Volatilidad, vulnerabilidad y mecanismos precautorios

La política fiscal, monetaria y de ingresos deban ocuparse de generar los mecanismos de contención para una economía altamente expuesta a los vaivenes que trae aparejados la integración “al mundo”

 

Por Rodrigo Alvarez Socio y director de Analytica

 

Cambiemos tomó una serie de medidas tendientes a “normalizar” el escenario macroeconómico que generan un aumento en la volatilidad, tanto real como nominal. Por un lado, desregula algunos mercados clave y ajusta precios relativos retrasados. Por otro, lleva adelante un esquema decisorio descentralizado (o  descoordinado) y reformas estructurales con impacto en el frente  la fiscal, previsional y laboral. Simultáneamente, el proceso de consolidación gradual y el programa de metas de inflación, genera la necesidad de tomar grandes volúmenes de deuda externa no sólo para cerrar el programa financiero sino también la brecha externa. En Analytica creemos que el Gobierno debe preparar una batería de medidas contingentes o macroprudenciales de manera de reducir la volatilidad preventivamente. Creemos que este tipo de políticas reduce las primas de riesgo transformando muchos proyectos de inversión en “viables”, y favore el aumento de la tasa de inversión.

 

No estamos sugiriendo que se regalen seguros de cambio ni swaps de tasas de interés sino generar los mecanismos de contención que evitarían la propagación de un shock externo adverso como el que surgiría, por ejemplo, ante una reversión del flujo de capitales internacionales (por el endurecimiento de las condiciones monetarias en los países centrales). La reciente restricción sobre las tenencias de activos de corto plazo de las compañías de seguro apunta en esa dirección por reducir la dependencia del programa financiero en deuda externa en más de U$S 5.000 millones. Es un primer paso en la dirección correcta. Creemos que ese tipo de medidas ayudaría a bajar a Argentina del podio de los países con mayor vulnerabilidad.

 

Recientemente, S&P colocó a Argentina en el podio de los emergentes más vulnerables. Quizás esto es consecuencia de la combinación de déficit mellizos en un contexto de política monetaria “dura”. Sin embargo, mirando más allá, vemos que el mix de medidas macro y reformas estructurales no han hecho más que aumentar la volatilidad real 25% y la nominal, 10% [1].

 

¿De dónde surge todo este ruido? Veamos. Recomposición de precios relativos (tarifas de servicios públicos principalmente); desregulación del mercado de cambios y energético (combustibles minoristas principalmente); oscilaciones en la tasa de interés real, y cambio en la composición de la carga tributaria desde las firmas hacia las familias como consecuencia de la reforma impositiva.  Hacia adelante, la reforma laboral implicaría la reducción de los costos en el mercado de trabajo. Todas estas medidas, claro está, no pueden hacer más que aumentar la volatilidad corriente y esperada ya que implican fuertes transferencias de recursos entre los diferentes actores de la economía. El gradualismo fiscal y el endurecimiento de la política monetaria explican la vulnerabilidad (externa).

 

La restricción anunciada sobre la cartera de las compañías de seguro atempera la vulnerabilidad. Sin embargo, existen una serie de medidas que no se condicen con el nivel de fragilidad y volatilidad que muestra la economía: la “revisión” de la política de acumulación de reservas por parte del BCRA no ayuda a reducir la volatilidad del tipo de cambio nominal, y tampoco parece haber intenciones de reactivar el mercado de futuros luego del incidente ROFEX; la reforma laboral no hace mención de la política de otorgamiento de seguros de desempleo, y el Fondo del Conurbano no parece que vaya a formar un mecanismo anticíclico fiscal. La cartera del FGS que no se aplica a activos con alto devengamiento (por caso, acciones) tampoco constituye un fondo de contingencia a nivel  nacional.

 

Creemos que parte del Gabinete debería tomar nota del grado de exposición que tiene la macroeconomía. El Ministerio de Finanzas, más habituado a este tipo de menesteres, parece haber dado en la tecla con la norma que cambia la composición de la cartera de las compañías de seguro. No así el BCRA ni el Tesoro. En 2017 sólo una pequeña fracción de los ingresos del Anses (0,5% del PIB) surge de los activos con devengamiento del FGS. No es claro cuál es el destino de las acciones en cartera. Lo mismo ocurre con el Fondo del Conurbano. Quizás la política fiscal, monetaria y de ingresos deban ocuparse de generar los mecanismos de contención para una economía altamente expuesta a los vaivenes que trae aparejados la integración “al mundo”.

 

[1] Tomamos la variación del desvío estándar de la tasa de crecimiento del EMAE y el nivel del tipo de cambio nominal, respectivamente, comparando la gestión Cambiemos con el último mandato de CFK.

Te puede interesar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *