Semáforo amarillo para la deuda pública

Más allá del ratio deuda-PIB (la estadística más típica), indicadores alternativos muestran una situación menos holgada para la deuda del Estado

 

Por Juan Manuel Antonietta

 

La semana pasada se conoció de un informe del Ministerio de Finanzas aunciando que la deuda pública bruta total llegó a representar el 53,7% del PIB (o 56,2% si se considera lo que se abonaría por el cupón del PIB) en el final del primer semestre. La deuda pública performing es de U$S 290.957 millones y casi U$S 150.000 millones (51% de ese total) está en manos de agencias del sector público; U$S 116.425 están en manos privadas y U$S 27.427 millones son de organismos multilaterales.

 

Desde la llegada de Cambiemos al poder, si bien el stock de la deuda creció mucho (más de US$ 53.000 millones de aumento con respecto al 2015), el ratio deuda sobre PIB sólo lo hizo 0,2%, (en 2015 era de 53,5%). De estos dos números que, se ven a priori contradictorios, surgen los interrogantes. ¿Es sustentable la deuda y tenemos vía libre para endeudarnos tranquilos o nuevamente se repite una de las películas más conocidas de la Historia Argentina?

 

Las visiones

 

Consultado por El Economista, Ramiro Albrieu (CEDES y UBA) expresó sobre el indicador: “El ratio deuda sobre PIB es un buen indicador para chequear la sustentabilidad. Permite observar la relación entre ingresos y deuda, algo lógico para mirar la situación de cualquier deudor. Ahora, en el caso de un país, esto tiene sus dinámicas particulares”. Respecto de la estabilidad mostrada, el investigador aclaró: “Esto se debe a los resultados positivos logrados al reducir las tasas que estábamos pagando y al crecimiento del PIB. Sin embargo, el déficit fiscal sigue traccionando al alza el indicador”.

 

Guido Lorenzo (ACM) dijo en contraposición: “El indicador presenta muchas fallas. No evalúa problemas relevantes como, por ejemplo, el perfil de vencimiento de la deuda, su capacidad de refinanciación Ωconocida como roll-overΩ o su composición (si es privada o pública)”. Como alternativa, Lorenzo indicó: “Un mejor indicador es observar la relación deuda externa sobre exportaciones. Hoy el valor es de cuatro, es decir, necesitamos cuatro años de exportaciones para pagar la deuda”.

 

 

Sobre las perspectivas, Albrieu marcó ciertos factores de riesgo: “La relación deuda-PIB en el futuro seguramente no dé bien poque el déficit va a seguir estando y las tasas van a volver a subir si se empieza a materializar la normalización monetaria de Estados Unidos”. La situación comienza a ser preocupante si se observa cuanto se gasta en intereses de deuda con relación a los ingresos genuinos producidos por las exportaciones. “Hoy en día el ratio intereses sobre exportaciones da 20% para Argentina, cuando el resto de los emergentes tienen entre 5% y 10%. Este es un factor alarmante dada la evolución de las variables ya que las exportaciones siguen planchadas mientras que los intereses crecen a paso firme. Sin un revival de las exportaciones, la brecha va a seguir creciendo”, agrega Albrieu.

 

Otro indicador observado por los inversores, como el ratio reservas-deuda externa, tampoco resulta favorable para el país. Hoy, el stock de reservas ronda los U$S 55.000 millones y apenas para afrontar la mitad de la deuda externa con privados. En ese punto, el gran activo del Gobierno continúa siendo la positiva herencia recibida de baja deuda externa en relación al PIB, luego de la obstinada política de desendeudamiento kirchnerista.

 

Desde la llegada de Cambiemos al poder, si bien el stock de la deuda creció mucho (más de US$ 53.000 millones de aumento con respecto al 2015), el ratio deuda sobre PIB sólo lo hizo 0,2%,

 

Desde una óptica más positiva, Lorenzo manifestó: “El riesgo país se estancó, pero hay margen para que siga bajando. Esto va a disminuir el costo de la deuda argentina. Cuando salgamos a hacer nuevas emisiones vamos a poder bajar la presión sobre el flujo de intereses que tenemos que pagar. No veo un escenario tan catastrófico y lo importante es ver las dinámicas de evolución de la deuda”. Sin embargo, manifestó su preocupación por las necesidades de financiamiento para el 2018. “El Estado va a necesitar US$ 45.000 millones y buena parte de eso va a provenir de endeudamiento” dijo el economista de ACM.

 

Albrieu marcó que “todavía hay margen para seguir endeudándonos dado que la deuda es baja”. El investigador indicó: “El riesgo está en que, dado los malos indicadores del país, se empiece a vender activos a una tasa de alto riesgo. No es que no se van a poder renovar los vencimientos, pero sí que se podría entrar en un espiral en el cual los pagos de intereses empiezan a crecer endógenamente a una tasa muy acelerada. Por ahora no hay nada de esto, pero el Gobierno tiene que tener mucho cuidado de no entrar en una situación de estrés financiero”. Al respecto de los desafíos a futuro, expresó que todavía hay tiempo de realizar sintonía fina. “El objetivo es intentar diagramar un sendero que no lleve a un esquema de riesgos financieros. Hay que empezar a trabajar en otro camino más sustentable. El semáforo está en amarillo y todavía no en rojo, pero hay que empezar a observar y mejorar el perfil de endeudamiento”, concluyó.

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