“La oposición no superó la etapa del diagnóstico”

El consultor Gustavo Córdoba, en diálogo con El Economista, analiza los cambios que trajeron las elecciones y las disputas en el universo peronista

 

Entrevista a Gustavo Córdoba Consultor político Por Néstor Leone

 

“Todo el tiempo que la oposición necesite para reconfigurar su andamiaje ideológico, conceptual, programático y hasta estético va a significar márgenes mayores de gobernabilidad para Cambiemos”, sostiene el consultor Gustavo Córdoba en una entrevista con El Economista. Pero advierte: “Si Cambiemos interpreta con soberbia este contexto tiene mucho para perder. El solo hecho de haber levantado las expectativas sociales puede traerle un problema concreto si no se corresponden con la realidad”. El director de Gustavo Córdoba & Asociados, especialista en comunicación política, analiza los cambios que trajeron las elecciones y las disputas en el universo peronista. “Sin ella no se puede construir, y con ella Cambiemos ya tiene garantizado al menos dos peronismos nacionales”, señala sobre la situación de la expresidenta Cristina Kirchner.

 

Cambiemos se consolidó como fuerza a nivel nacional. ¿Cómo quedó el peronismo, luego de las elecciones?

El peronismo es hoy un conglomerado de partidos provinciales. Hay una estructura nacional quebrada, que no tiene liderazgos reconocidos. Por lo menos, más allá de los regionales. Pero esos liderazgos que existen están desarticulados. No coordinaron el voto opositor, ni en agosto, ni en octubre. Y, prácticamente, se vieron sometidos por la hegemonía política de Cambiemos. La hegemonía es una palabra muy fuerte para los politólogos. No obstante, que una fuerza política haya sobrepasado el 40% a nivel nacional y que esa fuerza no sea peronista, ni tenga dominio territorial entre los gobernadores, nos habla de un fenómeno incipiente de hegemonía o, al menos, de dominancia políticoelectoral. Que traerá consecuencias.

 

¿Cuáles, por ejemplo?

Una reconfiguración del escenario político argentino. El principal problema de la oposición es cómo se reconvierte a la luz de esta representación que ha conseguido Cambiemos. La política, en general, se corrió tanto del eje de la representación que hoy las clases medias argentinas no tienen otra cosa que Cambiemos. Bajo esa mirada, era lógico que la elección se terminara polarizando en todo el país. Por caso, las izquierdas, que estaban llamadas a hacer una mejor elección, no lo lograron. Ese voto, en vez de ir a la izquierda, terminó en el kirchnerismo duro. Da la impresión que nos invadió un clima de época o de fin de ciclo, que también tiene que ver con los modos de la acción política. Cambiemos logró un efecto de movilización adicional entre las PASO y las generales que resulta sorprendente, frente a la inacción del resto de la corporación política. La oposición, de alguna manera, terminó agrandando la ola.

 

¿Fue un golpe al esquema tradicional de partidos?

Hay que observar dos fenómenos que están íntimamente ligados. Es la primera vez que el poder real argentino tiene un representante legítimamente elegido por el voto popular. En el mismo sentido, Cambiemos considera que tiene el derecho y la oportunidad de imponer su modelo de país. En ese sentido, el desafío es para el sistema de partidos tradicional. Pasó un vendaval y no veo ningún tipo de reacción. Esto que observo puede ejemplificarse con lo que sucede con las redes sociales. Ahí, Cambiemos se mostró con mucho dinamismo desde el principio: fueron los que innovaron en esta relación con los votantes. Y sacaron una ventaja enorme, que el resto de los partidos políticos no termina de entender. La mayoría quiere estar en las redes, pero sin saber por qué ni para qué. Todo el tiempo que la oposición necesite para reconfigurar su andamiaje ideológico, conceptual, programático y hasta estético va a significar márgenes mayores de gobernabilidad para Cambiemos. Estamos viviendo un momento particular en el que, los que nunca antes buscaron representación legítima, hoy la obtienen de manera masiva; y los que deberían estar buscando eso sólo defienden intereses corporativo cada vez más chiquito. Y siquiera tienen dirigentes que puedan ser activos políticos para pensar en un futuro, para construir un polo opositor.

 

En ese marco, ¿los gobernadores fueron los que más perdieron?

Hubo de todo. Perdieron algunos que tenían mala gestión, y otros que no. Algunos que se renovaron  perdieron, otros no. Algo pasó, y hay que analizarlo debidamente. La oposición todavía no superó la etapa del diagnóstico. Por otro lado, no existe hoy un solo peronismo. Hay varios. Por un lado, hay que analizar el rol de Cristina. En términos de volumen político-electoral sigue siendo la dirigente más vigente de los peronismos. Y es la que va a tener el rol principal de antagonizar con el Gobierno. Pero, a su vez, tapona cualquier renovación partidaria que pueda surgir. Sin ella no se puede construir, y con ella Cambiemos ya tiene garantizado al menos dos peronismos nacionales. Además, la mayoría de los líderes que quedaron de pie son líderes con una longevidad importante. No solamente llevan muchos años en el poder, sino que también tienen muchos años. Con lo cual, con ellos, es difícil pensar en un peronismo a veinte años.

 

¿Cómo piensa que quedará esa relación entre la Nación y los gobernadores?

Los gobernadores, con obligaciones de gestión, le van a garantizar a Macri, en un pacto de gobernabilidad, las medidas que le hacen falta para gobernar durante los próximos dos años. En ese sentido, las condiciones de negociación cambiaron objetivamente a favor de Macri. Y eso se va a ver en los hechos.

 

¿Cuáles serían los puntos críticos que tendría Cambiemos en los próximos años?

La victoria no da derechos, sino obligaciones. Si Cambiemos interpreta con soberbia este contexto tiene mucho para perder. El solo hecho de haber levantado las expectativas sociales le puede traer aparejado un voto adverso en el futuro. Néstor Kirchner, al principio de su mandato, tuvo un cheque en blanco parecido. La diferencia es que Kirchner bajaba ese nivel de expectativas diciendo que el país todavía estaba saliendo del infierno. En cambio, este Gobierno ya habla de crecimiento sostenido, que en el país real todavía no ve. Esa disonancia puede traerle, en el corto plazo, un problema concreto. Es cierto, contará con los márgenes que ofrece una oposición que no está en condiciones de aprovechar esas oportunidades.

 

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