El déficit público sigue preocupando

La sostenibilidad fiscal no sólo depende de la voluntad de recortar gastos sino también de que siga existiendo la posibilidad de financiar los déficits gemelos y que la economía crezca

Por Francisco Eggers Profesor de Finanzas Públicas de la UNLP

 

El Ministerio de Hacienda anunció un déficit (base caja) del sector público nacional de casi $26.000 millones en enero. Es, por razones estacionales, mucho menos que el promedio mensual 2017, pero mucho más que el déficit de enero de 2017, por el aumento en los intereses de la deuda pública, que en parte se explicaría en que se registró en enero un pago devengado en diciembre. Pero sólo en parte: el pago de intereses continúa la tendencia creciente que mantiene desde hace dos años.

 

Los ingresos –excluyendo tanto en ingresos como en gastos el Fondo Federal Solidario– aumentaron 21% anual. Ya no ingresaron recursos por “blanqueo” (que en enero de 2017 fueron, según Hacienda, de $11.205 M, y según la AFIP, de $7.670 M). Compensando, las “Rentas de la Propiedad” cobradas por Anses más que duplicaron el promedio de 2017 y, sobre todo, los impuestos cobrados por importaciones (principalmente, IVA) aumentaron fuertemente.

 

En cuanto a los gastos, crecieron 32%, impulsados por los intereses, y contenidos por los gastos de capital (-33%), los subsidios económicos (+2%) y los programas sociales, excluida AUH (-16%). El Gobierno ha restringido los pagos todo lo que puede, pero esa estrategia tiene un límite. El déficit habría aumentado en enero, aun en el caso extremo de que los gastos de capital y en subsidios económicos hubieran sido nulos.

 

En conclusión, los números de enero confirman la preocupación respecto al déficit fiscal, luego del aumento que tuvo en 2016 y 2017. Los ingresos que más crecen están vinculados con el boom de importaciones, que sólo es posible por la disponibilidad del endeudamiento externo. Los gastos que se reducen son los que tienen más flexibilidad, que representan una porción cada vez menor del total. La sostenibilidad fiscal no sólo depende de la voluntad de recortar gastos (donde pueda hacerse) sino también de que siga existiendo la posibilidad de financiar los déficits gemelos y de que la economía crezca. No parece que esté garantizada.

Te puede interesar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *