Economía, violencia y aborto

Los economistas se meten en todo (algunos dirán que “coloniza” y otros que “colabora”), y el aborto no es la excepción

Por Pablo Mira Economista

 

Ya sabemos que los economistas se meten en todo (algunos dirán que “coloniza” y otros que “colabora”), y el aborto no es la excepción. Uno de los economistas que ha relacionado economía y aborto es Steven Levitt, que junto a John Donohue propusieron una explicación novedosa para la reducción del crimen en Estados Unidos de los ’90. Para ellos, eso fue consecuencia de que el aborto legalizado en 1973 por la Corte Suprema implicó que las mujeres pobres abortaran potenciales “jóvenes problemáticos”. Levitt muestra que los estados que legalizaron el aborto antes de 1973 fueron los primeros que observaron una declinación en las tasas de delincuencia.

 

Una teoría interesante, pero puesta en duda por el psicólogo Steven Pinker, quien remarca cables sueltos en la explicación. Para partir de los abortos y llegar a la reducción del crimen debemos asumir: (i) que el aborto legal produce menos niños no deseados; (ii) que los niños no deseados tienen más posibilidades de volverse criminales y (iii) que la primera generación de niños sacrificada con abortos fue la que causó el inicio de la reducción del crimen.

 

Para Pinker estos vínculos son frágiles y en algunos casos inexistentes. Primero, se asume que las mujeres antes y después de 1973 tenían la misma probabilidad de concebir hijos no deseados, y que la única diferencia es que luego de 1973 estos chicos simplemente no nacieron. Pero una vez que el aborto se legaliza, algunas parejas pueden tener más sexo sin protección. Si las mujeres antes del 73 concebían más hijos no deseados, la opción de abortar más hijos podría dejar la proporción de hijos no deseados igual o incluso aumentar si algunas mujeres tienen más sexo sin protección y al quedar embarazadas deciden tener un hijo después de todo. Y de hecho, desde 1973 la proporción de bebés nacidos de mujeres en categorías vulnerables (pobres, solteras, adolescentes y afroamericanas), no solo no decreció, sino que aumentó mucho. Además, las estadísticas de EE.UU. muestran que entre las mujeres que quedan accidentalmente embarazadas y no están preparadas para criar un hijo, las que abortan suelen ser las más cuidadosas, realistas y disciplinadas, mientras que las que completan el embarazo tienden a ser más desorganizadas e inmaduras. Así, si el aborto hubiera tenido algún efecto, sería el contrario al que Levitt propone.

 

En segundo lugar, es más plausible que las mujeres en entornos criminales tengan más niños no deseados, que la probabilidad inversa, la de que los embarazos no deseados causan comportamientos criminales directamente. En este caso, el entorno casi siempre le gana a los genes.

 

Y tercero, si abortar más fácilmente desde 1973 significó tener una generación más aversa al crimen, la reducción de la delincuencia debería haber comenzado con el grupo más joven, para luego extenderse en cada franja etárea a medida que esos muchachos crecieran. Por ejemplo, los adolescentes de 16 años de 1993 (nacidos en 1977, con aborto disponible), deberían haber cometido menos crímenes que los chicos de 16 años de 1983 (nacidos en 1967, sin aborto disponible). Recién desde 1990, cuando los post aborto disponible cumplen ya 20 años, deberíamos ver que los veinteañeros son menos violentos. Pero los números dicen lo contrario: cuando esta “generación dorada” llegó a los 90s, las estadísticas de homicidios no solo no se redujeron, sino que reflejaron una orgía de caos. La declinación del crimen comenzó cuando las cohortes más viejas, nacidas mucho antes de que el aborto fuera legal, abandonaron su pistolas y cuchillos, y esta generación mantuvo tasas de homicidio bajas a medida que fue creciendo.

 

Quizás Levitt se apuró un poco, y se concentró más en mostrar sus técnicas econométricas que en explicar el fenómeno en sí y sus implicancias. La cuestión del aborto parece una excusa para exhibir una econometría sofisticada más que una investigación que busque la verdad sobre la declinación de la violencia en los ’90 en EEUU.

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