CGT: alianzas cruzadas de los Kirchner a Macri

Gordos e independientes, más cerca del Gobierno, como lo estuvieron durante el último tramo del kirchnerismo

 

Por Néstor Leone

 

En más de una oportunidad, Hugo Moyano definió su relación con los Kirchner como “estratégica”. Antes de 2011, por cierto, cuando hubo ruptura, que muchos consideraron definitiva. Desde entonces y hasta el final de mandato de Cristina Kirchner, el dirigente camionero se convirtió en opositor a su gestión. Y tensó los realineamientos a tal punto que la CGT terminó partida en tres, lo que daba cuenta de la heterogeneidad laboral existente, pero también de su juego político diferenciado.

 

Cuando Moyano consideraba a los Kirchner “aliados estratégicos”, los Kirchner tomaban a los “gordos” y a los independientes, los sectores más tradicionales del sindicalismo, como actores bajo observación. No eran sus principales interlocutores y con algunos de ellos hubo más de una declaración cruzada, o alguna situación tensa, que no llegó a mayores dado el contexto de recuperación económica. El poder que el kirchnerismo le concedió a la discusión paritaria tripartita, la incidencia del Estado para inclinar la balanza en favor de los trabajadores en algunos conflictos y la dinámica que adquirieron ciertos movimientos de base, en tanto, eran otros elementos que completaban el cuadro de situación.

 

Tras la ruptura con Moyano, la ecuación se revirtió y también los alineamientos. No de un día para el otro, pero sí tendencialmente. Que la CGT más oficialista estuviese encabezada por un dirigente de la Unión Obrera Metalúrgica (Antonio Caló, en ese caso) representaba una postal de esos nuevos tiempos. También que más cerca del Gobierno estuviesen gremios como la Uocra, Comercio, UPCN o Alimentación, con dirigentes que hasta poco antes incomodaban a los Kirchner. Del otro lado, junto a Moyano, aparecían los sindicatos bancarios, del plástico, de dragado, químicos, más cercanos al tipo de expresión que el entonces gobierno pretendía de su lado. Y en posiciones más distantes, la CTA autónoma de Pablo Micheli y el sector de Luis Barrionuevo y de Gerónimo Momo Venegas.

 

El argumento del kirchnerismo, entonces, era que había perdido aliados, pero que conservaba de su lado los sindicatos con mayor cantidad de afiliados. En términos políticos, la fragmentación era un síntoma de menor “contención” política, pero la afirmación era estrictamente cierta en términos numéricos. Más de un millón de agremiados de los trabajadores mercantiles eran mucho más que los menos de 200.000 de Camioneros, además de tener de su lado a los principales sindicatos industriales.

 

Durante los primeros dos años del gobierno de Cambiemos hubo tensiones y medidas de fuerza, pero la relación se mantuvo dentro de carriles normales. En tanto, la CGT dividida en tres se unificó bajo la conducción de un triunvirato. Pero la situación parece cambiar a paso acelerado: causas judiciales, reforma laboral y pérdida de poder adquisitivo explican parte ese nuevo entramado. La unidad de la central parece puesta en duda, Moyano dejó de ser un personaje simpático para el Gobierno y los realineamientos están a la orden del día. Con una particularidad: los que estaban más cerca de Cristina en el tramo final de su mandato, lo están hoy de Macri, mientras que los sectores más duros durante el final de su gestión se enfrentan al Gobierno y, a juzgar por las palabras del propio Moyano, hasta tienden puentes con Cristina.

 

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