Sturzenegger jugó al empate

Cambió el sesgo de su política, pero no convalidó a pleno las pretensiones de Jefatura de Gabinete

 

La tensión entre el BCRA y el Gobierno existe, y seguirá. Y es normal.  Suele pasar en todo el mundo y más aún si hay alta inflación y/o bajo crecimiento. Y, además, si el inflation targeting recién comienza a gatear. Todas esas condiciones se combinan hoy en Argentina. Y una más: un dólar bajo producto, según creen en Casa Rosada, de las propias tasas altas (y no por el rojo fiscal).

 

El BCRA quiere bajar la inflación y hace todo, a veces sin medir los efectos colaterales, para eso. El Gobierno también persigue ese objetivo (pocas dudas caben), pero está obligado a tener una visión más integral y holística. Cuando los costos de la estrategia de desinflación crecen y mucho (y la inflación, para colmo, no baja tanto), la tensión aparece y el mantra de la independencia se diluye y aparecen los encontronazos.

 

El que derivó en la conferencia del 28 de diciembre no fue el primero, aunque, sí, el más resonante. Ambos se midieron y trataron de acercar posiciones: el BCRA no quería bajar la tasa (ciertamente debió contorsionar un poco su línea argumental) y cedió y, del otro lado, el Gobierno, aunque quedó con sabor a poco, hoy tiene una tasa más baja. Jugó al empate.

 

Ayer, el BCRA cedió, en el margen, luego de haber “entregado” la meta pero, como se dice en el barrio, “no tirará la chancleta”. Cree en la política monetaria y están convencidos, como suele decir Federico Sturzenegger, que no hay nada más reactivante que la desinflación. Y, además, quieren mantener su reputación (actual y futura). Por eso, Reconquista 266 seguirá con su tesitura y bajará la tasa (ciertamente, estaba muy alta bajo cualquier métrica), pero a su modo y su ritmo.  Por ende, no se deberían proyectar podas contundentes en el corto plazo, aunque se verá una tendencia (gradual) hacia la baja.

 

Así lo dejó en claro en su comunicado. “El BCRA será cauteloso en la adecuación de la política monetaria al nuevo sendero de desinflación”, dijo, por un lado. “Naturalmente, si se busca una menor velocidad de desinflación que la planeada originalmente, corresponde un sendero de política monetaria menos contractivo que el que antes se preveía. Pero esa moderación en el sesgo contractivo sólo podrá sostenerse en el tiempo en la medida en que la evolución de la desinflación sea compatible con la trayectoria buscada”, agregó, por el otro.

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