Acuerdos que traen los ecos de las urnas

En menos de 24 horas, el Gobierno logró avanzar en la reforma laboral, el “consenso fiscal” y la reforma previsional

 

Por Néstor Leone

 

Hubo idas y vueltas. Algunas tensiones, varios cuarto intermedios. Declaraciones cruzadas, incluso. Y sobreactuaciones de distinto tipo. Hasta que llegaron los acuerdos. En los términos en los que esperaba el Gobierno, más allá de alguna modificación sobre la marcha. Y en menos de 24 horas. Primero, la reforma laboral, con el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, y el triunviro de la CGT como protagonistas. En la sede de la Sociedad Rural, como elemento simbólico adicional. Luego, el consenso fiscal, en Casa Rosada. Con casi la totalidad de los gobernadores presentes y la rubrica compartida con la primera línea del Gobierno, y la excepción de San Luis. A la espera que el Congreso convierta en ley esos proyectos y con los ecos de las urnas como elemento ordenador. O como aceptación convencida o a regañadientes, según los casos, del nuevo escenario político nacional.

 

Las elecciones legislativas de octubre y el triunfo de Cambiemos, por encima incluso de lo esperado, generó una nueva correlación de fuerzas, de la que el Gobierno hace usufructo. No porque haya cambiado sustancialmente la composición legislativa, por caso. Sí porque le permitió al oficialismo recoger una mayor legitimidad de ejercicio para insistir con su rumbo y, al mismo tiempo, dejó debilitado a buena parte del universo opositor y, en especial, a varios de sus interlocutores de estos días. Las reformas en curso, concebidas y propuestas como parte del programa original de Cambiemos, aunque aplicadas en este contexto más favorable, forman parte de este menú.

 

La necesidad de recursos tangibles de los mandatarios provinciales, buena parte de ellos con dificultades concretas (y crecientes) para cubrir sus cuentas más elementales, y el temor de quedar mal parados en un contexto que retroalimenta el envión de Cambiemos, acomodó los tantos. También, la ausencia de liderazgos alternativos y la fragmentación persistente de la oposición. Por cierto, también hubo convencidos y consustanciados respecto de la pertinencia del acuerdo fiscal alcanzado. Y no sólo entre los gobernadores oficialistas. Pero el peso de la necesidad hizo lo suyo. Más allá de las dudas que pueda generar el impacto de la reforma en cuestión en la sustentabilidad futura del sistema previsional. Y más allá, también, del compromiso que les impone a futuro para para ajustar gastos y despojarse de algunas fuentes de recursos.

 

Con la CGT sucedió algo parecido. Aunque la negociación haya tenido sus particularidades. El borrador original, luego de varios encuentros previos, generó suspicacias entre los dirigentes de la central unificada. Y algunos rechazos. Lo que todos compartían era cierta sorpresa por la mayor dureza de lo esperado en el contenido del proyecto. Entonces hubo pataleos, declaraciones altisonantes de algunos, más contemplativas de otros, y la predisposición mayoritaria de su Consejo Directivo a llegar a un acuerdo. Algunas modificaciones en el texto definitivo acercaron a las partes y la persistencia del Gobierno permitió el acuerdo. El cuestionamiento bastante extendido al prestigio social de los dirigentes gremiales en general, la representación menguada de las cúpulas sindicales y el olfato político que suele acompañarlos para adaptarse a los tiempos políticos hicieron lo suyo.

 

Gobernadores y sindicalistas, por cierto, formaron parte hasta aquí del esquema de gobernabilidad de Cambiemos, como auxiliares necesarios de un gobierno que nació con minoría parlamentaria,  pocos distritos propios y escasa presencia en la política territorial. Por cierto, más allá de los matices y las intensidades. En esta nueva etapa, el Ejecutivo parece más dispuesto a jugar fuerte con las fichas que resultan más acorde con su programa. Tiene márgenes más acordes. Quedará ver qué deciden (y cómo actúan) en ese trayecto aquellos interlocutores.

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