El acto de Moyano (sin continuidad)

El Gobierno deberá esforzarse para que el acto no tenga secuelas

 

Por Juan Radonjic

 

El acto convocado por Hugo Moyano terminó siendo una gran manifestación opositora. Grupos con enfrentamientos irreconciliables entre sí y con históricas diferencias con el líder camionero no quisieron dejar pasar la oportunidad de participar en la mayor demostración contra el Gobierno de Mauricio Macri que se haya realizado hasta ahora. La heterogeneidad fue un rasgo del acto porque a los gremios convocantes se fueron sumando distintos sectores.

 

El contexto era favorable para un acto masivo porque, más allá de la capacidad de movilización de algunos sindicatos, hay malhumor social, como siempre ocurrió en Argentina, cuando la inflación está alta y en ascenso.

 

Tras el acto del miércoles se pueden hacer dos lecturas: una política, por ahora poco preocupante para el Gobierno y otra de tipo social que, esa sí, es menos favorable.

 

La posibilidad de construir una alternativa política a partir del acto es remota dadas las diferencias que existen entre los que participaron. La unidad del peronismo, determinante de cualquier construcción opositora, es un proceso largo y complejo que, sin lugar a dudas, no podrán liderar los que estaban en el palco. A todos ellos, Cristina Kirchner los relegó en su momento y no pagó un costo electoral por ello. Y, para saber que hay sectores críticos al Gobierno, no hacía falta un acto.

 

Pero la lectura desde el punto de vista social es menos favorable porque no se hace un acto de esa magnitud sin cierto descontento. La política, sola, no puede convocar a tantas personas.

 

Estos meses son los más difíciles para el Gobierno porque la inflación sigue alta y en muchos sectores las negociaciones salariales son complejas

 

Estos meses son los más difíciles para el Gobierno porque la inflación sigue alta y en muchos sectores las negociaciones salariales son complejas porque, así como en su momento dejó de tener sentido hablar de metas de inflación alejadas de la realidad, tampoco es viable pensar en techos del 15% para los aumentos salariales.

 

La apuesta del Gobierno es que a partir del pico que tendrá en febrero, la tasa de inflación comience a bajar y que se vayan cerrando acuerdos salariales que mejoren la capacidad de consumo. Si ese escenario se concreta, mejorará la percepción social sobre la marcha del país y la construcción de una alternativa opositora competitiva, a partir del acto del miércoles 21, perderá fuerza. Si, por el contrario, los índices no mejoran, la oposición tendrá un incentivo para unirse porque se sentirá en condiciones de ganar en 2019 y entonces el acto que mostró descontento social podrá tener su continuidad en la política. El Gobierno deberá esforzarse en que ello no ocurra para que el acto de Moyano no pase de eso: una concurrencia masiva en un contexto económico determinado.

 

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