Piñera, listo para capitalizar la crisis de la centroizquierda

Fue presidente entre 2010 y 2014 y se prepara para recuperar el Palacio de La Moneda: según la consultora Cadem, obtendrá 45% de los votos

 

Por Javier Cachés Politólogo 

 

El domingo se realizarán elecciones presidenciales en Chile. Sebastián Piñera, mandatario entre 2010 y 2014, se prepara para recuperar el Palacio de La Moneda. Según la consultora Cadem, obtendrá 45% de los votos. La cosecha no le permitirá evitar la segunda vuelta electoral Ωpara lo cual se precisa reunir la mitad más uno de los sufragiosΩ pero lo dejará en una posición inmejorable. Su inmediato perseguidor, el oficialista Alejandro Guillier, tiene una intención electoral del 23%.

 

En estos comicios, los chilenos harán algo mucho más trascendente que elegir a su próximo presidente: estarán enterrando el modo en que la política trasandina se organizó desde la transición democrática, hace casi treinta años. La descomposición de la Nueva Mayoría, heredera de la vieja Concertación, derivó en que el Partido Socialista (PS) y la Democracia Cristina (DC) se presenten por primera vez desde 1989 con candidatos separados.

 

Los socialistas postulan a Guillier, periodista y senador, sin mucha trayectoria en el partido. La DC encarará el desafío con Carolina Goic, que alcanzaría el 6% de los votos. Con la fractura del bloque de centroizquierda, el sistema de partidos se reconfigurará hacia un nuevo punto de equilibrio, no ya estructurado en torno a dos grandes coaliciones. Toda una novedad en un país poco partidario de los cambios.

 

¿Por qué se fragmentó Nueva Mayoría? En gran medida, por la pérdida de su cohesión ideológica. Mientras la DC preservó su identidad moderada, el PS fue corriendo su centro de gravedad hacia la izquierda. Las pistas de ese deslizamiento están en la segunda presidencia de Michelle Bachelet, cuyo mandato está por concluir.

 

En efecto, la mandataria saliente cuestionó algunas de las vacas sagradas de la democracia chilena, planteando iniciativas transformadoras como la reforma educativa (que avanza en la gratuidad de la educación superior) y una agenda progresista en materia de derechos civiles. Para la irritación de la DC, auspició además la incorporación del Partido Comunista a la coalición de gobierno. Solo el liderazgo de Ricardo Lagos hubiese podido contener la dispersión de fuerzas, pero su candidatura presidencial no se terminó de consumar.

 

El partido de Bachelet enfrenta un panorama complejo. No solo porque dinamitó los puentes que lo vinculaban con el centro del espectro ideológico, imprescindible para cualquier proyecto con ambición de poder en Chile. Sino también porque a su izquierda se multiplican las ofertas electorales. A la postulación del ex socialista Marco Enríquez Ominami, a quien los sondeos le atribuyen 5% de votos, se le suma el debut electoral del Frente Amplio. Este movimiento de izquierda, con fuerte arraigo en las agrupaciones de estudiantes, sostiene un discurso de regeneración democrática y un programa fuertemente estatista. Un Podemos a la chilena. Su candidata, Beatriz Sánchez, terminaría en tercer lugar, con el 14% de los votos.

 

Dado este inédito escenario de fragmentación, la coalición de derecha está ante la oportunidad histórica de ponerle fin a la hegemonía de la Nueva Mayoría e inaugurar una nueva fase en la democracia chilena. Con Piñera, dispone de un candidato popular, moderno e insospechado de cualquier conexión con el pinochetismo. Tiene, además, a los actores sociales necesarios para llevar adelante su proyecto. Y, más importante aún, cuenta con un programa político claro: desmontar las ligeras correcciones al modelo neoliberal que la antigua Concertación realizó en las últimas décadas. El domingo irá por los votos necesarios para emprender esta tarea.

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