Dujovne insiste con la meta del 15%, pero los economistas dicen 20% (o más)

Continúa firme detrás de la meta del 15%, pero las expectativas se ubican más cerca del 20%

Por Juan Manuel Antonietta

 

“Aspiramos con muchos motivos a alcanzar nuestra meta del 15% de inflación”, dijo el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, ayer por la mañana a Radio Mitre. La gran pregunta que surge es cuáles son esos motivos que llevarían a alcanzar esa meta.

 

Los números hasta ahora contradicen al ministro: hoy en día las expectativas inflacionarias que releva el BCRA en el REM están arrojando 19,4% para 2018, la inflación de 2017 fue de 24,8% (lo que genera una fuerte inercia inflacionaria) y algunas consultoras, incluso, pronostican una suba de precios de 22%.

 

En un contexto de déficit fiscal, desfase de expectativas, incertidumbre en los mercados internacionales, cambios en el dólar y aumento de precios regulados parece muy poco probable alcanzar la meta. Los gremios se muestran duros en las negociaciones salariales, y no parece que acepten el 15% que espera el Gobierno para reducir la nominalidad.

 

Sin embargo, puede haber canales que sean consistentes con una baja del orden del 20% (un resultado no despreciable que permitiría seguir hablando de desinflación) como la política monetaria y una caída del consumo.

 

Las proyecciones

 

Para Gabriel Caamaño Gómez (Consultora Ledesma) la inflación va a bajar, pero no tanto como el Gobierno espera. “Nosotros estamos proyectando 20,1% de inflación, una reducción considerable de 5 puntos, pero no llegaría a perforar el piso de 20%”, señala el economista y agrega que “la actividad seguirá creciendo”.

 

Eric Ritondale (Econviews), en diálogo con El Economista, señaló que observa a la inflación bajando, aún con cambios en los precios relativos e inercia inflacionaria y donde, además, no se está intentando atrasar ningún precio de la economía. “En Econviews proyectamos la inflación cerca del 19,5% a fin de año, con menor impacto de precios regulados. No vemos una desaceleración bajando tan pronto como espera o desea el Gobierno”, indicó.

 

Para Hernán Hirsch (FyEConsult) la inflación estará en el orden de 22% o 23%. “Los aumentos de regulados nos ratifican aún más estos números y, además, la política monetaria va a convalidar este aumento, con su sesgo expansivo”, explica el economista y agrega que “el intento de que la pérdida de competitividad cambiaria sea la mínima posible en el año también colaborará en este resultado inflacionario”.

 

Los motivos

 

Caamaño señala que la política monetaria es consistente con una desinflación del 20% y que debería ser mucho más restrictiva para alcanzar la meta del 15%. “Dada la inercia inflacionaria y el ajuste de precios relativos realizados en simultáneo, correría riesgos la actividad si la velocidad de reducción de los precios fuera mayor”, advierte el socio de Ledesma. Un deterioro de la actividad pondría en riesgo el plan del Gobierno ya que la convergencia fiscal presupone un crecimiento de 3,5% en 2018, una cifra que no será fácil de alcanzar.

 

Entre los principales factores inflacionarios, Ritondale ubica el shock del tipo de cambio inesperado que impactó en alimentos y otros rubros centrales. “La inflación en mayoristas más tarde o más temprano presiona el IPC. No parece que los gremios acepten paritarias a 15% y cualquier impacto mundial podría complicar a la economía”, señaló el economista senior de Econviews.

 

Para Hirsch, el ancla antiinflacionaria más importante será la salarial. “El resultado es el posible dentro de los múltiples objetivos que busca el Gobierno en términos de política económica, con un BCRA con un objetivo dual, en un contexto en el cual se espera una desaceleración de la actividad”, dijo.

 

La inconsistencia

 

En un contexto donde nadie espera un cumplimiento de la meta, surgen interrogantes sobre si es correcto sostener un objetivo que, a todas luces, no se cumplirá. Sin embargo, algunos especialistas señalan que metas más altas pueden estar asociadas a expectativas aún más altas. De esta manera, si bien la meta puede no ser cumplida, una reducción significativa podría ser vista como un éxito.

 

Para Caamaño, observando las restricciones que enfrenta la política monetaria, sería un buen resultado alcanzar el 20% que proyecta su consultora. “Mejor es algo más bajo, pero con las decisiones del frente fiscal, esta es la desinflación posible”, señala.

 

“La que baja la inflación es la política monetaria, pero la velocidad depende del equilibrio macroeconómico. La inercia y el ajuste de tarifas deben ser consistente con las cuestiones monetarias. Es necesario buscar un sendero consistente”, resume Caamaño.

 

Ritondale opina que la meta nuevamente vuelve a ser muy ambiciosa. “Habría sido más acertado poner metas más altas desde el principio”, opina y señala que “nunca fue creíble la velocidad de desinflación y no están dadas las condiciones para bajar la tasa desde ahora a mayo”.

 

El economista de Econviews concluyó que lo importante es, más allá del cumplimiento de la meta que las expectativas sigan creyendo en un proceso de desinflación. “La meta más laxa permite una tasa menos contractiva, aunque la tasa sigue siéndolo, pero no tanto como con las metas anteriores”, finalizó.

 

Hirsch concluyó: “La meta ya perdió la credibilidad luego del cambio. El remplazo de la meta no la hizo más creíble porque, al cambiarla, se redujo el compromiso. En vez de reforzar el esfuerzo para cumplirla haciendo un esfuerzo fiscal adicional, la decisión fue cambiar la meta”.

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