“Para 2018 proyectamos una inflación de 19,5% y un crecimiento de 3,3%”

El Economista dialogó con Miguel Zielonka, director asociado en Econviews, sobre crecimiento, inflación, dólar, deuda, Brasil y la sustentabilidad del modelo de Cambiemos

 

Entrevista a Miguel Zielonka Director Asociado de Econviews Por Alejandro Radonjic

 

Crecimiento, inflación, dólar, deuda, Brasil y la sustentabilidad del modelo de Cambiemos son algunos de los temas sobre los que habló El Economista con Miguel Zielonka, Director Asociado en Econviews, quien dice que “estamos en mejores condiciones de sustentabilidad, pero todavía falta mucho por hacer y no hay que probarse la piel del oso antes de cazarlo”.

 

Tras el cambio de metas inflación de fines de diciembre pasado, los economistas esperan para 2018 algo más de inflación que antes y, a su vez, algo más de crecimiento. ¿Coinciden y qué números manejan en EconViews?

 

Nuestra proyección de inflación nacional para 2018 es de 19,50% (19,40% es la mediana del REM) y pronosticamos un crecimiento del PIB de 3,3% (comparado con una mediana del REM de 3,2%). El cambio de metas tuvo un impacto más fuerte sobre las proyecciones de inflación que sobre las estimaciones de PIB. En concreto, las expectativas de inflación subieron 2 puntos porcentuales entre los dos últimos relevamientos. Sin embargo, entre ambas mediciones no solamente se anunció el relajamiento de las metas de inflación sino que también se publicó el IPC nacional de diciembre, que fue un punto porcentual mayor al esperado. Fue la mayor sorpresa mensual desde que se confecciona el REM y el IPC nacional se ubicó en 3,1% cuando se esperaba 2,1%. Es muy tentador atribuir la reciente suba de dos puntos en las expectativas de inflación exclusivamente al cambio en las metas. No obstante, nos parece exagerado. Las expectativas también reaccionan a las sorpresas inflacionarias y el salto de diciembre fue inesperado en cuanto a su magnitud.

 

¿Cuáles serán los drivers del crecimiento en 2018?

 

En nuestra visión, el componente de la demanda agregada que traccionará con más fuerza es la inversión, donde estimamos un crecimiento anual del 9%. Así y todo, el peso de la inversión (en precios corrientes) a PIB estará por debajo del 18% y deberíamos apuntar a un ratio del 20% en los años siguientes para poder crecer a tasas del 3%-4% anual de manera continua. No vislumbramos al consumo como vedette del crecimiento este año (+2,2% interanual). El salario real se mantendrá estable y las negociaciones salariales serán duras y se definirán con demoras. Las mayores expectativas de inflación, menores tasas de interés y un tipo de cambio nominal más alto llevarán al Gobierno a anclar precios a través de paritarias pero la discusión sobre la presencia (o no) de cláusulas gatillo será áspera. El consumo intensivo en crédito se mostrará más dinámico y por eso pronosticamos una mejor performance de los ítems de consumo durable y de ítems relacionados con la refacción, por dar algunos ejemplos.

 

“Estamos en mejores condiciones de sustentabilidad, pero todavía falta mucho por hacer y no hay que probarse la piel del oso antes de cazarlo”

 

El Gobierno se congratula por tener un modelo sustentable, esto es, capaz de generar crecimiento sin alimentar nuevos desequilibrios macro. ¿Comparten o todavía no se vislumbra ese modelo virtuoso?

 

Estamos en mejores condiciones de sustentabilidad, pero todavía falta mucho por hacer y no hay que probarse la piel del oso antes de cazarlo.  Entre las mejoras podemos identificar una posición de reservas internacionales con menor vulnerabilidad, la corrección de los precios relativos, el tipo de cambio flotante y el crecimiento basado más en inversión que en consumo “fogoneado”.  Sin embargo, todavía no estamos listos para el alta médica y pasamos de terapia intensiva a terapia intermedia.  Las terapias graduales no llevan a curas inmediatas y los resultados son graduales. El flanco de mayor atención en nuestra opinión es el déficit de cuenta corriente en la zona de 5%.  Transitoriamente podemos navegar en esas aguas, pero es necesario movernos a una zona más segura apenas sea posible. La consolidación fiscal, la remoción de distorsiones y la apertura de la economía son las palancas sobre las cuales el Gobierno tiene que seguir accionando para bajar el costo argentino.

 

El 2018 arrancó con algunas turbulencias financieras no menores y el país debe financiarse en los mercados aún, y no por pocas cantidades. ¿Avizora algunas complicaciones en ese frente y qué estrategia sería la más conveniente?

 

El programa financiero prevé la emisión de U$S 30.000 millones en nuevos bonos durante el año.  El Ministerio de Finanzas ha colocado ya unos U$S 13.000 millones, primero aprovechando la ventana de mercado global favorable a principios de año y luego testeando la profundidad del mercado doméstico cuando el apetito de riesgo se redujo en febrero.  Argentina no enfrenta un problema de solvencia para la emisión de deuda, pero sin dudas está corriendo un riesgo de liquidez derivado de la estrategia de gradualismo.  Para financiar el déficit es necesario contar con crédito internacional y local.  Como mitigante para reducir el riesgo de liquidez, el Gobierno debería continuar con la emisión oportunística de deuda (es decir, cuando se abren las ventanas de mercado favorable a la emisión como lo viene haciendo con mucha destreza) y redoblar los esfuerzos para acelerar la consolidación fiscal.  Este último punto implicaría “desgradualizar” un poco la implementación de políticas. Un punto a monitorear es el efecto de las emisiones de deuda soberana sobre los emisores subsoberanos y corporativos.  Si el mercado internacional se pone difícil, pero no imposible, cuando la Nación avance en el prefinanciamiento de su déficit “tapará” a las provincias y empresas y les complicará el acceso al mercado de crédito.  Del mismo modo, el mercado doméstico se pondrá más selectivo y algunos nombres e industrias verán su crédito desplazado por los bonos de la Nación.

 

¿Qué hipótesis manejan para Brasil en 2018? El mercado espera un crecimiento de 3%, pero en los últimos años el Gigante sudamericano amagó varias veces con recuperarse y finalmente no lo hizo…

 

Nuestro pronóstico es que en 2018 la economía brasileña se va a expandir aproximadamente un 3% en línea con el consenso de mercado. Los últimos intentos de recuperación se tornaron en “amagues” por un alto nivel de incertidumbre producto de la crisis política del Lava Jato. Desde mediados de 2017 están dadas las condiciones macroeconómicas para que la recuperación se concrete: inflación, desempleo y tasas de interés en baja, y ventas minoristas en alza. Lo diferente esta vez es que un reciente fallo de la justicia brasileña impide a Lula candidatearse a presidente en octubre. El mercado espera que ese hecho reduzca la polarización en la intención de voto y que aumenten las chances de los partidos de centro que pretenden seguir adelante con las reformas estructurales impulsadas por Temer (es crucial que Brasil avance con una reforma previsional). Así, se disiparán las dudas en el terreno político que han frenado el crecimiento económico. Si este escenario de recuperación se materializa, el impulso para Argentina vendrá por el lado de la industria, especialmente la automotriz. Tras haber estado estancada en 2017, la producción automotriz este año crecería cerca del 20% de la mano de una fuerte suba de 40% en las exportaciones gracias a la recuperación económica de Brasil y al mayor dinamismo que están teniendo las ventas a otros destinos.

 

Te puede interesar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *