Estiman que el rojo comercial superará los U$S 10.000 M

Más allá de cierto dinamismo en las exportaciones, las importaciones siguen volando

Ayer salió el informe Intercambio Comercial Argentino (ICA) del Indec y, si bien enero entregó algunas noticias alentadoras (centralmente, la suba de 10,7% de las exportaciones), el panorama sigue siendo muy complicado: las importaciones volaron 32,1% y el déficit comercial ya asciende a U$S 986 millones (versus apenas U$S 51 millones en igual mes del 2017) y promete ir a la zona de U$S 10.000 millones (o más) en 2018.

 

En enero, las exportaciones sumaron U$S 4.750 millones y las importaciones, U$S 5.736 millones. En cantidades, las primeras subieron 4,6% y las segundas, 26,2%. En precios, las exportaciones subieron 5,9% y las importaciones, 4,6%.

 

A nivel desagregado, todos los rubros de exportación ascendieron con la excepción de las Manufacturas de Origen Agropecuario (MOA), que se hundieron 8,8%. Los productos primarios avanzaron 12,4%, las Manufacturas de Origen Industrial (MOI) crecieron 29,6% y los despachos de combustibles y energía, 63,2%. Por el otro lado, y tal como viene ocurriendo, todos los renglones de las importaciones se anotaron importantes aumentos. Lideró combustibles y lubricantes, con 85,7%, y fue seguido por material de transporte terrestre (+48,5%) y bienes intermedios, con 32,6%.

 

Los drivers

 

A nivel de capítulos y productos, los mayores aumentos interanuales de exportaciones de enero correspondieron a maíz en grano (U$S 163 millones); biodiésel (U$S 94 millones); aceites crudos de petróleo (U$S 93 millones); oro para uso no monetario, formas en bruto de aleación dorada o bullón dorado (U$S 77 millones); aluminio y sus manufacturas (U$S 76 millones); vehículos automóviles, tractores, velocípedos y demás vehículos terrestres, sus partes y accesorios (U$S 44 millones); carne y despojos comestibles (U$S 42 millones); pescados y crustáceos, moluscos y demás invertebrados acuáticos (U$S 37 millones) y fuel-oil (U$S 28 millones).

 

Las mayores caídas interanuales de exportaciones se verificaron en harina y pellets de la extracción del aceite de soja (U$S 137 millones menos); aceite de soja en bruto, incluso desgomado (U$S 86 millones menos); minerales metalíferos, escoria y cenizas (U$S 43 millones menos), porotos de soja excluidos para siembra (U$S 32 millones menos) y manufacturas de fundición, hierro o acero (U$S 25 millones menos).

 

Por el lado de las importaciones, la imagen fue la siguiente: analizadas a nivel de capítulos, las importaciones que más crecieron en enero de 2018 respecto de igual mes del año anterior correspondieron al capítulo 84 (reactores nucleares, calderas, máquinas, aparatos y artefactos mecánicos, con un aumento de U$S 266 millones); capítulo 87 (vehículos automóviles, tractores, velocípedos, con un aumento de U$S 260 millones); capítulo 27 (combustibles, cuyas importaciones aumentaron U$S 219 millones); capítulo 85 (máquinas, aparatos y material eléctrico, con un aumento de U$S 68 millones); capítulo 39 (plásticos y sus manufacturas, con un crecimiento de U$S 52 millones) y capítulo 29 (productos químicos orgánicos, con un aumento de U$S 49 millones).

 

Brasil ayuda (por fin)

 

Un dato muy alentador es que Brasil empezó a traccionar, y con fuerza. En enero, las exportaciones ascendieron a U$S 766 millones, 10,5% más que en 2017. El dato más alentador es que el material de transporte terrestre (el principal renglón del comercio bilateral) creció 43,3%. Algo menos positivo es el hecho de que desde allí exportaron por U$S 1.342 millones y, así, enero deparó un rojo de U$S 575 millones.

 

Los expertos

 

“Si bien el déficit sigue cercano a los US$1.000 mensuales, parece haberse encontrado un equilibrio en estos niveles y no se sigue expandiendo, el desafío ahora será cerrar la brecha de la mano de mayores exportaciones. El aumento del volumen exportado es una buena noticia pero habrá que monitorear de cerca su evolución. Por otro lado, la mejora reciente de los términos de intercambio podría generar buenas noticias. De continuar estas tendencias en los próximos meses, serán factores dinamizadores de la actividad económica”, indicaron desde ACM.

