“Si el mercado acompaña el gradualismo, veo difícil una vuelta del kirchnerismo”

El Economista dialogó con Daniel Kerner (Eurasia Group) sobre su nuevo libro de la era kirchnerista

 

Entrevista a Daniel Kerner Director de América Latina en el Eurasia Group Por Alejandro Radonjic

 

El politólogo Daniel Kerner es Director de América Latina del Eurasia Group, la poderosa consultora de riesgo político que lidera Ian Bremmer y, si bien su profesión lo obliga a mirar varias pantallas en simultáneo, su análisis sobre Argentina es particularmente rico. Y no sólo porque nació y vivió acá sino porque tiene una mirada profesional y desapasionada (“por encima de la grieta”, dice) que así lo permite. Con esa lente se propuso analizar la larga década kirchnerista, un esfuerzo que redundó en su libro “Del modelo al relato” (Biblós, 2017). Sobre esa criatura, y los tiempos que corren, habló con El Economista.

 

Durante el kirchnerismo y después se escribió en demasía, además de todo lo dicho en los medios y diversos espacios. ¿Qué vacío intenta llenar el libro?

El libro intenta situarse por encima de la grieta, tratando de entender al kirchnerismo de manera desapasionada explicando de manera rigurosa y analítica el por que se tomaron ciertas decisiones, especialmente en términos de política económica. Muchas de estas decisiones no solamente fueron controversiales sino que terminaron teniendo impactos muy negativos sobre la economía, y el futuro del kirchnerismo.  El conflicto con el campo y el cepo cambiario, por ejemplo. Si bien hay algunos estudios académicos muy buenos, y este libro intenta utilizar algunos de los conceptos de la ciencia política académica para acercarlos al público más general. Al mismo tiempo abarca el periodo completo, como un todo, identificando el principio, desarrollo y final.  El libro describe las distintas etapas, mostrando los cambios que hubo durante el proceso, pero al mismo tiempo establece ciertas continuidades. Principalmente, la fuerte concentración del proceso de decisiones en el/la presidente, el temor a pagar costos políticos, producto del origen del kirch
nerismo en la crisis del 2001/2 y, en parte resultante de esto, una fuerte desconfianza a fuerzas que no podían controlar. Finalmente, el libro identifica la debilidad de las instituciones y la facilidad de cambiar las reglas del juego, como un factor clave en explicar los problemas del periodo. Esto no se ha resuelto.

 

Luego de la transición 20032005, usted describe el periodo 2005-2007 como “la pax kirchnerista”, acaso la “edad de oro” de la larga década de los K. ¿Por qué no se pudo mantener ese momentum?

Principalmente por las malas decisiones tomadas por Néstor Kirchner, en quien estaba concentrado todo el poder. Después de la victoria electoral de octubre del 2005 los Kirchner dominaban la política argentina. La economía crecía, su popularidad era alta y no tenían verdadera oposición. Pero al mismo tiempo empezaban a aparecer problemas que debían ser resueltos para garantizar la sostenibilidad del “modelo”. Los más importantes son la inflación, que empieza a acelerarse hacia 2005, y los problemas en el sector energético. Esto último es clave porque es lo que finalmente destruye el “modelo” de superávits gemelos y, de alguna manera, lleva a la estanflación que termina con el kirchnerismo.  Con todo el poder, Kirchner echa a Roberto Lavagna, y creo pierde una oportunidad histórica para encaminar el proceso. Tendría que haber pagado algunos costos políticos, tal vez, pero, para usar un término muy en boga hoy, podría haber apostado al gradualismo, especialmente con una política monetaria más prudente y aumentando tarifas. Dado el muy buen contexto económico externo, esto seguramente hubiera sido muy manejable. Pero la fuerte concentración del poder, la permanente sensación de debilidad que obsesionaba a Kirchner y la decisión de imponer a Cristina como sucesora hicieron que estos ajustes nunca se materializaban. Con el paso del tiempo, hacerlo fue cada vez más costoso, y, además, a partir del 2007, cuando los problemas comienzan a agravarse, la decisión fue aumentar la intervención estatal, de la mano de Guillermo Moreno, más que arreglar los problemas de manera razonable. La concentración y el miedo, creo, explican porque Moreno es más importante que cualquier ministro de Economía en el periodo.  El buen contexto externo ayudo a que, a pesar de estos errores, no hubiera una crisis mayor.

 

Más allá del deterioro del modelo, el kirchnerismo se fue con un nivel de apoyo interesante, que aún mantiene por estos días.  ¿A qué lo atribuye?

A pesar de los vaivenes, y de que el desempeño económico y político del segundo mandato de Cristina fue muy mediocre, fueron doce años de relativa estabilidad política y económica, sobre todo comparado con lo que hubo antes. Fueron años de bajo desempleo y de fuertes mejoras sociales. El impacto de la expansión de jubilaciones y, especialmente la Asignación Universal por Hijo (AUH), fue importante. Pero, además, el kirchnerismo, tuvo, y mantiene, un alto nivel de apoyo entre sectores progresistas, y creo que esto tiene que ver principalmente con que se “apropió” de muchas de sus banderas, y construyó enemigos comunes. Eso estuvo desde el principio, pero se manifestó con mayor claridad a partir de la crisis del campo, que es un momento clave en la historia del kirchnerismo. Justamente uno de los argumentos del libro es que se produce un cambio ahí, cuando los Kirchner se posicionan más claramente como una Gobierno nacional y popular. Allí encuentra su lugar en la narrativa histórica argentina, el relato se vuelve guía, y los enemigos comunes solidifican la alianza con el progresismo. Pero en términos de la mayor parte del electorado, lo principal es la economía. Eso explica su auge, y su derrota.

 

Según su visión, ¿cuál es la principal diferencia entre el kirchnerismo y el macrismo?

El macrismo tiene una visión profundamente diferente del rol del Estado y su papel en términos de política económica. El kirchnerismo le tenía una profunda desconfianza al mercado mientras que el macrismo, sin ser un liberalismo extremo, cree que el sector privado debe ser el motor de la inversión y el crecimiento, y que el rol del Estado es crear las condiciones para que eso suceda. El macrismo piensa en una Argentina inserta en el orden internacional mientras el kirchnerismo veía, especialmente con Cristina, que ese orden desaparecía.  También es muy diferente el modelo de gestión. El macrismo se maneja en equipos, y busca que todos trabajen armónicamente en distintas responsabilidades mientras que en el kirchnerismo todo se concentraba en el/la presidente. Menciono esto último porque creo fue una de las cuestiones que más afectó, negativamente, la forma en que los Kirchner manejaron la política y la economía. Finalmente, cada vez más vemos que el macrismo se piensa que la vereda opuesta en términos de su lugar en la Historia Argentina, incluso con temas como los derechos humanos.

 

¿Puede volver el kirchnerismo en 2019 y qué debe pasar para que eso suceda?

Hoy se ve difícil, especialmente porque el kirchnerismo no generó realmente cuadros políticos que lo ayudaran a sobrevivir en el tiempo  y he aquí otra diferencia con el macrismo. Creo que la clave será la economía. Si el mercado acompaña al gradualismo macrista, y esto implica dos periodos presidenciales, veo difícil una vuelta del kirchnerismo. Lo que será interesante ver es que forma toma el peronismo a quien, si no, daría por terminado. Me da la impresión de que no hay mucho kirchnerismo ahí tampoco, pero habrá que pasa a medida que aparezcan nuevas figuras.

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