Empleo: ¿qué prevén los analistas?

A la luz de los datos, no auguran grandes saltos para 2018. Cómo mejorar la elasticidad empleo-producto. La polémica: ¿un eventual blanqueo cambiaría el panorama?

 

Por Juan Strasnoy Peyre 

 

La lenta recuperación del nivel de empleo tras la caída de 2016, se mantuvo durante el año pasado con el impulso de monotributistas, monotributistas sociales y trabajadores de casas particulares. La creación de puestos asalariados en el sector privado no supera la expansión demográfica y su elasticidad respecto del crecimiento del PIB es de aproximadamente 0,3%. Con este panorama, en el Ministerio de Trabajo aseguran que un salto en la generación “dependerá de que se aprueben las reformas laborales”. ¿Qué estiman los especialistas?

 

Con matices, los analistas consultados por El Economista coincidieron en que predomina un escenario de continuidad y que será difícil ver un despegue en 2018. Sí difieren fuertemente en el análisis de los porqués. Además, opinaron sobre el eventual impacto del blanqueo, con el cual el Gobierno asegurá que creará 300.000 empleos formales.

 

Proyecciones

 

El director de la consultora FIEL, Juan Luis Bour, dijo que “la reducción de aportes patronales en diversas formas favorecerá la contratación de empleo formal asalariado, particularmente de trabajadores no calificados. Sin embargo, con la economía creciendo en un rango de 2,5% a 3%, será difícil ver un salto apreciable en el empleo. Hay que tener en cuenta que la construcción moderará su ritmo de expansión y que el empleo público también podría moderar su crecimiento, por lo que es poco probable que el empleo formal crezca muy por encima del 1,5% anual”.

 

En tanto, la coordinadora de CIFRA (el centro de investigación de la CTA), Mariana González, planteó que la creación de empleo está ligada a la matriz de crecimiento. “En la Historia Argentina, se ve que, en general, los momentos en los que la elasticidad fue más fuerte tuvieron que ver con mayor crecimiento industrial. Precisamente, el tipo de expansión del año pasado, si bien fue generalizada, no tuvo a la industria como una de sus protagonistas. Y hay algunos sectores industriales que fueron claramente perdedores con este esquema económico: los que tienen competencia directa de productos importados y se vieron desfavorecidos por la apertura, como los textiles por dar un caso emblemático”, dijo. De hecho, los últimos datos laborales muestran que si la tendencia actual se mantuviera, la industria dejaría de ser la mayor empleadora de asalariados –lugar que pasaría a ocupar el comercio–.

 

En cambio, Bour sostuvo que “es necesario que la recuperación estable se extienda a sectores de comercio y servicios, que son algo más intensos en trabajo. Allí, el tema central es la relación con los costos de contratación y despido, demasiado altos como para esperar ningún boom de demanda de empleos en una economía semiabierta”.

 

Estiman que la expansión del trabajo formal podría ubicarse entre 1,5% y 1,7%

 

Por su parte, Gerardo García Oro, investigador del IERAL de la Fundación Mediterránea, consideró que “bajo una perspectiva moderada, podríamos suponer que el sector no transable sostiene los niveles de creación de empleo observados durante 2017 y la actividad transable logra revertir la tendencia contractiva actual, situándose en un terreno positivo aunque de bajo crecimiento (por ejemplo, +1% interanual). En este escenario, el empleo asalariado privado -que durante 2017 creció 1,2%- podría acentuar su expansión hasta 1,7%, implicando una creación neta de 100.000 puestos formales, 30.000 más que los creados durante 2017”. Sin embargo, advirtió que esto sería “importante en el marco del conjunto de trabajadores ligados a la formalidad, aunque insuficiente ante las múltiples deficiencias estructurales que enfrenta el mercado laboral actual” lo que “obliga a un abordaje integral de la problemática socio-laboral” necesario para que la elasticidad empleo-PIB resulte más alta.

 

¿Y si hay blanqueo?

 

En este punto, sobre el que el Gobierno suele poner el acento a la hora de estimar el futuro laboral, los especialistas tienen miradas muy distintas. Consultado sobre si una eventual condonación de multas y deudas por haber tenido trabajadores informales para los empresarios que blanqueen puede llegar a impactar significativamente, Bour dijo que el blanqueo podría ayudar a elevar sus estimaciones de generación de empleo pero aclaró que “para evitar una posterior recaída en la informalidad, se requiere que el crecimiento se sostenga y que se liberalicen (por poco que sea) las relaciones laborales”. Y ahondó: “Los blanqueos fracasan no tanto por el efecto de bajar las penalidades, sino porque en general no se ofrece un cambio hacia adelante. Algunos cambios recientes, sin embargo, son promisorios, como los límites a los juicios y demandas en materia de ART. Un paso similar sería reducir o limitar los costos de ruptura y favorecer la negociación a nivel más bajo. Como siempre, la agenda pendiente está muy abultada. También el éxito dependerá de las expectativas de crecimiento, cuanto mayores sean, mayor será la necesidad de blanquear”.

 

A contrapelo, González afirmó que “la generación de empleo en Argentina no se relaciona, en términos generales, con un alto costo laboral, que es el diagnóstico del Gobierno. Bajar los costos es una política que ya se aplicó en Argentina, en los ‘90 especialmente, y que no ha tenido resultados significativos. Más bien, que se genere o no empleo depende de que se sostenga una tasa de crecimiento económico importante y de que los sectores que impulsen el crecimiento tengan más capacidad de generar puestos de trabajo”.

 

García Oro fue más optimista: “Esta puede resultar una medida muy favorable para aminorar el volumen de trabajadores que persisten en la informalidad. En la actualidad, 1,5 millones de asalariados informales perciben retribuciones laborales superiores al salario mínimo, vital y móvil (SMVyM) y podrían ser alcanzados por esta iniciativa de blanqueo. En este sentido, puede resultar viable alcanzar el objetivo propuesto por el Gobierno. Por otra parte, para los 3 millones de asalariados informales restantes, que perciben retribuciones inferiores al SMVyM, la perspectiva resulta más compleja, incorporándose al análisis aspectos como su productividad y condiciones particulares de la relación laboral en la que éstos trabajadores se desempeñan”.

 

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