 

Un poco menos optimistas es LCG. “El recorte en las estimaciones de producción agrícola, producto de la prolongada sequía que afecta a la zona núcleo del país, podría tener efectos muy adversos sobre las exportaciones. En el escenario más optimista (USDA), la producción de soja 2017/2018 se ubicaría en 54 millones de toneladas, 1 millón menos en la campaña 2016/2017. En cambio, estimaciones locales ubican a la actual campaña en 50 millones de toneladas. Si bien no implica que necesariamente el ajuste se haga en las exportaciones, el recorte respecto a la campaña se ubicaría entre los US$ 400 M y US$ 2.000 M, cifras que representan entre el 0,5% y 3,4% de las exportaciones totales de 2017”, indican. Así, en el mejor de los escenarios, “estimamos que en 2018 el déficit comercial será de US$ 10.500 M lo que implica un deterioro de más de US$1.500 millones respecto a 2017”. Las exportaciones, concluye LCG, podrán crecer entre 3% y 4%,” traccionadas principalmente por la dinámica de las MOI”. Asimismo, “producto de un tipo de cambio real más depreciado y un salario real constante, las importaciones podrán desacelerar a tasas cercanas al 7% interanual”.

 

Abeceb se ubicó en una línea similar. “Para 2018, la proyección de Abeceb sitúa al sendero de crecimiento de las exportaciones y las importaciones en un trazado un tanto menos divergente, con las importaciones creciendo al 8,1% y las exportaciones haciéndolo al 4,5%. De aquí se desprende que el déficit externo seguirá ensanchándose, tanto en dólares corrientes (pudiendo superar los U$S 11.000 millones) como en porcentaje del PIB. Esta situación puede incluso agravarse si terminan de concretarse algunos riesgos puntuales que asoman en el frente exportador (restricciones comerciales en EE.UU., merma en la producción de soja y maíz, cierre de mercado europeo de biodiesel)”, dice.

 

“Aunque algunos factores de corto propinaran cierto viento de cola (dólar en suba y/o recuperación brasileña), los cimientos para un repunte del rendimiento exportador argentino están lejos de estar afirmados. No por nada las ventas al exterior crecieron en 2017 un marginal 0,9% anual en volumen mientras el comercio mundial se expandió por encima del 4%, segú el FMI.  La escasa integración de las empresas argentinas a los entramados productivos globales, falencias de infraestructura y la falta de armonización técnica y de acuerdos comerciales con primeras potencias comerciales son problemas de larga data y que no verán solución en el corto plazo. Aun así, son asuntos que deben ganar importancia en la agenda económica”, agregan.

 

“El frente externo es la fuente de generación genuina de divisas, y es por ende de vital importancia para garantizar la sustentabilidad del modelo económico vigente. Recientemente, un informe del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF) colocó al país, junto con Turquía, al tope del ranking entre los emergentes más vulnerables frente a un cambio de tendencia global, que en la historia reciente ofreció liquidez a tasas bajas y mostró una tenue volatilidad, tendencia que empieza a revertirse. La ‘restricción externa’ presionará cada vez más sobre la necesidad de financiamiento en los mercados internacionales, siendo así una fuente importante de incertidumbre macroeconómica a futuro. El ensanchamiento acelerado del rojo externo podría generar a futuro cierta presión cambiaria, lo cual atentaría contra el camino de desinflación que inició el país hace poco tiempo. En la medida en la que la economía continúe el sendero de normalización y crecimiento, el rojo comercial no supondrá un inconveniente significativo a la sostenibilidad del modelo económico. No obstante, a medida que se asoman riesgos en la escena global, el desequilibrio externo presenta uno de los canales de transmisión más significativos de volatilidad externa”, agregaron.

 

 

“El intercambio comercial deja en evidencia que, nuevamente este año, el sector externo será el talón de Aquiles del actual modelo económico. En el primer mes de 2018, se registró el déficit comercial nominal más alto para un enero desde 2015. Como punto positivo, el rojo de enero de 2015 respondió a la caída de las ventas externas mientras que en el primer de este año obedeció al dinamismo de las importaciones impulsadas por el repunte de la actividad, decisiones de política comercial (apertura) y un dólar barato. Como aspecto negativo, el agravamiento del rojo estuvo dinamizado por la compra de bienes que no son indispensables para el normal funcionamiento de la economía argentina: las compras de productos terminados crecieron 35,6%, a un mayor ritmo que las de insumos productivos (+31,1%). Para todo 2018 estimamos que el déficit comercial superará los US$ 10.000 millones, agravándose  en términos nominales y levemente como porcentaje del PIB en comparación al año pasado”, dice, a su vez, desde Ecolatina.

 

“Al desagregar las compras externas entre bienes finales (vehículos livianos y bienes de consumo) y aquellas necesarias para la producción (bienes de capital, bienes intermedios, piezas y accesorios para bienes de capital y combustibles y lubricantes), vemos que las primeras ya representan el 23% del total importado. De hecho, registraron su mayor participación en un enero desde 1994, superando al promedio de la Convertibilidad (19,7%) y del kirchnerismo (17,6%)”, concluyeron.

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