Argentina enfrenta el desafío de exportar más

Es clave diversificar productos, destinos y empresas para reducir el impacto de las perturbaciones externas que pueden tener más impacto que las locales

 

Por Pablo Mira

 

Uno de los desafíos que enfrentará el país en el futuro es incrementar sus exportaciones. En el caso argentino, hay muy buenas razones para ello. En primer término, nuestro país se ha debatido a lo largo de su historia en una puja interna interminable entre el crecimiento y la disponibilidad de divisas, que menguaría en caso de poder expandir nuestra capacidad exportadora. En segundo lugar, el logro del acceso a nuevos mercados suele venir acompañado de un proceso de aprendizaje y de desarrollos productivos novedosos que permiten la generación de nuevo valor agregado, estimulando el empleo y los salarios locales. Finalmente, como la búsqueda de nuevas oportunidades requiere de aporte conjunto del sector privado y público, estos emprendimientos podrían contribuir a una mayor coordinación entre ambas esferas, aprovechando las ventajas de la planificación y el financiamiento estatal, y al mismo tiempo el emprendedorismo y la eficiencia privada.

 

El desarrollo virtuoso de nuevas exportaciones engloba tres aspectos: hallar nichos de mercado para colocar (I) nuevos productos, (II) a nuevos destinos, y (III) por medio de nuevas empresas. Una ventaja de las exportaciones nacientes es que permiten la reducción de la incertidumbre macroeconómica. Al exportar productos diferentes a mercados diferentes, se reduce el impacto de las perturbaciones externas negativas, como la caída de los precios de las commodities o la menor demanda de nuestros socios.

 

¿Qué sabemos sobre la diversificación de nuestras exportaciones? El gráfico muestra una estadística muy interesante elaborada por la Subsecretaría de Programación Económica del Ministerio de Hacienda (en base a Aduana y AFIP), que registra la evolución de la diversificación de las ventas externas en función de la cantidad de productos, destinos y empresas, desde 1997 (a mayor porcentaje, mayor diversificación).

 

 

Tras un período de estancamiento pero con un nivel relativamente alto, desde 2003 el indicador de empresas creció y se mantuvo elevado hasta la crisis de 2008/9. La recuperación posterior fue efímera y desde 2011 hasta mediados de 2016 la diversificación sufrió una caída constante. La cantidad de destinos, en cambio comenzó a crecer unos años antes, en el 2000. En los últimos dos años se observa una recuperación, aunque los niveles de productos y de empresas se encuentran hoy incluso por debajo de los que se observaban durante la convertibilidad.

 

La serie muestra mayor correlación con el ciclo de la economía mundial que con las fluctuaciones locales. La crisis de 2001 no modificó el indicador, pero la “gran recesión” de 2008/2009 tuvo un impacto negativo muy potente. En cuanto a las variables internas, la diversificación parece exhibir por momentos alguna correlación con el tipo de cambio real. Entre 2002 y hasta la crisis global el tipo de cambio alto parece haber ayudado a diversificar, sobre todo en los primeros años. Con el comienzo del atraso cambiario (año 2011), el indicador empieza a derrumbarse hasta 2015. Si bien es aun temprano para sacar conclusiones, en los últimos meses parece haber mermado la recuperación iniciada a mediados de 2016.

 

Argentina necesita estimular las exportaciones, pero tiene el problema de que le cuesta mucho sostener un tipo de cambio real alto y estable. Esto llama la atención acerca de la importancia de desarrollar políticas sectoriales y productivas renovadas y de colaboración públicoprivada para tratar de escapar a los dilemas de stop-go que nos han perseguidos durante tantas décadas.

 

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