El FMI pide ajustes para las Evonomics

Los precios de las materias primas ya no son lo que eran y el modelo boliviano, hasta ahora exitoso, debe ajustarse el cinturón y reinventarse

 

Bolivia realizó impresionantes avances socioeconómicos en el periodo 2006–2014”, dice el FMI en su revisión del Artículo IV. En ese período, agrega el comunicado emitido ayer, el PIB creció alrededor del 5,1% anual y el porcentaje de la población que vive en la indigencia se redujo a la mitad, aunque sigue siendo muy alto (cerca de 38%). Pero las Evonomics, que prometen seguir hasta más allá del 2020 (Evo Morales irá por un cuarto mandato en 2019), precisan un service.

 

El motivo es que el contexto que permitió ese progreso ya no existe. “Estos logros notables ahora enfrentan retos relacionados con el impacto de la caída de los precios de las materias primas. Desde la disminución de los precios del gas natural y de los minerales en 2014, el Gobierno ha implementado políticas macroeconómicas anticíclicas y ha aplicado un ambicioso plan de desarrollo liderado por el Estado para respaldar el crecimiento y promover el desarrollo socioeconómico”, explican desde Washington. Aunque el crecimiento se mantuvo, dicen, esa estrategia ha contribuido a importantes déficits fiscal y de la cuenta corriente, así como a pérdidas de las reservas internacionales. En rigor, Bolivia creció 4,9% en 2015, 4,3% en 2016 y 4% en 2017. Nuevamente, nada mal. Mientras, las reservas, luego del pico de US$ 15.000 millones hace algunos años, hoy rondan los US$ 8.000 millones.

 

“Se prevé que la política fiscal acomodaticia, la fuerte expansión del crédito y el dinamismo del consumo privado continúen apuntalando la actividad y, por su parte, los déficits fiscal y de la cuenta corriente probablemente persistan a mediano plazo. Dados la debilidad de la inversión privada y el fin del auge de las materias primas, se prevé que el crecimiento se irá moderando a 3,7% en el mediano plazo. Los principales riesgos para este panorama son la ausencia de descubrimientos de nuevos campos de gas natural, un nuevo afianzamiento del dólar y niveles de precios del gas natural y de los minerales que resulten ser inferiores a las expectativas”, advierten desde el FMI.

 

Y pide reformas para sostener la estabilidad. “El ajuste de la orientación de la política macroeconómica y la reasignación del gasto social contribuirían a anclar la estabilidad, fortalecer la confianza y preservar los avances sociales. Ese ajuste debería estar respaldado por reformas estructurales encaminadas a estimular la inversión privada y ayudar a la economía a orientar hacia nuevas fuentes de crecimiento en sectores no extractivos. Esas reformas son importantes sea cual fueren las perspectivas de los precios de las materias primas. Dado que los colchones aún son amplios, Bolivia podría adoptar un enfoque gradual guiado por un claro marco de políticas a mediano plazo”, argumentan desde el organismo multilateral.

 

“La política fiscal debería ajustarse y armonizar con el marco macroeconómico anclado por el tipo de cambio nominal. Con las políticas vigentes, las perspectivas apuntan a déficits fiscales y externos persistentes y a continuas pérdidas de reservas internacionales. El personal técnico recomienda una reducción moderada del déficit no hidrocarburífero equivalente a aproximadamente un 1,2% del PIB por año para estabilizar la deuda pública y desacelerar la pérdida de reservas nternacionales, conservando al mismo tiempo un margen para perseguir los objetivos de desarrollo social. El ajuste de la política fiscal debería estar concentrado en el lado del gasto. Un recorte paulatino del coeficiente gasto salarial/PIB podría ir acompañado de la racionalización de la inversión pública —centrándola en prioridades de infraestructura, salud y educación— y medidas encaminadas a incrementar su eficiencia. También se podría plantear la adopción de un impuesto progresivo sobre la renta de las personas físicas para los altos ingresos y la reforma del sistema tributario aplicado a los sectores de los hidrocarburos y los minerales a fin de promover la inversión”, ahondan desde el FMI.

 

Además, pide “fortalecer la independencia del Banco Central de Bolivia” y advierte que “la mayor parte del gasto social de Bolivia es de carácter regresivo y debe ser revisado”, por ejemplo, los subsidios a los combustibles. Por último, pide estimular la oferta privada y reducir la presencia del Estado y sus empresas en la economía. No será un desafío fácil. ¿Estará a la altura Evo?

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