El BCRA reflejó la tensión política y bajó la tasa a 28%

Sin razones económicas sólidas, desde lo político dio una señal a Casa Rosada y redujo la tasa de referencia 0,75 puntos pero, para muchos, quedó a mitad de camino

 

Por Mariano Cúparo Ortiz

 

El BCRA fue nuevamente protagonista de un súper martes que generó ciertas pasiones. Si a alguien le interesa lo social y lo económico, ayer no estuvo ajeno a la noticia y a sus discusiones en redes sociales: el Consejo de Política Monetaria bajó la tasa de referencia en (¿sólo?) 0,75 puntos y la dejó en 28%. Desde lo económico las razones para bajarla parecían de las menos convincentes de los últimos dos años. Pero desde lo político se percibía una tensión difícil de soslayar.

 

Tensión política

 

En el primer párrafo del Comunicado de Política Monetaria publicado ayer por el BCRA ya se palpó esa tensión. Se destacó el uso del impersonal: “En la última semana de 2017 se anunció el diferimiento de la meta de inflación de largo plazo (5% anual) al año 2020, y nuevas metas intermedias de 15% para 2018 y 10% para 2019. Ese sendero es ahora el objetivo de la política monetaria del BCRA”. Se lee: el BCRA no anunció la nueva meta sino que ahora se sube al nuevo sendero desinflacionario.

 

El momento económico no parecía dar ninguna señal de que sea el indicado para una baja de tasas, con las expectativas inflacionarias del REM (para la interanual de diciembre del 2018) subiendo desde el 16,6%, en el que estaban en noviembre, al 17,4% en el que se posaron en diciembre, y en una semana en la que se publicará un IPC Nacional que no bajaría del 2,5%. Una baja de la tasa iría en la línea de alimentar la depreciación del tipo de cambio y así a la inflación, al consumo y la actividad.

 

En cambio, el momento político parecía gritar que desde Casa Rosada se exigía una baja de tasas mucho mayor (se deslizó en la previa que desde Jefatura de Gabinete se esperaba una de 3 o 4 puntos). Eso llevó al economista Martín Tetaz a sostener que el movimiento de tasa no se parecía tanto a “un guiño a la Casa Rosada”. Y explicó: “Me parece que Balcarce esperaba un poco más”. Por eso también desde Ecolatina publicaron un informe titulado “gradualismo
en la baja de interés” y desde ACM uno llamado “mucho ruido y pocas nueces”.

 

 

Ni fu ni fa

 

Ecolatina afirmó: “Que el recorte haya quedado a mitad de camino es indicativo de dos puntos. Uno, que la puja entre el Ejecutivo y el BCRA en torno al nivel de las tasas no parece totalmente saldada y, dos, que el BCRA no claudica en el uso de la tasa de interés como herramienta antiinflacionaria”. Y además se refirió a qué impactos cabe esperar tras la decisión: “El estreno del gradualismo del BCRA liberará algo de presión al alza a la que estuvo sometida el tipo de cambio las últimas semanas. Pero menos presión no implica ausencia de ella (la trayectoria no se modifica). Más allá de la decisión del Consejo de Política Monetaria, el gobierno logró una reducción considerable de la tasa de interés real y el tipo de cambio trepó un escalón, pero a costa de una mayor expectativa de inflación”.

 

Algo de ni fu ni fa se leyó en el grueso de las interpretaciones que hicieron los analistas. El BCRA no cumplió del todo los deseos del Ejecutivo y tampoco mantuvo la tasa contractiva que hubiera deseado. En ese sentido, el analista financiero Christian Buteler expresó que la Reconquista 266 “jugó a ser Corea del Centro: baja la tasa porque se lo piden pero no mucho para no quedar tan mal con el mercado. El resultado es que ha vuelto a dañar seriamente su credibilidad. Probablemente con esta medida se detenga la suba del dolar. Pero su reputación se verá dañada. A lo de hoy se le suma el cambio de objetivos de inflación que tuvo que dar en Casa de Gobierno”.

 

 

Razones oficiales

 

El Comunicado de Política Monetaria dio sus razones oficiales para la baja: la núcleo promedio móvil trimestral y las nuevas metas menos exigentes. En su expresión mostró que el uso del impersonal no es su estilo: “En los comunicados del 12 y 26 de diciembre, el BCRA enfatizó que la inflación núcleo había quebrado el nivel de persistencia observado entre mediados de 2016 y mediados de 2017”. Pero por primera vez dejó entrever que la inflación de diciembre será alta no sólo por los tarifazos más fuertes que lo esperado en la previa sino también por un traspaso a la núcleo: “Si bien se estima que el IPC de diciembre reflejará el fuerte aumento de precios regulados (en especial, gas y electricidad) y cierta incidencia directa de esos precios en la inflación núcleo, en la visión del BCRA el proceso de desinflación se ha encarrilado a lo largo del último semestre”.

 

Para el futuro, lo que trató de dejar instalado es que, si las expectativas y la inflación observada no se alinean con las nuevas metas, volverá a su actitud hawkish original. “Si se busca una menor velocidad de desinflación que la planeada originalmente, corresponde un sendero de política monetaria menos contractivo que el que antes se preveía.

 

Pero esa moderación en el sesgo contractivo sólo podrá sostenerse en el tiempo en la medida en que la evolución de la desinflación sea compatible con la trayectoria buscada”, cerró.

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