Un paso adelante en la lucha contra la inflación

Los datos de agosto fueron muy favorables, tanto el nivel general como la medición núcleo, porque mostraron bajas frente a meses anteriores, siendo un claro avance en la lucha contra la inflación

 

Por Santiago Rossi Economista

 

El dato de inflación de agosto era esperado con mucha expectativa tanto por analistas como por funcionarios a cargo de la política económica. El mismo era una prueba de fuego para testear la capacidad del esquema de tipo de cambio flexible e inflation targeting de limitar el pasaje a precios de la devaluación: hay que recordar que en las semanas previas a las PASO el dólar trepó de $16,88 a $17,78, una suba de 5,3%. En ese marco, el dato de agosto fue muy favorable, tanto el nivel general como la medición núcleo (excluye los precios de bienes y servicios regulados o con comportamiento estacional), porque  mostraron bajas frente a meses anteriores, siendo un claro avance en la lucha contra la inflación.

 

Los números

 

Concretamente, el IPC Nacional de agosto marcó un alza de 1,4%, levemente por debajo del 1,7% de julio y en línea con las estimaciones de los analistas del Relevamiento de Expectativa de Mercado (REM) que elabora el BCRA. Más importante aún fue que la medición núcleo bajó con respecto a la de julio (1,8%) y marcó un alza de sólo 1,4%. Con este resultado, los precios acumulan una suba de 22,8% en los últimos doce meses y de 15,4% desde comienzos de año.  A pesar de la buena noticia, hay dos puntos a tener en cuenta para la dinámica de los próximos meses. Primero, que la inflación de alimentos sigue siendo alta: aumentaron 2,1% en el mes y 14,3% en ocho meses, dificultando la baja de la pobreza. Y segundo, que la inflación núcleo no logra perforar el 1,4-1,5% desde hace más de doce meses, restando credibilidad a la meta de 10% para 2018. De hecho, según las declaraciones de Federico Sturzenegger el objetivo es llegar a fin de año con una inflación mensual de 1%.

 

 

¿Por qué no baja (más)?

 

Hay tres factores que hacen difícil que la inflación mensual se acerque al 1% al que aspira el BCRA para fin de año. En primer lugar, la inercia inflacionaria: en una economía con más de diez años de inflación crónica por encima del 20% anual, muchos contratos (los alquileres, por ejemplo) siguen incorporando la inflación pasada a la hora de ajustar los precios. En segundo lugar, los aumentos de tarifas y de servicios regulados le pusieron un piso muy alto a la inflación de 2017 a la vez que tuvieron efectos de segundo orden sobre el resto de los precios: es esperable que si aumenta la tarifa de luz los comercios trasladen parte del aumento a los artículos que comercializan. Finalmente, la suba del dólar: sin margen para continuar atrasando el tipo de cambio, el BCRA sigue una política de inflación targeting pero también debe cuidar que el tipo de cambio no quede retrasado, impactando en los precios de bienes transables y en las expectativas.

 

Los próximos meses

 

A la luz de los resultados, y teniendo en cuenta los ajustes de tarifas de luz, gas y transporte todavía pendientes, el consenso del mercado espera que la inflación de 2017 finalice en 22% interanual, cinco puntos porcentuales por encima de la meta que se fijó el BCRA. En ese marco, y a pesar del endurecimiento de las últimas semanas, la autoridad monetaria tiene poco margen para bajar las tasas de interés por lo que es esperable que las presiones bajistas sobre el dólar continúen y el carry trade vuelva a ocupar las primeras planas de los diarios.

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