Frente fiscal: en línea, pero aún preocupante

Todo el esfuerzo de ajuste realizado por el lado de los subsidios económicos sería compensado por el incremento de las prestaciones sociales y el aumento del gasto en intereses

 

Por Gabriel Caamaño Gómez Consultora Ledesma

 

En el tramo final de este 2017 y de frente a la ejecución presupuestaria del Sector Público Nacional no Financiero (SPNNF), el Ministerio de Hacienda puede estar conforme y preocupado al mismo tiempo.

 

Conforme porque se encamina a sobrecumplir la meta de déficit primario que se fijara a principios de año. No sólo en términos del PIB, lo cual estaba facilitado gracias a un mayor PIB nominal (dada la mayor inflación) sino, también, en términos absolutos.

 

En particular, dada una meta de déficit primario 2017 de $ 409.461 millones para el SPNNF (4%) fijada en la Ley de Presupuesto 2017 y revalidada en el proyecto de Presupuesto 2018 y habiendo corrido un rojo primario de $ 254.874 millones durante los primeros diez meses de 2017 (2,5% PIB), hay espacio de maniobra suficiente ($ 154.487 millones o 1,5% PIB) para el último bimestre de 2017 para dar por descontado un cumplimiento de la meta. Y hasta un sobrecumplimiento.

 

Claro que en esa cuenta no hay que subestimar dos elementos sin los cuales el cumplimiento, no sólo la holgura, habría sido muchos más complicado. Ingresos tributarios extraordinarios derivados del Régimen de Sinceramiento Fiscal (RSF), por $ 40.533 millones o 0,4% PIB) y, cambio metodológico mediante, reinclusión dentro de los ingresos primarios de las rentas de la propiedad obtenidas por el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) del Sistema Previsional Argentino (SIPA) extra SPNNF (más de 0,2% del PIB).

 

Para dar una idea más precisa. Si no se contabilizan esos dos elementos dentro de los ingresos tributarios de los primeros diezmeses de 2017, el resultado primario “ajustado” es deficitario en $ 312.874 millones (3,1% PIB) y, en consecuencia, el margen depara el último bimestre, siempre el más exigente de cara al gasto y el déficit, sería considerablemente menor ($ 96.587 millones o 0,9% PIB).

 

Preocupado porque con eso no basta. La mejora final en el frente fiscal, la que mostrará el resultado financiero, será insuficiente o poco significativa, ya que buena parte de los esfuerzos logrados por el lado de la reducción del gasto y el déficit primario serán compensado por el incremento de los intereses y su impacto en el resultado financiero.

 

En particular, durante los primeros diez meses de 2017 los intereses netos de la deuda pública sumaron $ 178.074 millones (1,7% PIB), superando en casi 75% a la erogación registrada por el mismo concepto durante el mismo período de 2016. El proyecto de Presupuesto 2018 estimó una erogación de 2,2 puntos del PIB por este concepto para todo 2017.

 

En consecuencia, aún con ingresos ordinarios que mantengan el ritmo de incremento de los primeros diez meses de 2017 durante los últimos dos (optimismo), cumpliendo con el nivel de gasto primario estimado en el proyecto de presupuesto 2018 para todo 2017 ($ 2.364.022 millones o 23% PIB, implica alza nominal de sólo 5% anual durante último bimestre) y, consecuentemente, sobrecumpliendo la meta de déficit primario 2017 por bastante ($ 375.288 millones o -3,6% PIB), no alcanzaría para mostrar una mejora significativa en el resultado financiero.

 

En particular, bajo los supuestos optimistas del párrafo anterior, el gasto total (primario + financiero) del SPNNF se ubicaría en torno a 25,2% del PIB en 2017. Frente a los 25,7% correspondientes a 2015 y el 26,1% de 2016. En tanto, que el déficit financiero de 2017 cerraría, bajo esos mismos supuestos, en 5,8% PIB (6,2% sin RSF) frente al 5,2% de 2015 y el 5,9% de 2016 (7,2% sin RSF).

 

Es decir, todo el esfuerzo de ajuste realizado principalmente por el lado de los subsidios económicos (tarifas energía y electricidad, sobre todo) durante los últimos dos años sería compensado por el incremento de las prestaciones sociales, primero, reduciendo el impacto de ese esfuerzo sobre el nivel de gasto y el resultado primario, y por el incremento del gasto en intereses, segundo, compensado la mayor parte del efecto sobre el gasto total y el resultado financiero. Y limitando, consecuentemente, el ritmo de avances en otras áreas clave: reforma tributaria.

 

Sintetizando

 

La meta fiscal 2017 se cumple sin sobresaltos gracias al último tramo de los ingresos extraordinarios asociados al RSF y el cambio metodología que volvió a incluir en los ingresos parte de las rentas obtenidas por el FGS (deuda no registrada) Sin embargo, también es cierto que esa meta se quedó corta en terminos de propiciar una mejora significatva del rojo financiero.

 

Al fin y al cabo, es como siempre repito. El gradualismo es la opción preferida para hacer el ajuste, porque permite lidiar con las restricciones sociales y políticas. Pero no es mágico, ni una panacea. El ajuste hay que hacerlo igual y a un ritmo gradual que sea consistente y permita un sendero sustentable de convergencia a un equilibrio macroeconómico más saludable. No hacer el ajuste, o hacerlo a un ritmo demasiado lento, es peligroso.

 

La buena noticia esperando a 2018 es que la correspondiente meta de déficit primario es, en principio, más osada pues busca reducir el déficit primario en un punto del PIB. Y casi en un punto y medio si se toma en cuenta que los ingresos extraordinarios que estuvieron presentes este año, no lo estarán en el próximo.

 

Eso también la hace más exigente.

 

Jugando en contra, tiene a los recursos cedidos recientemente por la Nación en el Pacto Fiscal con las provincias (detracción de 20% del artículo 104 de la Ley de Impuesto a las Ganancias, absorción déficit cajas provinciales, restitución gradual de fondo de 10% Ganancias para la provincia de Buenos Aires y coparticipación de revalúo impositivo).

 

A favor, asignación 100% impuesto al cheque para la Anses, acuerdo por una nueva fórmula de movilidad jubilatoria que promete ayudar a estabilizar el gasto en prestaciones sociales en términos del PIB y mucho espacio para seguir reduciendo subsidios económicos (sobre todo, en trasporte urbano de pasajeros).

 

Sin embargo, la reducción proyectada para 2018 del déficit financiero sigue siendo poco satisfactoria. El mismo cerraría en 5,5% PIB. Es decir, todavía estaríamos significativamente por encima de los niveles previos a 2016.

 

Cerrando, lamentablemente, es muy probable que 2018 repita el escenario fiscal de 2017. Y que aun satisfechos por cumplir con las metas fiscales fijadas oportunamente por el lado del resultado primario, sigamos preocupados por el nivel históricamente elevado del déficit financiero y su lento sendero de reducción.

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