmente a desarmar sus posiciones, lo cierto es que aún no lo ha hecho. Todavía mantiene en su activo cerca de US$ 2.5 billones en bonos del Tesoro. Y hasta tanto la Fed (y también su contraparte, el BCE) no contraigan masivamente su política monetaria secando la plaza con la venta de títulos, la liquidez seguirá siendo abundante. Cuanto menos, dicen en LCG, “en los niveles actuales”. Si los que se desprenden de los Treasuries (hacen bajar sus precios y subir la TIR), buscando mayores rendimientos son los inversores privados, la liquidez no se altera.

 

En resumen, hasta ahora hay ventas de inversores que avizoran que la Fed va a vender para subir las tasas, expectativas de menores compras por parte de grandes compradores de Treasuries (China y Japón, por ejemplo) y, al mismo tiempo, mensajes que indican que el recorte de impuestos de Donald Trump va a implicar mayor déficit y, por ende, mayores emisiones de deuda por parte del Tesoro. “En este contexto, algunos inversores globales venden impactando de manera inmediata en las tasas de esos activos. Rendimientos más elevados de estos activos de bajo riesgo, por otro lado, estimulan la demanda de otros agentes que retiran (en parte) sus ahorros de mercados emergentes para invertir en activos de EE.UU.”, agregan Sala y Okseniuk.

 

El “billete”

 

A priori, ese aumento de tasas y la recuperación económica de EE.UU. deberían estimular una expectativa de fortalecimiento del dólar pero, en los hechos, el dólar tocó su mínimo en tres años: 0,8 euros. A nivel local, sin embargo, la “turbulencia” internacional, llevó a que los inversores argentinos se refugiarán en activos dolarizados a pesar de las elevadas tasas de interés. Eso presionó al dó- lar, generando una depreciación del peso que según LCG, “fue bien aceptada por el Gobierno”.

 

Ser atractivos

 

La duración de la recesión de EE.UU. hizo que los efectos de la recuperación económica perdieran habitualidad en los últimos años, pero es importante resaltar que las mayores tasas de interés internacionales son la consecuencia de una mejor perspectiva económica en el primer mundo. Eso incluye a Europa, que también mostró números alentadores de actividad en el último trimestre. “Es cierto que es muy posible que ya haya quedado atrás el piso de tasas de interés de bonos argentinos y el riesgo país, encareciendo el financiamiento local, pero esto no significa un racionamiento completo de crédito para nuestro país, además que la contracara es un mundo de mayor actividad econó- mica, y potencialmente de mayores perspectivas para nuestras exportaciones”, dicen en LCG.

 

A pesar de esto, como las necesidades de financiamiento público y privado son muy elevadas en Argentina, la incertidumbre es mayor, “y en ese contexto Argentina debe ser muy eficaz en mostrar un sendero de previsibilidad. Lamentablemente, dicha previsibilidad está por el momento ausente”. Agregan: “El desequilibrio externo es históricamente alto, con importaciones creciendo fuerte y exportaciones estancadas. Al mismo tiempo, todavía no están ancladas las expectativas de inflación, y no hay un claro diagnóstico de cuál es la mejor manera de anclarlas en un contexto de todavía elevada puja distributiva”.

 

En Argentina, concluyen Sala y Okseniuk, “la suma de las demandas de los distintos sectores (empresarios, trabajadores, beneficiarios de recursos fiscales y demás) superan por mucho lo que la economía puede dar. Es por esto que, este escenario internacional no deja de ser una oportunidad (una nueva oportunidad) para comenzar a tejer una serie de acuerdos entre distintos actores sobre la base de información clara, diagnósticos precisos y, sobre todo, una mirada permanente sobre nuestra historia y sobre cómo no pudimos resolver estos asuntos”. ¿Estaremos a la altura?

 

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