En silencio, la inversión viene marchando

La variable, clave para el crecimiento de largo plazo, viene subiendo (y bastante)

 

Agotado el modelo de crecimiento basado en el consumo con anabólicos y el gasto público en constante expansión (aun cuando “la caja” ya no daba para más), el nuevo Gobierno, cuando asumió, se propuso, atinadamente, pasar a crecer a través de las exportaciones y la inversión. Y, hasta ahora, el éxito ha sido parcial.

 

Las exportaciones cerrarán 2017 apenas 1-2% arriba del nivel de 2016: algunas complicaciones con la cosecha, la eterna recesión de Brasil, los precios y, ciertamente, el atraso cambiario jugaron en contra. Aun así, en el Gobierno esperan que las exportaciones crezcan 8% en 2018 y se coloquen algo por arriba de los US$ 60.000 millones. Aún falta mucho para llegar a los US$ 100.000 millones que, cómodamente, debería colocar Argentina todos los años en los mercados mundiales.

 

La I avanza

 

El éxito parcial del viraje en el modelo de crecimiento responde, entonces, a la fuerte suba que ha venido registrando la inversión. En el tercer trimestre de 2017, la Formación Bruta en Capital Fijo se expandió nada menos que 13,9% (la suba más potente desde 2011) y 2,5% intertrimestral. Casi 4 veces más que la economía. Es decir, subió el famoso ratio inversión sobre PIB, algo clave. Allí, es cierto, está metida la construcción (cuyo impacto productivo puede ser cuestionable) y la obra pública, que “explotó” en 2017. Pero también es cierto que el rubro de maquinaria y equipo se expandió casi 20% (19,9%, en rigor).  Aun así, el ratio está muy lejos (aún) del 25-30% que debería tener el país para crecer largo y tendido.

 

Y, más allá de algunos cuestionamientos recientes (exacerbados, en parte, por el optimismo oficial de la “lluvia de inversiones”), la también famosa Inversión Extranjera Directa (IED) viene marchando sigilosamente. Hasta el tercer trimestre de 2017, acumuló US$ 8.000 millones y en el Gobierno confían en que el año pasado cerró en la zona de US$ 11.000 millones, cerca de 2% del PIB y más que el doble del registro de 2016. Además, si bien los niveles no son muy distintos a los de 2015, se trata de una IED más libre dado que las empresas no están obligadas a reinvertir de facto sus utilidades porque pueden, si quieren, girarlas hacia el exterior.

 

Esa cifras, además, no contabiliza las emisiones de deuda corporativa que hicieron las compañías en los mercados globales, algo posible por la salida del default de 2016. Fueron casi US$ 5.000 millones en 2017, y ya hay varias anotadas (entre ellas, la debutante AySA) para los próximos meses.

 

“De acuerdo a los últimos números, los anuncios de inversión al 30 de noviembre último alcanzaron los US$ 102.575 millones, distribuidos en 778 proyectos de 574 empresas”, anunciaron, a fines de 2017, desde la Agencia Argentina de Inversiones en un comunicado. Aunque en el oficialismo prefieran dejar de la los adjetivos a un lado, están satisfechos con la marcha de la IED y creen que es un proceso que ya comenzó. Todavía falta, sin embargo, un trecho de “catch-up” con América Latina.

 

La semana pasada el BCRA publicó el Balance Cambiario de 2017 y allí se armó un debate porque la IED, supuestamente, había bajado 6% interanual. Pero esa imagen que entrega el Balance Cambiario es incompleta y apenas una parte del universo más general, que es la Balanza de Pagos que publica el Indec. La diferencia es que el Balance Cambiario solo contabiliza la liquidación de divisas en el Mercado Unico y Libre de Cambios (MULC) para la IED, algo que no siempre ocurre.

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